Semiología de la depresión, al margen de ambigüedades

Por Hugo Lerner. Hornstein entrega un libro para los formados y para los que están en formación.

05 Noviembre 2006
Un libro es lo sólido, lo concreto que los lectores leemos, miramos, consultamos cuando el autor ya ha quitado los andamios y los encofrados de su construcción. Adivinamos que en ese trayecto, muchas paredes de esa torre de ideas se levantaron, se tiraron y se volvieron a levantar. No obstante, después de haber leído los otros libros de Luis Hornstein, percibo que en este no hubo tantas demoliciones y reconstrucciones. Veo, en todo caso, una nueva etapa de un proyecto que en sus planes pareciera tener varios pisos, y este es uno más de ellos.
Comentar un libro con pretensiones de exactitud es una tarea casi imposible. Se puede elegir entre resaltar algunos puntos que para la subjetividad del comentarista resultaron los más significativos, o comentar el derrotero general que el autor ha elegido, la ruta que siguió para arribar al puerto que se ha propuesto. Yo elijo esta última opción, ya que este libro es, justamente, una invitación a navegar junto con el autor para que cada tripulante de esta aventura descubra su propio destino.
La introducción tiene la virtud de estimular la curiosidad: ¿y después cómo sigue? En toda la lectura se desliza, y creo que eso es lo que lo hace irreverentemente atractivo, una invitación a que rompamos con las categorizaciones establecidas y con los sentidos y significados congelados.
El autor ya nos tiene acostumbrados a un psicoanálisis alejado de un pensamiento dogmático; nos invita a que hagamos un psicoanálisis apartado de la dinámica y de la estructuración de las prácticas religiosas, con rituales, guiños y contraseñas de secta, como dirían Castoriadis y Steiner.
Este es un libro que sin "vergüenzas" muestra el motivo de consulta, la semiología de la depresión. Sin dudas ni ambigüedades plantea la importancia del abordaje psicofarmacológico y psicoterapéutico. Esto no aleja a nadie de ser un buen psicoanalista; yo diría que sucede lo contrario.
Varias veces escuché a Luis Hornstein hablar de un eclecticismo con mayúscula. Bien, aquí se sostiene esa posición. Partiendo siempre y con mucha solidez de Freud (un Freud vivo, actual, subversivo), y parafraseando a Green, revisita a Aulagnier, Winnicott, Kohut, Green, Gabard, Lacan, etc., etc.
Ya todos sabemos que el autor es un estudioso del narcisismo; por lo tanto no podía estar ausente en este libro una excelente descripción teórica.
Desde el narcisismo trófico, la historia identificatoria, la construcción del yo, lo social, lo cultural, el concepto de déficit, no deja peldaño sin recorrer en esta escalada conceptual para explicarlo y que el lector comprenda esta noción fundamental en nuestro campo. Vale la pena detenerse en la articulación que hace entre Edipo y narcisismo, y en el desarrollo de un concepto como la sublimación.
Cuando se mete con el yo, ¡qué tema! No hay desperdicio. Yo función, yo representación, el yo historizante. Hace jugar al concepto del yo/ideal del yo/superyó/narcisismo/autoestima para construir una metapsicología de la depresión y no sólo, como se ha estudiado clásicamente, de la melancolía.
Algunos pasajes me parecen aciertos tanto para la clínica como para la teoría; por ejemplo: "Si en el duelo el mundo se vuelve pobre y vacío, en las depresiones pobre y vacío se ha tornado el yo". Esta es sólo una de las citas en las que se puede constatar que la síntesis es más útil y enriquecedora que una catarata de palabras cuyo significado y destino cuesta descubrir.
En la segunda parte, la clínica es abordada con puntillosidad, agudeza y cuidada disección.
Recurre a Jamison (psiquiatra que padece de un trastorno maníaco-depresivo) y la lectura de esos pasajes lleva a plantear la interacción, a veces indispensable, entre la psicofarmacología y la psicoterapia.
Detrás de los conceptos nosográficos y del uso de las estadísticas hay teoría, metapsicología, pensamiento sofisticado. Luis Hornstein se zambulle con todo su bagaje de deseos explicativos y de comprensión, y logra nadar contra la corriente de un psicoanálisis cerrado.
En la tercera parte, dedicada al tratamiento de las depresiones, para aquellos que no estamos empapados de la terapia cognitiva y de la interpersonal, resulta útil leer cómo el autor traza un panorama de distintas propuestas terapéuticas y las compara entre sí y con el psicoanálisis.
Me parece muy bien terminar el libro con un excelente capítulo de Silvia Wikinski sobre psicofarmacología. Dejemos de lado los prejuicios según los cuales un libro de un psicoanalista "no debe" abordar este ingrediente. Aceptemos sin vueltas que, lo queramos o no quienes nos dedicamos al ejercicio de la psicoterapia (no hago diferencias entre psicoanálisis y psicoterapia) estamos atravesados por la farmacología.Este es un libro sobre el psicoanálisis, la psiquiatría, la psicopatología, la psicofarmacología, pero sobre todo un libro que se ha pensado y que hace pensar. Es un libro para "los formados" y "los que están en formación".Si bien es un libro sobre la depresión, los invito a que lo lean para conocer un psicoanálisis contemporáneo. Sitúa al lector en la incómoda "pero bienvenida" posición de repensar lo ya pensado.El psicoanálisis no está muerto, como muchos agoreros afirman; para mí goza de buena salud, en tanto sigue produciendo discusiones, explicaciones, ayuda para los pacientes que nos convocan y libros como este. El psicoanálisis está muerto para aquellos colegas que suponen un psicoanálisis congelado, carente de dinamismo, alejado del contexto de su práctica y que no contempla los cambios que la contemporaneidad provoca en la producción de la subjetividad.Entonces, a aquellos que piensan, desde una perspectiva depresiva y nostálgica, que el psicoanálisis está muerto, les aconsejaría que lean este libro. Es un buen antidepresivo. (c) LA GACETA

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