No se puede ni se debe manipular los ciclos económicos
Como en la crisis de 1930 en las Bolsas se abre un interrogante: si se levantaron la moral y los valores para superar estas circunstancias. Por Enrique J. Martínez - Analista bursátil.
La Bolsa argentina pierde en el año menos que otros mercados del mundo y refleja la caída de los superávit fiscal y comercial. Hay menos producción y exportaciones, el desempleo crece y se observan malas expectativas por la desconfianza general. La venta de enero en los supermercados con alza del 20% referido a 2008 -según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec)-, sólo podría moderar el ánimo. Pero el dato oficial no movió las pizarras.
En el exterior, el tembladeral continúa. Los gobiernos centrales siguen aportando liquidez -para satisfacer a los keynesianos-, que también es acompañado de gasto público y prolongado. Por otro lado, la teoría de las expectativas racionales muestra que la gente no ignora las predicciones futuras de la economía y se anticipa a los efectos de la acción estatal, para no quedar peor y protegerse mejor.
El colapso global continúa debido al crecimiento de las deudas -fue mucho más rápido que los activos- en los Estados Unidos y en otros países centrales que aún no se puede neutralizar. La cuenta de Alan Greenspan, respecto de que la rentabilidad de las inversiones estadounidenses en el exterior supera a los intereses que se pagaban a los extranjeros por financiar sus déficits, es un dato que ya no cierra. Menos ahora con la resistencia global de los inversores a seguir haciéndolo, por los bajos rendimientos y el derrumbe en sus mercados.
Las Bolsas muestran que no todos pueden ser engañados y es grave manipular los ciclos económicos: como la versión local de estatizar el comercio exterior, que volvería a golpear al campo, en vez de complementarlo.
Como en la crisis de 1930 en las Bolsas, luego de un fuerte período de expansión del comercio global, el avance por la modernización, el progreso y la globalización que elevaron el nivel de vida en todo el mundo, se abre un gran interrogante: si se levantaron la moral y los valores para superar estas circunstancias.









