Cristina sorprendió al adelantar los comicios. Aplaudieron los kirchneristas porque creen que, además de aguarle la fiesta a Mauricio Macri -al nacionalizarle la elección- y de desviar la atención pública, van a perder por menos votos que en octubre. Algunos opositores -los menos- sonrieron porque entienden que la convocatoria anticipada muestra un signo de debilidad que sabrá olfatear el pueblo. Sólo patalean aquellos a los que efectivamente la medida les cayó como un balde de agua fría. Son los que temen no poder armar nada hasta junio. “Kirchner lo hizo” se podría decir, porque es el cerebro; aquí Cristina es “la Cámpora”; el “ex” representa el poder. La consigna es clara: perder por lo menos posible a nivel nacional, y que casi no se note. “Atender la crisis” y “profundizar el debate” son son excusas para los Kirchner; lo que está en juego es su futuro. Con esta movida el patagónico trata de dividir; que haya gente a favor o en contra; es decir, por lo menos, mitad y mitad. En ese marco, empatar sería un éxito. Si pierden, se van, más temprano o más tarde. En Tucumán, el gobernador, José Alperovich, festejó a más no poder. “Ganaremos por más”, dijo un colaborador dilecto al salir del despacho del mandatario. Las encuestas los ayudan, y ahora tienen otra razón para celebrar. Alperovich armará las listas a piacere y la hará aprobar por el congreso del PJ, “por razones de fuerza mayor”, sin interna. El alperovichismo cree que los opositores no tendrán tiempo para formalizar alianzas o pactos que deriven en un polo opositor atractivo. En síntesis, Kirchner adelantó el tiempo de las definiciones políticas para su grupo de poder, apostando que puede sacar rédito a río revuelto. En tanto, Alperovich calcula, mira sus encuestas y sonríe sardónicamente.
14 Marzo 2009 Seguir en 








