12 Noviembre 2006 Seguir en 

Un período de la historia de Francia -desde el siglo XVI hasta el XVIII, incluyendo la ejecución de María Antonieta- es enfocado con astucia por Benedetta Craveri en esta obra, puesto que fácilmente puede cautivar a un público que sospechamos masivo. Su subtítulo -El poder de las mujeres- condensa el tema que desarrolla.
A pesar de que se trata de un ensayo aparentemente riguroso en cuanto a las fuentes consultadas y a la calidad del discurso, algunos ingredientes sabrosos y quizás de poco prestigio en este género narrativo caracterizan el libro. En efecto, el desenfado y la impudicia colorean un relato escrito en lenguaje decimonónico.
Cada capítulo del ensayo está consagrado a una mujer poderosa tanto por su condición de favorita del rey de turno como por tratarse de la reina consorte o regente. Es así como en primer término la autora aborda los amores de la bellísima Diana de Poitiers, de 30 años, con Enrique II, de 11, relación que transita del amor cortés al amor carnal. Así pasamos a la longeva esposa del monarca aludido, Catalina de Medicis, a quien, en medio de sangrientas luchas entre católicos y protestantes, todos los hijos se le morían pese a recurrir con convicción a la magia negra y a personajes de la talla de Nostradamus.
Un momento particularmente "novelesco" es el consagrado a "dos grandes atletas del amor", la reina Margot y Enrique IV, y más aún lo es el que narra las tribulaciones de la tierna Ana de Austria, famosa por ser la reina por la que luchan los conocidos mosqueteros.
Amante de Luis XIV, Madame de Montespan brilla en este "gineceo" francés: el retrato trazado por la autora hace perceptible no sólo su buen gusto, su inteligencia y su gracia, sino que da muestras de la influencia indiscutible de las mujeres sobre los equilibrios (o desequilibrios) políticos de la monarquía.
Secretos eróticos de una veintena de mujeres de la corte, los de Madame du Barry, por ejemplo ("el ángel de los bajos fondos", cómplice devota del lascivo Louis XV), o los de algunas amantes distantes, (aunque apasionadas, calculadoras y ambiciosas, como la célebre Madame Pompadour), desfilan en estricto orden cronológico por estas páginas denotando la fuerza que su presencia ejerció en las decisiones de los monarcas.
La dramática vida de María Antonieta es enfocada con visible conmiseración y clausuran el libro las conmovedoras palabras que pronunció antes de sucumbir en el cadalso.
Resumiendo: los retratos literarios de estos personajes históricos, bien trazados e inscriptos por Craveri en el marco político correspondiente, pueden constituir un aporte que "humaniza" el relato de la Historia, a la vez que facilita al lector la percepción del ideario del "antiguo régimen".
La traducción de María Condor rinde rigurosa cuenta del registro de lengua culto y tradicional de la escritora. (c) LA GACETA
A pesar de que se trata de un ensayo aparentemente riguroso en cuanto a las fuentes consultadas y a la calidad del discurso, algunos ingredientes sabrosos y quizás de poco prestigio en este género narrativo caracterizan el libro. En efecto, el desenfado y la impudicia colorean un relato escrito en lenguaje decimonónico.
Cada capítulo del ensayo está consagrado a una mujer poderosa tanto por su condición de favorita del rey de turno como por tratarse de la reina consorte o regente. Es así como en primer término la autora aborda los amores de la bellísima Diana de Poitiers, de 30 años, con Enrique II, de 11, relación que transita del amor cortés al amor carnal. Así pasamos a la longeva esposa del monarca aludido, Catalina de Medicis, a quien, en medio de sangrientas luchas entre católicos y protestantes, todos los hijos se le morían pese a recurrir con convicción a la magia negra y a personajes de la talla de Nostradamus.
Un momento particularmente "novelesco" es el consagrado a "dos grandes atletas del amor", la reina Margot y Enrique IV, y más aún lo es el que narra las tribulaciones de la tierna Ana de Austria, famosa por ser la reina por la que luchan los conocidos mosqueteros.
Amante de Luis XIV, Madame de Montespan brilla en este "gineceo" francés: el retrato trazado por la autora hace perceptible no sólo su buen gusto, su inteligencia y su gracia, sino que da muestras de la influencia indiscutible de las mujeres sobre los equilibrios (o desequilibrios) políticos de la monarquía.
Secretos eróticos de una veintena de mujeres de la corte, los de Madame du Barry, por ejemplo ("el ángel de los bajos fondos", cómplice devota del lascivo Louis XV), o los de algunas amantes distantes, (aunque apasionadas, calculadoras y ambiciosas, como la célebre Madame Pompadour), desfilan en estricto orden cronológico por estas páginas denotando la fuerza que su presencia ejerció en las decisiones de los monarcas.
La dramática vida de María Antonieta es enfocada con visible conmiseración y clausuran el libro las conmovedoras palabras que pronunció antes de sucumbir en el cadalso.
Resumiendo: los retratos literarios de estos personajes históricos, bien trazados e inscriptos por Craveri en el marco político correspondiente, pueden constituir un aporte que "humaniza" el relato de la Historia, a la vez que facilita al lector la percepción del ideario del "antiguo régimen".
La traducción de María Condor rinde rigurosa cuenta del registro de lengua culto y tradicional de la escritora. (c) LA GACETA
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