Para debatir algunas claves de la "Commedia"

Por Federico Peltzer. ENSAYO.

19 Noviembre 2006
René Guénon (1886-1951) fue uno de los más eminentes especialistas en materia de esoterismo. Su vasta erudición hizo que sólo quienes conocen a fondo el pensamiento esotérico pudieran comprender -y discutir- sus opiniones. Libros como Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada marcaron rumbos en su momento.
La presente obra fue publicada en 1957 por Gallimard y esta es la primera edición argentina. Su conciso contenido no permite distracción alguna, pero, forzoso es reconocerlo, comprender íntegramente aquel es tarea para unos pocos (entre quienes, por cierto, no me encuentro), por el caudal de conocimientos que demanda.
La Commedia es, seguramente, el poema más grande brotado de la cristiandad y una de las cumbres de la literatura universal. Pero, más allá del itinerario que refiere el poeta por los tres reinos sobrenaturales, primero bajo la tutela de Virgilio, luego de Beatriz, encierra otros contenidos que han fatigado a la crítica. Los aspectos teológicos no excluyen las referencias históricas y políticas al tiempo que le tocó vivir a Dante. Guénon advierte que hay más en el poema, y por eso en el primer capítulo inserta como epígrafe un verso del poeta: "Mirate la dottrina che s?asconde / sotto il velame delli versi strani". La idea de Guénon es que, más allá del contenido metafísico, no se podrá comprender cabalmente el poema si se prescinde de su carácter esotérico. Contra Aroux (uno de sus exégetas) sostiene que poco importa dilucidar si Dante era católico o albigense, cristiano o pagano; lo importante es "la unidad doctrinal esencial que se oculta tras su diversidad aparente" (p. 12). Acto seguido afirma que en la Edad Media existían organizaciones de carácter iniciático y no religioso que, sin embargo, tenían su base en el catolicismo. No duda de que Dante perteneció a alguna de esas organizaciones, pero ello no es motivo para declararlo hereje.
En los siguientes capítulos Guénon examina el carácter de algunas de esas organizaciones o comunidades. Una de ellas fue la Fede Santa, entre cuyos miembros es posible que se encontrara el poeta. Se refiere también al hermetismo y a la orden de los Templarios, perseguidos hasta su supresión -como se sabe-, quizá más por sus riquezas y su poderío militar que por sus doctrinas. Critica la opinión de que Dante fue un cabalista, y si lo atrajo la ciencia de los números más bien debe considerárselo un pitagórico.
Analiza luego la tradición acerca de los viajes extraterrestres, comenzando por Ulises en la Odisea y por Virgilio en la Eneida, sin olvidar el mito de Orfeo y su descenso al Hades para rescatar a Eurídice. La división en los tres mundos figuraba en tradiciones, no sólo de Occidente, sino de la India. Guénon dedica un capítulo a los números y su significado simbólico, particularmente al asignado al 11. Tras referirse a los ciclos cósmicos, finaliza con la advertencia de que sus aportes no pretenden ser definitivos, sino abrir nuevos caminos para investigaciones posteriores. (c) LA GACETA

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