20 Mayo 2007 Seguir en 
La falta de financiamiento de largo plazo conspira contra el crecimiento de uno de los motores de la economía argentina: el sector industrial. "Nadie puede crecer con créditos a 30 días", sentenció José Ignacio de Mendiguren, vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA). Se trata de una asignatura pendiente en el país que la nueva comisión directiva industrial, encabezada por Juan Carlos Lascurain, planteará al presidente Néstor Kirchner el jueves, en la Casa Rosada. En una charla telefónica con LA GACETA, De Mendiguren dijo que, entre otras situaciones, esa falta de financiamiento a la industria nacional motorizó la internacionalización de fábricas que, durante mucho tiempo, tuvieron un sello netamente argentino.
-El pedido que formula la UIA, por préstamos de largo plazo, no es un nuevo...
-Es una asignatura pendiente resolver la moneda a largo plazo, a 10 o a 15 años, porque nadie puede crecer con créditos a 30 días. Si uno se pone a observar otros casos, el sistema financiero en la Argentina presta el 10% del PBI cuando en Chile alcanza al 75%, en México al 45% y en España al 108%. Esto equivale a decir que no existe el crédito en el país. En la Argentina, el 85% de los préstamos es para el consumo (personales o por tarjetas de crédito) y sólo el 15% se destina a la producción. Por eso renovamos nuestro planteo para que aparezcan los instrumentos financieros que, a su vez, permitan ampliar la capacidad instalada de un sector que creció un 73% desde la crisis.
-En los últimos años se evidenció una expansión de capitales externos en el país. Por caso, el grupo brasileño Camargo Correa adquirió Loma Negra y ahora va por Alpargatas. ¿Cómo observa la UIA este proceso?
-Es un tema que preocupa al sector industrial argentino, porque se trata de adquisiciones que se efectúan sobre sectores estratégicos. Lo que quiero decir es que esas compras no solamente responden a una visión individual de la empresa internacional, sino a algo estratégico como es el caso de Brasil, cuyo gobierno impulsa la internacionalización de sus empresas. ¿Dónde hacen la diferencia? Vienen a la Argentina a invertir en sectores como la energía, la construcción o la actividad cárnica, que es de muy buena calidad. Y todo esto goza del financiamiento, privado y estatal, para que las operaciones se concreten. En definitiva, las compras de empresas que efectuaron los brasileños vienen acompañadas o respaldadas con financiamiento, estatal o privado.
-¿Ese tipo de financiamiento está vedado para los industriales argentinos?
-Claro. Los industriales argentinos venimos de soportar 30 años de políticas no ambiciosas con la producción, de antidesarrollo industrial. A partir de 2002, cuando cambió la política económica, todo el sector empresario argentino se puso en marcha y respondió muy satisfactoriamente, creciendo a más del 73% desde el piso de la crisis. Pero indudablemente todavía le es imposible tener capital para que, además de autofinanciarse, se acreciente el poder de compra de empresas.
-¿Cree que esa tendencia de perder empresas e industrias argentina, a manos de capitales extranjeros, continuará?
-Creo que no. En la medida de que este empresariado nacional siga creciendo, en poco tiempo estará en condiciones de poder comprar esas empresas que hoy se venden a capitales extranjeros. Estamos seguros que se irá resolviendo el problema muy serio de acceder al financiamiento local. Fíjese, por ejemplo, lo que sucede con la internacionalización de las empresas chilenas, financiadas por fondos de pensiones. En la Argentina, esos fondos -con más de una década de vigencia-, que hoy acumulan depósitos equivalentes al 13% del PBI, no han podido o no han logrado financiar un proyecto productivo, el objetivo para lo cual fueron creados. En todas partes del mundo, esos fondos (de AFJP) son de largo plazo y se usan para financiar el desarrollo. En el país, en cambio, lo hacen sólo en plazos fijos o en la compra de títulos públicos. Digo que es clave el financiamiento, sobre todo cuando vemos casos como Repsol que compró YPF y no lo hizo porque era más capaz que una industria argentina, sino porque pudo financiarse con créditos en euros y al 3%, mientras que en el país cualquier empresa nacional, por más fuerte que sea, no conseguía financiamiento a menos del 13%. La diferencia no la hace la capacidad de la empresa, sino su poder de financiarse.
-¿La cuestión energética sigue siendo una preocupación para la industria?
