BUENOS AIRES.- Tras la firma de un preacuerdo apenas para integrar un futuro swap con China por U$S 10.000 millones, la Argentina llegará a la reunión del G20 con el país asiático como proveedor formal de divisas, lo que le asegurará ser mirado con cierta prevención por los Estados Unidos y Europa.
La movida argentina, que puede implicar algún beneficio en lo financiero y una muestra de cierto pragmatismo, podría ser sospechada de realineamiento político, en momentos en que China puja para tener más cuota en el FMI y, por ende, mayor representatividad global, e imponer su moneda como una divisa de primer escalón, revaluada.
Tras haber convenido el acompañamiento de las posturas del vicepresidente de Estados Unidos o del premier británico respecto del reordenamiento de los organismos internacionales, la administración Kirchner muestra de modo zigzagueante que ha decidido cruzar fondos con los chinos, buscando un reaseguro, si acude a sus reservas con necesidades perentorias. Es toda una apuesta, ya que si bien no es un repudio directo al dólar, admite que la Argentina cree que el yuan podrá tener en un tiempo más bien corto cierto poder cancelatorio, que Europa acaba de decir con todas las letras en la propia Beijing que no es algo esperable.
La jugada china podría sacarla en breve lapso de los cánones de tener una moneda depreciada, que sirvió para surtir de productos baratos al mundo. Igualmente, no sería inocua para su economía y entraña un riesgo de inicio, ya que de hacerla a pleno cambiaría el paradigma de los últimos 30 años, en los que China tuvo un perfil bajo y conservador.
Pese a que habrá que leer la letra chica del acuerdo, la Argentina se prestó a jugar a favor de las necesidades chinas, quizás con la fantasía de que el nuevo FMI le va a otorgar dinero casi sin condicionalidades.
La decisión de avanzar en un convenio así puede analizarse desde varios ángulos. Desde lo comercial, en 2008 la Argentina tuvo una balanza deficitaria de U$S 700 millones y la movida para flexibilizar las importaciones chinas ya ha comenzado a poner nerviosos, en primera instancia, a industriales locales de varias ramas, en especial la textil.
En materia financiera, también la señal podría ser leída como de desesperación, habida cuenta la situación cambiaria local, ya que esos mismos dólares que ahora no se usen para cancelar las importaciones chinas, que se pagarán en yuanes, podrán ser destinados a calmar a quienes demandan billetes estadounidenses.
En el orden diplomático parece haber habido poca sintonía entre lo que bordó la Cancillería con las autoridades del G20 y del BCRA y habrá que ver cómo reacciona Brasil, que acaba de extener un swap similar contra dólares de los Estados Unidos.
31 Marzo 2009 Seguir en 







