25 Mayo 2007 Seguir en 
"Tenemos precios firmes para este año y para el año que viene, con sojas por arriba de los U$S 200 la tonelada para 2008; es un valor bueno para estimular la siembra", dijo Gustavo Grobocopatel, gerente general del grupo Los Grobo, el mayor productor individual del complejo sojero argentino.
Grobocopatel es presidente del Capítulo Argentino del International Food and Agribusiness Management and Administration (IAMA) un foro mundial de liderazgo en materia agroalimentaria que reúne a ejecutivos, académicos y funcionarios a nivel global. Precisamente, el empresario participó de la apertura de un seminario de IAMA -preparatorio del Congreso Mundial de Alimentos a realizarse en junio en Parma, Italia-, que se está llevando a cabo entre ayer y hoy en Tafí del Valle, organizado por la Fundación para el Desarrollo. En diálogo con LA GACETA, Grobocopatel admitió que este año hubo dificultades en la cosecha de soja por el exceso de agua. "Se está avanzando lentamente, pero creo que habrá un poco menos de producción de lo que se pensaba, porque las inundaciones en Santa Fe afectarán la producción total", dijo.
- ¿La tendencia apunta a que se expanda aún más el área con granos en la Argentina?
- Estimo que sí, que deberían expandirse la superficie y la productividad, y los rendimientos por hectárea. También debería hacerse más maíz y trigo, y menos soja, o rotar un poco más.
- ¿Las perspectivas mundiales son favorables para los granos? ¿Qué papel le cabe a Tucumán en este contexto?
- El contexto es favorable para las proteínas y la energía. Proteína es básicamente soja y proteína es maíz, porque el maíz se convierte en animal, en proteína animal, en pollo, en cerdo, en ganado. Además, esto está impulsado por la bioenergía, y Tucumán realmente me parece que será uno de los lugares que mejor aprovechará esta oportunidad, con la caña, con la soja; creo que serán productos muy importantes en el futuro, no en el corto plazo, pero sí en el mediano y largo plazo.
- Dicen que destinar cultivos para biocombustibles podría afectar la producción de alimentos. ¿Cuál es su postura al respecto?
- Tengo la hipótesis, compartida con mucha gente, de que puede llegar a ser al revés, que los biocombustibles sean complementarios de los alimentos, y que logren inclusive bajar los precio. En la soja, sólo el 20% es aceite para biocombustible; el 80% es proteína. O sea que si aumenta el precio de la soja y se incrementa la producción, lo que más aumentaría sería la producción de proteínas, no de biocombustibles. Entonces, si crece la producción de proteínas, el precio tendría que bajar. El maíz no es tan importante en esta relación, pero es parecido. Pienso que es apresurado decir que habrá una competencia entre alimentos y proteínas. Creo que habrá más producción, más riqueza, más generación de riqueza en los países pobres que dependen de los granos, y que será un ciclo positivo en general.
- ¿Qué opina de quienes dicen que la soja le resta espacios a la ganadería?
- En el mundo la carne se hace con soja y maíz; no se hace a pasto. O sea que si en el país se produjera más soja o maíz, sería a favor y no en contra de la carne. Lo que pasa acá es que la carne y la leche tienen problemas en sí mismos, no por la soja sino por ellos mismos y por todos los diseños comerciales que afectan la rentabilidad del producto. Es como que la soja es la que revela el problema, pero no es la causante de los males de este sector.
- ¿Se mantiene la rentabilidad de la soja, pese a las retenciones?
- Los precios internacionales son tan buenos que permiten que haya rentabilidad en el campo todavía. Pero cuando los precios bajen o suban los costos, que está sucediendo, se afectarán fundamentalmente las zonas más marginales, las economías regionales, los productores más chicos. Entonces, desde ese punto de vista, las retenciones son un impuesto que concentra la riqueza, por eso es distorsivo y con el tiempo habrá que ir cambiándolo por otro. Porque no es que haya que pagar menos impuestos, todo lo contrario. Pero probablemente haya que pagarlos con gravámenes fijos, como impuestos a la tierra o a la renta potencial de la tierra.
- ¿Qué piensa del planteo de que se deberían compensar los fletes del NOA, ante la lejanía de esta región de los centros económicos del país?
- Yo aconsejaría a los productores de granos del NOA que transformen los granos en carne o biocombustible acá mismo, que le den valor agregado acá. Si pidiera dinero para algo, no sería para que me subsidien el flete, sino para hacer las inversiones en industrias que necesitamos.
- ¿Cómo observa la marcha del Gobierno en lo político y en lo económico?
- En los últimos años, el Gobierno estuvo concentrado en resolver los enormes problemas que hay para el corto plazo. El tema de la inflación y del desempleo son graves, y me parece que estos problemas de corto plazo han sido más o menos controlados. La tarea pendiente es resolver situaciones de largo plazo, que es como crear riqueza, como invertir. Me parece que esos temas deberían ser centro de la agenda del próximo gobierno nacional.