-Es muy importante para sostener el desarrollo. Es otra de las necesidades que tenemos, pero el Gobierno ha anunciado un plan muy amplio en materia energética, que incluye gasoductos y centrales eléctricas que esperamos que, hacia 2009, empiecen a resolver la cuestión energética y dejar de pensar en crisis.
-¿No prevén cuellos de botella para el corto plazo?
-Eso no lo podemos predecir. Por eso digo que el Gobierno nos transmitió que este año y en 2008, hasta que maduren las inversiones, pueden haber algunos problemas puntuales que, resueltos en ese período, esperaremos que las soluciones definitivas lleguen tal como lo proyectan.
-¿Las derivaciones judiciales del caso Skanska pueden incidir en el desarrollo de las obras?
-La Justicia está actuando de forma rápida y espero que encuentre la luz al caso para que estos problemas no demoren la construcción de todos los proyectos energéticos, que son indispensables que se concreten en el tiempo. Insisto: la Justicia ha dado pruebas de actuar con mucha rapidez y esperamos que no se obstaculice el procedimiento de los planes energéticos que ya están en marcha.
-¿La expansión del mercado externo para la industria pasa por China?
-Hay que observar los procesos históricos. En el siglo XIX, el crecimiento del mundo fue motorizado por Inglaterra. En el siglo XX, ese proceso pasó por Estados Unidos, o lo que llamamos como el efecto del Atlántico. Para este siglo, el desarrollo será impulsado por el eje Asia-Pacífico. Entre China e India está el 40% de la población mundial. Y son dos países que crecen a tasas del 10% anual y para ellos (más para China, cuya superficie cultivable es del 10%) es indispensable lo que produce la Argentina. Entonces, el tema alimenticio pasa a ser estratégico. Lo que resta definir es una negociación que, en términos comerciales, no destruya el aparato productivo argentino de bienes terminados. En esa relación comercial con China, la Argentina es fuerte; China no nos compra por razones humanitarias, sino porque necesita de la producción del país para su consumo interno. De allí que es necesario que el país sea firme en las negociaciones en defensa de su industria.
-¿El jueves, la UIA transmitirá su respaldo al presidente de la Nación?
-La Unión Industrial respalda la decisión política del Gobierno de impulsar la reindustrialización de la Argentina a través de medidas concretas como el sostenimiento del tipo de cambio competitivo, la consolidación de la solidez macroeconómica y la defensa del interés nacional en las negociaciones internacionales. Estas medidas contribuyen a sostener el crecimiento económico. Esto es lo que le transmitiremos al Presidente.
-El pedido que formula la UIA, por préstamos de largo plazo, no es un nuevo...
-Es una asignatura pendiente resolver la moneda a largo plazo, a 10 o a 15 años, porque nadie puede crecer con créditos a 30 días. Si uno se pone a observar otros casos, el sistema financiero en la Argentina presta el 10% del PBI cuando en Chile alcanza al 75%, en México al 45% y en España al 108%. Esto equivale a decir que no existe el crédito en el país. En la Argentina, el 85% de los préstamos es para el consumo (personales o por tarjetas de crédito) y sólo el 15% se destina a la producción. Por eso renovamos nuestro planteo para que aparezcan los instrumentos financieros que, a su vez, permitan ampliar la capacidad instalada de un sector que creció un 73% desde la crisis.
-En los últimos años se evidenció una expansión de capitales externos en el país. Por caso, el grupo brasileño Camargo Correa adquirió Loma Negra y ahora va por Alpargatas. ¿Cómo observa la UIA este proceso?
-Es un tema que preocupa al sector industrial argentino, porque se trata de adquisiciones que se efectúan sobre sectores estratégicos. Lo que quiero decir es que esas compras no solamente responden a una visión individual de la empresa internacional, sino a algo estratégico como es el caso de Brasil, cuyo gobierno impulsa la internacionalización de sus empresas. ¿Dónde hacen la diferencia? Vienen a la Argentina a invertir en sectores como la energía, la construcción o la actividad cárnica, que es de muy buena calidad. Y todo esto goza del financiamiento, privado y estatal, para que las operaciones se concreten. En definitiva, las compras de empresas que efectuaron los brasileños vienen acompañadas o respaldadas con financiamiento, estatal o privado.
-¿Ese tipo de financiamiento está vedado para los industriales argentinos?
