La nueva versión de un diccionario de autores teatrales

Por Juan Antonio Tríbulo. TEATRO.

19 Noviembre 2006
La nueva versión del Diccionario de autores teatrales argentinos, editada por el Instituto Nacional del Teatro en dos tomos (A-K y L-Z), realizada por la doctora en Letras Perla Zayas de Lima, actualización de sus versiones anteriores de 1981 y 1991, es una verdadera tarea ciclópea emprendida en soledad por esta investigadora del Conicet.
La información recopilada abreva en diferentes fuentes: una extensa lista de libros, publicaciones periodísticas, entrevistas realizadas a los escritores teatrales por diversos críticos y datos ofrecidos por distintos investigadores del país. Cada mención buscó incluir los datos biográficos del autor, la nómina de las principales obras estrenadas y/o publicadas, el comentario sobre alguna de ellas, las opiniones del dramaturgo y una bibliografía con los datos de las piezas editadas. La autora reconoce que resulta insuficiente encarar un diccionario de autores argentinos desde Buenos Aires pretendiendo cubrir la producción dramática de escritores de la Capital Federal y del interior.
Es por esto que convoca a los investigadores de las provincias a que realicen un trabajo similar pero en el orden regional. Sin embargo, podemos apreciar que figuran en el diccionario autores tucumanos. No sólo de los que actualmente residen y estrenan en Buenos Aires, como Julio Ardiles Gray, Roberto Ibáñez, Marcos Rosenzvaig y Ethel Zarlenga, sino de los escritores que viven, producen y estrenan en nuestra provincia, como Carlos Alsina, Mario Costello, Nora Dumeynieu, Marín Giner y Rafael Nofal, o los que ya no están, como Raúl Alberto Albarracín y Oscar Quiroga, o los que se han radicado aquí, como Leonardo Goloboff, o como el autor y director itinerante Manuel Maccarini, o los que sembraron aquí y continuaron su producción en otros lados, como Alberto Rodríguez Muñoz y Bernardo Roitman. Los teatristas y estudiosos del teatro local podrán darse cuenta de que en dicha lista faltan nombres actuales y del pasado. El diccionario propone un recorte temporal, una "aparente elección arbitraria de las fechas", que responde a la necesidad de difundir la producción escénica nacional en un período que no fue enfocado por diccionario alguno hasta el momento, y registra los datos de los dramaturgos que han producido entre 1950 y 2000, haciendo la autora la salvedad de que los nuevos dramaturgos que inician su actividad en ese último año serán incluidos en próximas actualizaciones y que estas deberían realizarse cada cinco años, para permitir rectificaciones y subsanar omisiones. Porque, como dice Hugo Mancuso, a quien la autora cita, este diccionario presenta "un saber que es acumulativo pero rectificable, eventualmente perfectible; tal vez modélico, seguramente parcial y sin duda argumentativo, pero siempre conscientemente dirigido a la resolución de problemas específicos de interés general"; un documento en el que "se puede esconder, acechante, el problema, los elementos contextuales clave, la hipótesis de trabajo desautorizante". No obstante las salvedades y omisiones involuntarias, dado el extenso trabajo de recopilación de datos que se propuso, este trabajo de Zayas de Lima se torna material complementario básico para actores y directores a la hora de profundizar en la dramaturgia de un autor a poner en escena o para el estudio de la historia del teatro argentino, ya que figuran todos los autores que en el período acotado presentaron innovaciones o puntos de inflexión, y que los dramaturgos paradigmáticos (Ricardo Halac, Roberto Cossa, Griselda Gambaro o Carlos Corostiza, por citar algunos) son presentados en profundidad y extensión a través de varias páginas. (c) LA GACETA

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