12 Noviembre 2006 Seguir en 

Desde hace más de diez años una multitud de peregrinos se reúne con la señora María Livia de Obeid en una ceremonia religiosa que se realiza en lo alto de Tres Cerritos, un lugar muy cercano a la ciudad capital de la provincia de Salta.
Después de que la señora de Obeid se presenta, hay una oración comunitaria en lo alto del cerro, durante la cual se reza el rosario. Luego María Livia se acerca a cada uno de los peregrinos y los toca suavemente en el hombro. Lo extraño es que muchos de ellos caen al suelo en una especie de trance, pero un grupo de jóvenes que se autodenominan "los servidores", y se colocan detrás de los peregrinos, los ayudan acomodándolos en el suelo. Todos al levantarse manifiestan que sienten una gran paz interior. Todo está muy bien organizado: los servidores llevan en auto a enfermos y ancianos para subir a la montaña. Orar en común en medio de la naturaleza puede ser una experiencia conmovedora.
Algunas personas me han contado experiencias muy extrañas, como ver al sol girar vertiginosamente sobre su eje. También me han mostrado una fotografía en la que aparece, entre los árboles, una figura bastante desleída que se asemeja a las imágenes de la Virgen María. Frente a todos estos fenómenos, la Iglesia siempre se ha mostrado muy prudente. Según el diario "La Nación", "el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio, recomendó a los sacerdotes porteños no celebrar la eucaristía en la ermita del cerro de la localidad salteña de Tres Cerritos". Es decir que se trata de una recomendación, no de una prohibición. Tampoco se aconseja a los católicos no asistir a estas reuniones donde nunca se celebra misa sino que solamente se reza el rosario. Una actitud muy prudente. Mucho menos tolerante se muestra el arzobispo de Salta, monseñor Mario Cargnello, quien aclara que "se trata de una actividad de iniciativa particular en el marco de una organización civil, sin reconocimiento ni inserción en la actividad orgánica y oficial de la Iglesia Católica de Salta". Y, en otras declaraciones "pidió que la vidente", como denomina a María Livia, "se abstenga de transmitir mensajes de la Virgen tanto en público como en privado, se confíe a un director espiritual y se someta a estudios de expertos en psicología".Esta mención de la psicología da que pensar, pues no se trata de una disciplina que se dedique a introducir cambios en la psique de nadie.
Entonces, ¿no habrá querido, más bien, decir psiquiatría o psicoanálisis? Lo cual significaría una gran confianza en la ciencia y en su capacidad para resolver cuestiones religiosas. ¿O será simplemente la expresión de un deseo de descalificar a María Livia? De todas maneras, hay allí un olvido de la virtud de la prudencia. "El Espíritu sopla donde quiere" y es muy difícil someterlo. Las explosiones religiosas aparecen en lugares inesperados y las organizaciones oficiales deben saberlo. Ya pasó el momento en que se auguraba la muerte de Dios y el final de la religión. Actualmente ciencia y religión coexisten como dos formas distintas de la necesidad humana de encontrar respuestas. Y hasta asistimos al horror de algo que ya creíamos superado: una guerra de religión. Por eso es cada vez más necesaria la virtud de la prudencia.
De todas maneras, la situación de las mujeres que oyen voces y ven visiones ha sido siempre muy difícil. Recordemos los problemas de Bernadette Soubirous en su convento y qué decir de Juana de Arco. (c) LA GACETA
Después de que la señora de Obeid se presenta, hay una oración comunitaria en lo alto del cerro, durante la cual se reza el rosario. Luego María Livia se acerca a cada uno de los peregrinos y los toca suavemente en el hombro. Lo extraño es que muchos de ellos caen al suelo en una especie de trance, pero un grupo de jóvenes que se autodenominan "los servidores", y se colocan detrás de los peregrinos, los ayudan acomodándolos en el suelo. Todos al levantarse manifiestan que sienten una gran paz interior. Todo está muy bien organizado: los servidores llevan en auto a enfermos y ancianos para subir a la montaña. Orar en común en medio de la naturaleza puede ser una experiencia conmovedora.
Algunas personas me han contado experiencias muy extrañas, como ver al sol girar vertiginosamente sobre su eje. También me han mostrado una fotografía en la que aparece, entre los árboles, una figura bastante desleída que se asemeja a las imágenes de la Virgen María. Frente a todos estos fenómenos, la Iglesia siempre se ha mostrado muy prudente. Según el diario "La Nación", "el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio, recomendó a los sacerdotes porteños no celebrar la eucaristía en la ermita del cerro de la localidad salteña de Tres Cerritos". Es decir que se trata de una recomendación, no de una prohibición. Tampoco se aconseja a los católicos no asistir a estas reuniones donde nunca se celebra misa sino que solamente se reza el rosario. Una actitud muy prudente. Mucho menos tolerante se muestra el arzobispo de Salta, monseñor Mario Cargnello, quien aclara que "se trata de una actividad de iniciativa particular en el marco de una organización civil, sin reconocimiento ni inserción en la actividad orgánica y oficial de la Iglesia Católica de Salta". Y, en otras declaraciones "pidió que la vidente", como denomina a María Livia, "se abstenga de transmitir mensajes de la Virgen tanto en público como en privado, se confíe a un director espiritual y se someta a estudios de expertos en psicología".Esta mención de la psicología da que pensar, pues no se trata de una disciplina que se dedique a introducir cambios en la psique de nadie.
Entonces, ¿no habrá querido, más bien, decir psiquiatría o psicoanálisis? Lo cual significaría una gran confianza en la ciencia y en su capacidad para resolver cuestiones religiosas. ¿O será simplemente la expresión de un deseo de descalificar a María Livia? De todas maneras, hay allí un olvido de la virtud de la prudencia. "El Espíritu sopla donde quiere" y es muy difícil someterlo. Las explosiones religiosas aparecen en lugares inesperados y las organizaciones oficiales deben saberlo. Ya pasó el momento en que se auguraba la muerte de Dios y el final de la religión. Actualmente ciencia y religión coexisten como dos formas distintas de la necesidad humana de encontrar respuestas. Y hasta asistimos al horror de algo que ya creíamos superado: una guerra de religión. Por eso es cada vez más necesaria la virtud de la prudencia.
De todas maneras, la situación de las mujeres que oyen voces y ven visiones ha sido siempre muy difícil. Recordemos los problemas de Bernadette Soubirous en su convento y qué decir de Juana de Arco. (c) LA GACETA
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