Grobocopatel es presidente del Capítulo Argentino del International Food and Agribusiness Management and Administration (IAMA) un foro mundial de liderazgo en materia agroalimentaria que reúne a ejecutivos, académicos y funcionarios a nivel global. Precisamente, el empresario participó de la apertura de un seminario de IAMA -preparatorio del Congreso Mundial de Alimentos a realizarse en junio en Parma, Italia-, que se está llevando a cabo entre ayer y hoy en Tafí del Valle, organizado por la Fundación para el Desarrollo. En diálogo con LA GACETA, Grobocopatel admitió que este año hubo dificultades en la cosecha de soja por el exceso de agua. "Se está avanzando lentamente, pero creo que habrá un poco menos de producción de lo que se pensaba, porque las inundaciones en Santa Fe afectarán la producción total", dijo.
- ¿La tendencia apunta a que se expanda aún más el área con granos en la Argentina?
- Estimo que sí, que deberían expandirse la superficie y la productividad, y los rendimientos por hectárea. También debería hacerse más maíz y trigo, y menos soja, o rotar un poco más.
- ¿Las perspectivas mundiales son favorables para los granos? ¿Qué papel le cabe a Tucumán en este contexto?
- El contexto es favorable para las proteínas y la energía. Proteína es básicamente soja y proteína es maíz, porque el maíz se convierte en animal, en proteína animal, en pollo, en cerdo, en ganado. Además, esto está impulsado por la bioenergía, y Tucumán realmente me parece que será uno de los lugares que mejor aprovechará esta oportunidad, con la caña, con la soja; creo que serán productos muy importantes en el futuro, no en el corto plazo, pero sí en el mediano y largo plazo.
- Dicen que destinar cultivos para biocombustibles podría afectar la producción de alimentos. ¿Cuál es su postura al respecto?
- Tengo la hipótesis, compartida con mucha gente, de que puede llegar a ser al revés, que los biocombustibles sean complementarios de los alimentos, y que logren inclusive bajar los precio. En la soja, sólo el 20% es aceite para biocombustible; el 80% es proteína. O sea que si aumenta el precio de la soja y se incrementa la producción, lo que más aumentaría sería la producción de proteínas, no de biocombustibles. Entonces, si crece la producción de proteínas, el precio tendría que bajar. El maíz no es tan importante en esta relación, pero es parecido. Pienso que es apresurado decir que habrá una competencia entre alimentos y proteínas. Creo que habrá más producción, más riqueza, más generación de riqueza en los países pobres que dependen de los granos, y que será un ciclo positivo en general.
- ¿Qué opina de quienes dicen que la soja le resta espacios a la ganadería?
- En el mundo la carne se hace con soja y maíz; no se hace a pasto. O sea que si en el país se produjera más soja o maíz, sería a favor y no en contra de la carne. Lo que pasa acá es que la carne y la leche tienen problemas en sí mismos, no por la soja sino por ellos mismos y por todos los diseños comerciales que afectan la rentabilidad del producto. Es como que la soja es la que revela el problema, pero no es la causante de los males de este sector.
- ¿Se mantiene la rentabilidad de la soja, pese a las retenciones?
- Los precios internacionales son tan buenos que permiten que haya rentabilidad en el campo todavía. Pero cuando los precios bajen o suban los costos, que está sucediendo, se afectarán fundamentalmente las zonas más marginales, las economías regionales, los productores más chicos. Entonces, desde ese punto de vista, las retenciones son un impuesto que concentra la riqueza, por eso es distorsivo y con el tiempo habrá que ir cambiándolo por otro. Porque no es que haya que pagar menos impuestos, todo lo contrario. Pero probablemente haya que pagarlos con gravámenes fijos, como impuestos a la tierra o a la renta potencial de la tierra.
- ¿Qué piensa del planteo de que se deberían compensar los fletes del NOA, ante la lejanía de esta región de los centros económicos del país?
- Yo aconsejaría a los productores de granos del NOA que transformen los granos en carne o biocombustible acá mismo, que le den valor agregado acá. Si pidiera dinero para algo, no sería para que me subsidien el flete, sino para hacer las inversiones en industrias que necesitamos.
- ¿Cómo observa la marcha del Gobierno en lo político y en lo económico?
- En los últimos años, el Gobierno estuvo concentrado en resolver los enormes problemas que hay para el corto plazo. El tema de la inflación y del desempleo son graves, y me parece que estos problemas de corto plazo han sido más o menos controlados. La tarea pendiente es resolver situaciones de largo plazo, que es como crear riqueza, como invertir. Me parece que esos temas deberían ser centro de la agenda del próximo gobierno nacional.
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