Antología que revela una fuerte concepción de lo indoamericano

Por Rodolfo Modern. POESIA.

05 Noviembre 2006
A esta antología de casi cuatrocientas páginas cabe agregar una serie de estudios críticos en los que resaltan los nombres y trabajos de Delfín Leocadio Garasa, Bella Josef, Sebastián Jorgi y Juana Arancibia, quienes, desde ópticas distintas, analizan la vasta e importante obra cumplida por Rubén Vela. Patriarca de una visión indoamericana, pero más que eso, el poeta ahonda en esencias que lo definen y enmarcan una trayectoria honrosa y persistente. No en vano ha recibido, entre muchos, el primer premio de la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires, el del PEN Club del Brasil, el de la Fundación Argentina de la Poesía, el Esteban Echeverría.
El tomo, compuesto con esmero por la editorial, reúne una selección de sus poemas que van desde "Introducción a los días" hasta "Maneras de luchar", más otros agregados como una especie de coda que aluden a figuras de la literatura argentina de la estructura artística de Alejandra Pizarnik, por ejemplo, y que se apartan de su temática esencial.
Dentro de su vasta concepción de lo indoamericano, Rubén Vela pone de relieve la fuerza de medio continente, habitado por una humanidad muchas veces sufriente y humillada por causas que le son ajenas. Es que Rubén Vela se reconoce seguidor de Neruda, de César Vallejo y de Vicente Huidobro, poetas del Pacífico, aunque sus lecturas abarcan otros territorios poéticos. En un verso sin complicaciones sintácticas ni de otro tipo, dotado de una enjundia ejemplar, rebosante de una energía que excede la de la simple palabra escrita, Vela exalta, en todos los tonos, la naturaleza del hombre americano, tendido hacia una libertad merecida y no lograda aún, y glorifica una civilización que va desde el trabajo de la piedra hasta el esplendor de las ciudades aztecas, mayas e incas, jalones de un semicontinente todavía vivo pero contaminado por hábitos que le son ajenos en lo básico. Garasa ha visto bien su carácter atávico y ha señalado, como todos, su amor por esa América de muchos tiempos. En cuanto a Sebastián Jorgi, señala ese "continente del maíz" y la presencia, no desaparecida, de los dioses y de su compleja mitología, todo ello con un envidiable poder de síntesis que no descarta en ocasiones cierto barroquismo expresivo.
Es que ningún otro poeta ha insistido tanto en poner sobre un mapa, tan lírico como épico, la naturaleza abarcadora de este continente depredado y rico en riquezas de todo orden. Al releerlo, el lector es poseído por la sensación de la presencia de un cantor mayúsculo que se vale de un lenguaje hímnico, entusiasta y profundamente apenado ante un destino inmediato que no es el de un triunfo prometido. Aunque podría serlo para este poeta que se proclama en alguna parte de sus versos "Ciudadano del mundo" sabiendo bien lo que dice.Nacida del corazón más que de la mente, pródiga en aciertos que exceden lo de afuera, la poesía de Rubén Vela se yergue como un faro iluminado para indicar derroteros ciertos y profundos, que se corroboran a cada instante en el recorrido de esta obra ejemplar, y no sólo por la dignidad del lenguaje que la caracteriza. (c) LA GACETA

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