Mientras en el plano internacional la crisis continúa en plena ebullición, en el plano interno las debilidades del esquema económico y los desbarajustes políticos terminan configurando un cuadro de significativa incertidumbre. Y esto es precisamente lo que más afecta a la toma de decisiones. Se pisa a oscuras. Si bien en este contexto toman decisiones todos los agentes económicos -empresas, familias, el Gobierno-, resulta que son las empresas, en general, las más afectadas, puesto que tienen que tomar decisiones de inversión lo que requieren un horizonte de planeamiento, lo que no existe en esas condiciones por la elevada incertidumbre. ¿Qué hacen las empresas ante este contexto, o qué es lo que deben hacer? Los cursos de acción dependen de la envergadura de las compañías, del mercado en el que operan, del grado de exposición a decisiones del Gobierno, del nivel de endeudamiento y de la moneda en la que esta pactada la deuda, del nivel y moneda en la que tiene sus créditos, de la exposición ante variaciones bruscas en las tasas de interés, etc. Cuanto mayor es la incertidumbre resulta más costoso decidir, porque crece el costo de equivocarse.
Las empresas, en general, para preservar su rentabilidad y tener mayor capacidad de adaptación al menor nivel de actividad económica, empiezan por revisar sus estructuras de costos fijos y congelan proyectos. De aquí la importancia de que el Gobierno reduzca la incertidumbre mediante señales claras, que despejen lo más posible el horizonte y contribuya a la formación de expectativas optimistas; de lo contrario, se agudiza la parálisis, porque no está claro qué hacer y cómo. La crisis es un dato. Pero, no hay recetas uniformes para que las compañías puedan sobrellevar sin sobresaltos, una etapa de alta dosis de incertidumbre y turbulencias. Por lo tanto, si el contexto no ayuda a la formación de expectativas optimistas por parte de las empresas, se desalienta la inversión, tiende a caer el salario, se incrementa el desempleo, caen las ventas, se deteriora la rentabilidad de las empresas, cae la recaudación tributaria, y así se termina retroalimentando un círculo vicioso que resulta complicado quebrar. Las empresas deciden en base a cómo entienden que será el futuro de su negocio. Por lo tanto, la única receta válida para mejorar el proceso decisorio pasa por contar con información que permita disminuir la incertidumbre y acotar los riesgos. Muchas veces las empresas reducen sus costos fijos, pero esta decisión puede afectar su rentabilidad, al ralentizar procesos productivos, o debilitar fuerza de ventas, o afectar aspectos logísticos, todos factores que pueden terminar perjudicando aún más a la rentabilidad.
Si bien hoy en día la dinámica de la crisis internacional es un factor fundamental para decidir, la pregunta clave en la realidad empresaria argentina es qué sucederá tras las elecciones en el país. Es decir, qué medidas podría adoptar el Gobierno ante un contexto internacional adverso. Incrementar el ritmo devaluatorio, restringir las importaciones, incrementar la presión fiscal, afectar las reservas internacionales para afrontar vencimientos de deuda, o un largo etcétera.
Para enfrentar tiempos miopes no hay recetas para que las empresas mantengan sus niveles de rentabilidad; sólo hay que buscar mejorar la información disponible. Es al Estado al que corresponde disminuir los costos en la toma de decisiones, lo que tendrá un impacto positivo en las empresas.
19 Abril 2009 Seguir en 












