Un estudio preciso sobre la acción informativa

Por Coriolano Fernández. ENSAYO.

29 Octubre 2006
Juan Luis Iramain se adhiere a las líneas maestras aristotélicas. Nacido en Estagira, Macedonia, en 384 a.C., Aristóteles pasó gran parte de su vida en Atenas, donde estuvo veinte años en la Academia de su maestro Platón y fue luego fundador y director del Liceo. Murió en la isla de Calcis, al norte de Atenas, en 322 a.C.
Publicó libros, hoy perdidos; enseñó; fue maestro de quien sería Alejandro Magno y legó una de las filosofías más profundas que conozca la historia del pensamiento, en escritos editados después de su muerte.
Simplificando mucho las cosas, digamos que esa filosofía es un instrumental edificado sobre las nociones de sustancia, materia, forma, potencia, acto y las cuatro causas o tetracasualidad: eficiente, material, formal y final.
Y bien, en vez de llenar páginas dedicadas a refutar a los críticos del Estagirita denunciando el "error moderno" (como tanto gustan hacer algunos tomistas), Iramain cambia el enfoque y aplica esa batería conceptual al dar base filosófica a uno de los fenómenos cuyo crecimiento explosivo es justamente propio de la modernidad o, si se quiere, de la posmodernidad: la acción informativa.
Y lo consigue en un libro claro, preciso y pulcramente editado. Al comienzo apunta que el método filosófico es tema escasamente tratado en los estudios de comunicación y de ahí la necesidad de acrecentarlo.
El contexto de su trabajo es, por una parte, un análisis histórico y filológico; y por otra parte instala la noción de relación social, pues el acto informativo no es un hecho aislado ni aislable de la vida del ser humano. La acción informativa es un tipo de relación en tanto es el modo específico (inmaterial, intencional y cognoscitivo) en que un término, el destinatario, está referido a otro término, el mensaje.
Toda relación es inherente a un sujeto y de él participa su ser, pero la relación es un accidente, en el sentido de que no tiene ser propio, pues necesita de una sustancia a la cual modifica. Y lo hace refiriéndose a otra. Entonces la relación depende de los términos -llamados también extremos-, pero previamente depende de un sujeto.
El sujeto de la acción informativa, dice el autor, es el destinatario individual del mensaje. Cabe aclarar que sujeto viene de un vocablo latino que significa: "lo que está debajo" y designa todo aquello que sustenta algo o a lo que cabe atribuir una propiedad. En sentido lógico, sujeto es el término del cual se dice o se predica algo; en sentido ontológico es la sustancia que sirve de base o soporte de alguna otra y que, por lo tanto, se sustenta en aquella.
No hace falta decir que en este trabajo sujeto está en sentido ontológico. En tanto el sujeto se manifiesta como causa eficiente de la relación, la materialidad del mensaje aparece como causa material. El hecho de que en los objetos reales no sean separables la materia y la forma, hace problemático distinguir netamente entre soporte y contenido.
En el capítulo "Acción informativa: naturaleza", el autor aborda lo que podríamos llamar el meollo de su punto de vista. Y pues la acción o relación informativa es una acción cognoscitiva, es menester estudiar en qué consiste dicha acción. Como buen aristotélico, Iramain está inscripto en el realismo: el ser humano puede conocer las cosas tal cual ellas esencialmente son. Se trata de los modos en que está presente la misma forma en el mensaje (objeto conocido) y en el sujeto cognoscente. El conocimiento es, según Aristóteles, una acción inmanente o praxis, y siendo el lenguaje una realidad externa, hay que explicar de qué manera se combinan la inmanencia y la trascendencia en la relación informativa.
Y además, la evidencia de que los mensajes generan diferentes interpretaciones lleva al problema hermenéutico. Finalmente, puesto que el objeto conocido es un mensaje que remite a una realidad distinta de él, no se puede esquivar plantearse el modo en que se accede al referente último a través del texto informativo.
La caracterización básica queda así: acción informativa es el acto por el cual el destinatario, de modo socialmente contextualizado, posee intencionalmente un mensaje con la forma (verbum) de un determinado referente.
En el breve esquema dado, advertirá el lector estar ante un texto que requiere atenta lectura, pues el lenguaje no suele ser el habitual de los pensadores contemporáneos. Pero, por un lado, toda filosofía tiene su vocabulario; y por otro, y esto es decisivo, Iramain explicita las nociones a medida que las introduce.
Un par de observaciones. No me parece adecuado, en el siglo XXI, seguir llamando "El Filósofo" a Aristóteles, como lo hacía Santo Tomás de Aquino en el siglo XIII, pues la solidez de un pensador no se mide por la dignidad del trato que le demos. Y me parece superficial el rótulo de agnosticismo para la filosofía de Kant y el de panlogismo racionalista para la de Hegel; son resabios de ese tomismo envejecido que en líneas generales Iramain supera con brillo conceptual, según lo señalamos antes.
El libro lleva una muy rica bibliografía y más de cuatrocientas notas a pie de página. Se echa de menos la tabla de materias. (c) LA GACETA

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