27 Mayo 2007 Seguir en 
La Argentina logró en los últimos cuatro años un inédito crecimiento del 40% en su economía, en parte porque se arrancó del fondo del pozo en que la sumergió la crisis del 2001/2002, pero también por un modelo económico que, aunque a veces a los tumbos, posibilitó recuperar el aparato productivo, mejorar la competitividad y crear empleo. Ese es el punto fuerte que puede exhibir el gobierno de Néstor Kirchner en estos cuatro años de administración, aunque el gran desafío pendiente es cómo corregir los desajustes de un país que aún sigue teniendo 1,7 millón de personas desempleadas y casi 10 millones de pobres.
La estrategia del dólar alto muestra algunos signos de fatiga, en especial por el enorme esfuerzo que viene haciendo el Banco Central para sostener la divisa en $ 3,10, pero también porque este tipo de cambio esmerila el poder adquisitivo de los salarios. El objetivo a afrontar por el nuevo gobierno será encontrar el camino para no caer en la misma artificialidad que sufrió, en la vereda opuesta, la convertibilidad, que luego de mostrarse útil para combatir la inflación, terminó volviendo inviable a la Argentina hacia fines de los 90.
Por el lado de los precios aparece entonces el principal desafío para la próxima administración, ya que los controles férreos que buscaron aplicarse empezaron a sucumbir ante datos objetivos de la economía real, como subas de costos y necesidades de recomposición de márgenes de utilidad que tiene el sector privado. El costo de vida real que se opone a los cuestionados datos del Indec es otra piedra en el zapato económico del país, que golpea en el lugar más sensible de la política: el bolsillo de la gente.
La razón de Kirchner
Kirchner machaca con la idea de que la economía argentina sufre tensiones lógicas del crecimiento, y parece asistirle algo de razón. Pero también es llamativo que un país que crece al 9% anual aún no "mueva el amperímetro" de los inversores externos, que lo mantienen en capilla como destinatario de sus capitales -¿será por los más de U$S 20.000 millones en bonos impagos?-, y siguen observando con más confianza a naciones como Chile y Brasil, como lo confirma el último informe de la Cepal sobre inversión extranjera.
En sus cuatro años de gobierno, Kirchner echó mano de medidas de alto impacto, como el pago total de la deuda al Fondo Monetario Internacional, y en paralelo siguió alentando el crecimiento de las reservas, que ya superan los U$S 40.000 millones. Pero si bien las reservas alcanzan en pesos los 124.000 millones, debe tenerse en cuenta también que un 40% de estas -unos $ 50.000 millones- constituyen títulos de deuda del BCRA, contraída a través de las letras y notas que emite para secar de pesos la plaza financiera y evitar que se dispare el costo de vida.
No son los únicos temas a tener en cuenta en la agenda que viene: como nunca este año el país sintió las tensiones de una economía con salarios muy atrasados respecto de la inflación y la evolución del dólar.
La bronca gremial llegó con fuerza desde la Patagonia, la cuna del presidente, con ruidosas protestas en Santa Cruz y Neuquén, donde además hubo que lamentar la muerte del maestro Carlos Fuentealba. Pero los reclamos salariales también se sienten en la Ciudad de Buenos Aires, encabezados ahora por trabajadores de subterráneos y gastronómicos, pero con una larga lista de gremios que aún no logran abrochar un ajuste de sueldos.
Algunos especialistas imaginan que la presión para recomponer salarios será uno de los signos distintivos de los próximos años, y un frente en el cual deberá batallar mucho el gobierno que llegue, para impulsar desde el Estado un justo equilibrio entre la renta empresaria y el ingreso de la fuerza laboral.
Ya desde el 2006 Kirchner viene pugnando para ponerle un techo a los ajustes de sueldos: lo logró el año pasado, cuando la mayoría de los gremios arreglaron por el 19%, pero el intento de aplicar la misma estrategia este año, con un tope del 16,5%, parece llamado a trastabillar.
Es que la mayoría de los gremios que maquillaron un acuerdo en ese nivel, en realidad arreglaron por debajo de la mesa otros ajustes adicionales, que elevan la suba de sueldos hasta el 25% en algunos casos, como ocurrió con camioneros, trabajadores del neumático y, en un escalón inferior, los metalúrgicos y curtidores. Y varios sindicatos, como el gastronómico de Luis Barrionuevo, no se bajan, escraches incluidos, de pedir el 30%, y algo similar ocurre con los telefónicos, que exigen un 25%.
Desde el punto de vista económico, hay pocas dudas de que, de continuar el kirchnerismo en el poder, como parecen indicar las encuestas, sea "pingüino o pingüina" el candidato, se continuará incentivando el consumo, incluso a través de una reforma impositiva que podría reducir gravámenes a artículos de primera necesidad.
Pero si en paralelo no se financia la inversión, el riesgo es que la demanda corra cada vez más rápido que la oferta y sume tensiones inflacionarias, porque las industrias trabajan casi al borde de su capacidad y para producir más necesitan créditos a largo plazo que permitan adquirir maquinarias y agrandar plantas.
El tema del financiamiento para sostener el modelo económico ocupará un lugar destacado en la agenda del gobierno que venga, y ya empezó a ser discutido al más alto nivel.







