Estrés en la City

Las autoridades tienen pánico a enfrentar una corrida bancaria. Por eso extreman los controles hasta llegar a prácticas casi policíacas. Voracidad oficial. Por Miguel Angel Rouco, columnista de DYN.

14 Junio 2009

BUENOS AIRES.- El efecto ilusorio del precio de los commodities es el único sostén externo que mantiene al Gobierno atado al mundo. Los fondos especulativos, tantas veces criticados por los Kirchner y sus acólitos, hoy son el único factor que impide que la economía argentina se derrumbe estrepitosamente.
Si bien es cierto que los hedge funds están buscando coberturas por el riesgo inflacionario en EEUU y que las inversiones no son genuinas en el mercado de materias primas, la liquidación de divisas de los exportadores se ha incrementado como consecuencia del mejor precio de los commodities. Ese mayor flujo de divisas y una apuesta a todo o nada del Banco Central impiden que el dólar no tenga un precio mucho mayor. Sin embargo, el mayor temor de las autoridades no pasa tanto por el precio del dólar sino por la posición de liquidez de las entidades del sistema. "Si bien el sistema está líquido no sabemos que puede pasar si antes de las elecciones, la gente se asusta y pide retirar sus ahorros. ¿Hasta qué punto puede resistir el sistema una corrida? Nadie lo sabe, pero es una hipótesis que se está manejando en la City", comentó un banquero.
De allí que -salvando las distancias con la crisis en EEUU-, el BCRA encaró su propio "estrés test" sobre las entidades locales y como medida precautoria dispuso la suspensión de distribución de utilidades por parte de las entidades financieras. Si bien se atribuyó la decisión a demoras formales, el trasfondo de esta polémica medida estriba en las debilidades del sistema. Pero si el problema es la liquidez del sistema, al cual el Estado pone en aprietos todos los días, ¿por qué no se cambia la política monetaria?
Nadie parece recoger el guante. Las autoridades, porque tienen todo el sistema a su servicio y el sector público se lleva todo el crédito. Los bancos, porque reposan en una posición muy confortable, ya que tienen al Estado como el mejor cliente del sistema, un seguro pagador y eventualmente un prestamista de última instancia. "El Estado se lleva todo crédito disponible, nos coloca deuda porque tiene el resto de las ventanillas cerradas y si emite más de la cuenta nos coloca letras para esterilizar ese excedente. Si el Estado quiebra, nos arrastra, pero cuando se salve nos va a salvar a nosotros. Hoy el destino de los bancos está atado a la suerte del Estado. La Argentina adquiere cada día más un perfil estatista", comentaba otro banquero.
Las autoridades tienen pánico a enfrentar una corrida bancaria y de allí que extreman los controles hasta llegar a prácticas casi policíacas. De producirse una corrida, habría que preguntarse si no es una respuesta a los temores fundados de los ahorristas e inversores a padecer una mayor injerencia del Estado en la economía. La confiscación de los ahorros previsionales está a flor de piel, pero fue insuficiente para satisfacer la voracidad oficial. Como suele escucharse en la Casa Rosada: "vamos por más". Por eso la hipótesis que se maneja en la City es el escenario de una "corrida". La advertencia de la poderosa Asociación Empresaria Argentina  va en ese sentido al señalar que el avance estatal ahuyenta las inversiones.
La economía se va apagando. Las estimaciones más optimistas para este año dan cuenta de un PBI sin crecimiento. Languidece a la par del aislamiento externo, la falta de crédito y la falta de inversiones. En lo que va del año se han perdido más de 100.000 puestos de trabajo y la caída en todos los sectores se hace sentir en el consumo. La Argentina ha dejado de ser considerada como país emergente y pasa a ser calificada como un país substandard. Un nuevo logro del modelo...

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