19 Enero 2005 Seguir en 

De acuerdo con los resultados de varios estudios clínicos, las personas que padecen un episodio de depresión tienen más del doble de riesgo de sufrir un evento coronario agudo. A su vez, se asocia no sólo a los infartos agudos de miocardio, sino también a los accidentes cerebrovasculares. El incremento es de 2,1 veces en aquellos casos en los que ha existido un cuadro de depresión.
En las últimas décadas los especialistas consideraban que las enfermedades coronarias podrían producir en las personas cuadros depresivos, pero diversas investigaciones consideran a la depresión como otro factor de riesgo cardiovascular, junto con la obesidad, la hipertensión, el tabaquismo y la hipercolesterolemia. Incluso ambas patologías pueden coexistir.
Opinión de un experto
Así lo aseguró en su visita por Buenos Aires el profesor Charles Nemeroff, director del Departamento de Ciencias en Psiquiatría y Comportamiento de la Facultad de Medicina de la Emory University de Atlanta, Estados Unidos, quien además sostuvo que los pacientes que ya tuvieron un episodio cardiovascular y luego entraron en un estado depresivo "tienen un riesgo cuatro veces mayor de padecer otro infarto en los próximos seis meses que aquellas personas que no padecen ese problema".
En su exposición, Nemeroff afirmó que "es necesario educar a otros médicos y al público en general para que sepan que el paciente con depresión corre un riesgo elevado de tener estas enfermedades". Al respecto, enfatizó: "la depresión aumenta enormemente el riesgo cardíaco, tanto como lo hace el consumo de cigarrillo".
Estudio de doce años
Precisamente, el especialista fue uno de los primeros en estudiar a principios de la década del 90, los resultados de un trabajo en el que se había hecho un seguimiento a lo largo de 12 años de distintos pacientes que no habían tenido anteriormente ningún signo de patología cardiovascular. Luego de que detectaran que había casos en los cuales aparecían esos problemas cardiovasculares, Nemeroff, junto a otros colegas, determinaron que quienes sufrían de depresión tenían "una mayor tasa de infartos, fatales o no fatales". Además, al estudiar a quienes padecieron episodios cardiovasculares, observaron que "quienes desarrollaron luego un cuadro de depresión, a los seis meses murieron en una tasa cuatro veces mayor que quienes presentaban una patología cardiovascular, pero sin depresión".
El vínculo entre ambas patologías podría radicar en que la depresión provocaría alteraciones en las plaquetas de la sangre, en aquellas que,ante una herida, forman rápidamente un coágulo para detener una hemorragia. Cuando el funcionamiento de esas plaquetas no es el adecuado y se acumulan en forma anormal en los vasos sanguíneos, éstos se tapan incrementando el riesgo de eventos cardiovasculares.
La depresión también estaría vinculada con una disfunción del endotelio, la pared que recubre los vasos sanguíneos. Esto lleva a la trombosis (formación de un coágulo dentro del vaso,) y a que se potencie el proceso ateroesclerótico. (Pro Salud News)
En las últimas décadas los especialistas consideraban que las enfermedades coronarias podrían producir en las personas cuadros depresivos, pero diversas investigaciones consideran a la depresión como otro factor de riesgo cardiovascular, junto con la obesidad, la hipertensión, el tabaquismo y la hipercolesterolemia. Incluso ambas patologías pueden coexistir.
Opinión de un experto
Así lo aseguró en su visita por Buenos Aires el profesor Charles Nemeroff, director del Departamento de Ciencias en Psiquiatría y Comportamiento de la Facultad de Medicina de la Emory University de Atlanta, Estados Unidos, quien además sostuvo que los pacientes que ya tuvieron un episodio cardiovascular y luego entraron en un estado depresivo "tienen un riesgo cuatro veces mayor de padecer otro infarto en los próximos seis meses que aquellas personas que no padecen ese problema".
En su exposición, Nemeroff afirmó que "es necesario educar a otros médicos y al público en general para que sepan que el paciente con depresión corre un riesgo elevado de tener estas enfermedades". Al respecto, enfatizó: "la depresión aumenta enormemente el riesgo cardíaco, tanto como lo hace el consumo de cigarrillo".
Estudio de doce años
Precisamente, el especialista fue uno de los primeros en estudiar a principios de la década del 90, los resultados de un trabajo en el que se había hecho un seguimiento a lo largo de 12 años de distintos pacientes que no habían tenido anteriormente ningún signo de patología cardiovascular. Luego de que detectaran que había casos en los cuales aparecían esos problemas cardiovasculares, Nemeroff, junto a otros colegas, determinaron que quienes sufrían de depresión tenían "una mayor tasa de infartos, fatales o no fatales". Además, al estudiar a quienes padecieron episodios cardiovasculares, observaron que "quienes desarrollaron luego un cuadro de depresión, a los seis meses murieron en una tasa cuatro veces mayor que quienes presentaban una patología cardiovascular, pero sin depresión".
El vínculo entre ambas patologías podría radicar en que la depresión provocaría alteraciones en las plaquetas de la sangre, en aquellas que,ante una herida, forman rápidamente un coágulo para detener una hemorragia. Cuando el funcionamiento de esas plaquetas no es el adecuado y se acumulan en forma anormal en los vasos sanguíneos, éstos se tapan incrementando el riesgo de eventos cardiovasculares.
La depresión también estaría vinculada con una disfunción del endotelio, la pared que recubre los vasos sanguíneos. Esto lleva a la trombosis (formación de un coágulo dentro del vaso,) y a que se potencie el proceso ateroesclerótico. (Pro Salud News)
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