28 Julio 2009 Seguir en 
"La informalidad en atender una cita es un claro acto de deshonestidad. Igual puedes robar el dinero de una persona si robas su tiempo". Horace Mann, el célebre maestro estadounidense y defensor de la escuela pública, inmortalizó esta frase con la que se intenta definir los efectos de la impuntualidad en las relaciones interpersonales.
La puntualidad tiene un valor que va más allá de lo económico. "Hace al respeto y a la seriedad de la persona, a la confiabilidad que ella pueda destellar hacia los demás", señala Graciela Chamut, master en Dirección de Empresas. En definitiva constituye el valor de la palabra. Por el contrario, la impuntualidad en las reuniones de trabajo o en los compromisos de oficina suelen desnudar la falta de organización del tiempo. Se trata de un vicio casi cultural en la Argentina que, según Chamut, puede estar relacionado al hecho de ser demasiado optimista con la flexibilidad del tiempo de la parte afectada por la inconducta. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, se vió envuelta en los problemas de agenda que le han impedido estar a la hora señalada en el protocolo para cumbres importantes.
Según la experta consultada por LA GACETA la reiteración de esas acciones tornan más conflictiva la situación. "Hay personas que hoy son impuntuales porque se cansaron de la impuntualidad de los demás", expresa.
Según los especialistas, la palabra debe ser la garantía de nuestra presencia en una reunión de trabajo, en una entrevista de trabajo o en los encuentros sociales vinculados con la empresa. Las personas impuntuales, de acuerdo con diversos estudios científicos, suelen apelar a un sinnúmero de excusas. Lo malo para ellos es que las justificaciones se agotan en la medida que se sostiene este tipo de conductas.
Chamut explica que la puntualidad está íntimamente relacionada con el orden personal. Si bien admite que hay impuntuales por naturaleza, también aclara que hay otros casos de trabajadores que dejaron de cumplir a rajatabla sus compromisos pactados porque una cuestión económica (más de un trabajo) o familiar (el cuidado de los niños). En ambos casos es necesario comunicarle a la persona afectada los problemas.
Para dominar al agenda no sólo se necesita voluntad y servicio: también es ineludible trazar un plan de trabajo cotidiano.
La puntualidad tiene un valor que va más allá de lo económico. "Hace al respeto y a la seriedad de la persona, a la confiabilidad que ella pueda destellar hacia los demás", señala Graciela Chamut, master en Dirección de Empresas. En definitiva constituye el valor de la palabra. Por el contrario, la impuntualidad en las reuniones de trabajo o en los compromisos de oficina suelen desnudar la falta de organización del tiempo. Se trata de un vicio casi cultural en la Argentina que, según Chamut, puede estar relacionado al hecho de ser demasiado optimista con la flexibilidad del tiempo de la parte afectada por la inconducta. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, se vió envuelta en los problemas de agenda que le han impedido estar a la hora señalada en el protocolo para cumbres importantes.
Según la experta consultada por LA GACETA la reiteración de esas acciones tornan más conflictiva la situación. "Hay personas que hoy son impuntuales porque se cansaron de la impuntualidad de los demás", expresa.
Según los especialistas, la palabra debe ser la garantía de nuestra presencia en una reunión de trabajo, en una entrevista de trabajo o en los encuentros sociales vinculados con la empresa. Las personas impuntuales, de acuerdo con diversos estudios científicos, suelen apelar a un sinnúmero de excusas. Lo malo para ellos es que las justificaciones se agotan en la medida que se sostiene este tipo de conductas.
Chamut explica que la puntualidad está íntimamente relacionada con el orden personal. Si bien admite que hay impuntuales por naturaleza, también aclara que hay otros casos de trabajadores que dejaron de cumplir a rajatabla sus compromisos pactados porque una cuestión económica (más de un trabajo) o familiar (el cuidado de los niños). En ambos casos es necesario comunicarle a la persona afectada los problemas.
Para dominar al agenda no sólo se necesita voluntad y servicio: también es ineludible trazar un plan de trabajo cotidiano.