-Claro. Los industriales argentinos venimos de soportar 30 años de políticas no ambiciosas con la producción, de antidesarrollo industrial. A partir de 2002, cuando cambió la política económica, todo el sector empresario argentino se puso en marcha y respondió muy satisfactoriamente, creciendo a más del 73% desde el piso de la crisis. Pero indudablemente todavía le es imposible tener capital para que, además de autofinanciarse, se acreciente el poder de compra de empresas.
-¿Cree que esa tendencia de perder empresas e industrias argentina, a manos de capitales extranjeros, continuará?
-Creo que no. En la medida de que este empresariado nacional siga creciendo, en poco tiempo estará en condiciones de poder comprar esas empresas que hoy se venden a capitales extranjeros. Estamos seguros que se irá resolviendo el problema muy serio de acceder al financiamiento local. Fíjese, por ejemplo, lo que sucede con la internacionalización de las empresas chilenas, financiadas por fondos de pensiones. En la Argentina, esos fondos -con más de una década de vigencia-, que hoy acumulan depósitos equivalentes al 13% del PBI, no han podido o no han logrado financiar un proyecto productivo, el objetivo para lo cual fueron creados. En todas partes del mundo, esos fondos (de AFJP) son de largo plazo y se usan para financiar el desarrollo. En el país, en cambio, lo hacen sólo en plazos fijos o en la compra de títulos públicos. Digo que es clave el financiamiento, sobre todo cuando vemos casos como Repsol que compró YPF y no lo hizo porque era más capaz que una industria argentina, sino porque pudo financiarse con créditos en euros y al 3%, mientras que en el país cualquier empresa nacional, por más fuerte que sea, no conseguía financiamiento a menos del 13%. La diferencia no la hace la capacidad de la empresa, sino su poder de financiarse.
-¿La cuestión energética sigue siendo una preocupación para la industria?
-Es muy importante para sostener el desarrollo. Es otra de las necesidades que tenemos, pero el Gobierno ha anunciado un plan muy amplio en materia energética, que incluye gasoductos y centrales eléctricas que esperamos que, hacia 2009, empiecen a resolver la cuestión energética y dejar de pensar en crisis.
-¿No prevén cuellos de botella para el corto plazo?
-Eso no lo podemos predecir. Por eso digo que el Gobierno nos transmitió que este año y en 2008, hasta que maduren las inversiones, pueden haber algunos problemas puntuales que, resueltos en ese período, esperaremos que las soluciones definitivas lleguen tal como lo proyectan.
-¿Las derivaciones judiciales del caso Skanska pueden incidir en el desarrollo de las obras?
-La Justicia está actuando de forma rápida y espero que encuentre la luz al caso para que estos problemas no demoren la construcción de todos los proyectos energéticos, que son indispensables que se concreten en el tiempo. Insisto: la Justicia ha dado pruebas de actuar con mucha rapidez y esperamos que no se obstaculice el procedimiento de los planes energéticos que ya están en marcha.
-¿La expansión del mercado externo para la industria pasa por China?
-Hay que observar los procesos históricos. En el siglo XIX, el crecimiento del mundo fue motorizado por Inglaterra. En el siglo XX, ese proceso pasó por Estados Unidos, o lo que llamamos como el efecto del Atlántico. Para este siglo, el desarrollo será impulsado por el eje Asia-Pacífico. Entre China e India está el 40% de la población mundial. Y son dos países que crecen a tasas del 10% anual y para ellos (más para China, cuya superficie cultivable es del 10%) es indispensable lo que produce la Argentina. Entonces, el tema alimenticio pasa a ser estratégico. Lo que resta definir es una negociación que, en términos comerciales, no destruya el aparato productivo argentino de bienes terminados. En esa relación comercial con China, la Argentina es fuerte; China no nos compra por razones humanitarias, sino porque necesita de la producción del país para su consumo interno. De allí que es necesario que el país sea firme en las negociaciones en defensa de su industria.
-¿El jueves, la UIA transmitirá su respaldo al presidente de la Nación?
-La Unión Industrial respalda la decisión política del Gobierno de impulsar la reindustrialización de la Argentina a través de medidas concretas como el sostenimiento del tipo de cambio competitivo, la consolidación de la solidez macroeconómica y la defensa del interés nacional en las negociaciones internacionales. Estas medidas contribuyen a sostener el crecimiento económico. Esto es lo que le transmitiremos al Presidente.







