13 Junio 2009 Seguir en 
El Gobierno supuestamente modificó la fecha de las elecciones pensando que en octubre la economía estaría más delicada. Es la primera vez que el kirchnerismo enfrenta comicios con la economía en recesión. El voto tradicional del segundo cordón es el más expuesto al desempleo y a la pobreza. Los países, en general, y la Argentina, en particular, deben manejar su economía en un contexto de fuerte contracción. La crisis internacional tendrá un elevado costo para el mundo, si bien es muy difícil llegar a una contabilización exacta.
Según Lawrence Summers (asesor económico de la Casa Blanca), en los últimos 18 meses la crisis generó una destrucción de riqueza equivalente a casi cuatro veces el PBI de Estados Unidos. Las medidas de estímulo hasta ahora implementadas no serían suficientes, pero van en la buena dirección.
Sólo en Estados Unidos, en el primer cuatrimestre del año se destruyeron 2,6 millones de puestos de trabajo, y la caída del PBI en los dos últimos trimestres rondaría el 6%. Las presiones inflacionarias se redujeron y existe todavía un peligro real de deflación.
Aunque la recesión parece estar llegando a un piso en junio y se espera que en los próximos meses comience la recuperación de los países desarrollados y el comercio, el panorama seguirá siendo complicado. En este contexto, la situación en Argentina, aunque no es crítica, muestra luces amarillas. Por un lado, la pérdida de relevancia de los depósitos en pesos es preocupante, y es impulsada por la estatización de las AFJP, la suba del tipo de cambio, la dolarización de los depósitos y la fuga de divisas.
Adicionalmente, hay un nivel de dolarización importante, y dado el contexto de caída de los términos de intercambio, la dificultad del Gobierno para conseguir los fondos necesarios para cancelar sus compromisos viene creciendo. Este año, los vencimientos ascienden a US$ 6.000 millones y $ 22.000 millones, un monto que no será fácil de conseguir ni de organismos internos ni externos. No extrañan los mayores controles sobre los movimientos de capitales. Es de esperar que el peso se siga devaluando en lo que resta del año para obtener mayores recursos fiscales.
La economía acumula desequilibrios menos evidentes, pero nocivos como son los impuestos distorsivos, el avance de la política de estatización, la discrecionalidad en el uso de los fondos previsionales, la posición autista del Indec, las insólitas trabas al comercio exterior y el desorden en la provisión de ciertos servicios públicos. Este escenario de deficiente gestión económica y política ha impulsado una fuga de capitales importante pese a esos controles, cuestionando en los hechos la promocionada repatriación de capitales y dificultando la tarea del Banco Central. En 2008, la fuga de capitales llegó a US$ 23.000 millones, equivalente al 35% de las exportaciones y al 7% del PBI. Esto genera desmonetarización de la economía. Estos indicadores no son los únicos que obligan a analizar con cuidado la situación actual. La recesión nacional e internacional ha impactado fuertemente en la recaudación, a lo que se suman los serios problemas fiscales de provincias como Buenos Aires y Córdoba. Ante esta situación, es preciso que el Gobierno comprenda su complejidad e instrumente un programa que contenga varias herramientas para los múltiples objetivos que deben perseguirse. Esperemos que el 28 de junio sirva, independientemente de los resultados electorales para no distraerse en la campaña y hacer el clic que toda la sociedad espera.
Según Lawrence Summers (asesor económico de la Casa Blanca), en los últimos 18 meses la crisis generó una destrucción de riqueza equivalente a casi cuatro veces el PBI de Estados Unidos. Las medidas de estímulo hasta ahora implementadas no serían suficientes, pero van en la buena dirección.
Sólo en Estados Unidos, en el primer cuatrimestre del año se destruyeron 2,6 millones de puestos de trabajo, y la caída del PBI en los dos últimos trimestres rondaría el 6%. Las presiones inflacionarias se redujeron y existe todavía un peligro real de deflación.
Aunque la recesión parece estar llegando a un piso en junio y se espera que en los próximos meses comience la recuperación de los países desarrollados y el comercio, el panorama seguirá siendo complicado. En este contexto, la situación en Argentina, aunque no es crítica, muestra luces amarillas. Por un lado, la pérdida de relevancia de los depósitos en pesos es preocupante, y es impulsada por la estatización de las AFJP, la suba del tipo de cambio, la dolarización de los depósitos y la fuga de divisas.
Adicionalmente, hay un nivel de dolarización importante, y dado el contexto de caída de los términos de intercambio, la dificultad del Gobierno para conseguir los fondos necesarios para cancelar sus compromisos viene creciendo. Este año, los vencimientos ascienden a US$ 6.000 millones y $ 22.000 millones, un monto que no será fácil de conseguir ni de organismos internos ni externos. No extrañan los mayores controles sobre los movimientos de capitales. Es de esperar que el peso se siga devaluando en lo que resta del año para obtener mayores recursos fiscales.
La economía acumula desequilibrios menos evidentes, pero nocivos como son los impuestos distorsivos, el avance de la política de estatización, la discrecionalidad en el uso de los fondos previsionales, la posición autista del Indec, las insólitas trabas al comercio exterior y el desorden en la provisión de ciertos servicios públicos. Este escenario de deficiente gestión económica y política ha impulsado una fuga de capitales importante pese a esos controles, cuestionando en los hechos la promocionada repatriación de capitales y dificultando la tarea del Banco Central. En 2008, la fuga de capitales llegó a US$ 23.000 millones, equivalente al 35% de las exportaciones y al 7% del PBI. Esto genera desmonetarización de la economía. Estos indicadores no son los únicos que obligan a analizar con cuidado la situación actual. La recesión nacional e internacional ha impactado fuertemente en la recaudación, a lo que se suman los serios problemas fiscales de provincias como Buenos Aires y Córdoba. Ante esta situación, es preciso que el Gobierno comprenda su complejidad e instrumente un programa que contenga varias herramientas para los múltiples objetivos que deben perseguirse. Esperemos que el 28 de junio sirva, independientemente de los resultados electorales para no distraerse en la campaña y hacer el clic que toda la sociedad espera.







