29 Diciembre 2004 Seguir en 

Cada 9 de noviembre se celebra en la Argentina el Día del Donante Voluntario de Sangre, en homenaje a Luis Agote, el médico argentino que, en 1914, realizó la primera transfusión de la historia. Lo cierto es que ese paso pionero a nivel mundial no se tradujo en una tradición relacionada con donar sangre: a diferencia de lo que sucede en otros países, los donantes voluntarios de sangre en la Argentina no alcanzan.
La Argentina cuenta, desde hace tres años, con el Plan Nacional de Sangre, "un esfuerzo mancomunado en todo el país", según manifiesta el doctor Héctor Berzel, director general de Coordinación de Redes de Salud del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. No obstante, si se toma en cuenta que sólo en la Capital Federal se realiza una transfusión cada cuatro minutos, el número de donantes voluntarios que se necesita para cubrir la demanda en todo el país es insuficiente. Según lo expresado por el doctor Berzel, donar sangre "es una forma de demostrar que nuestro pueblo sigue siendo solidario". Asimismo, expresó l necesidad del compromiso de parte de los funcionarios del Plan de "utilizar de la mejor manera posible este bien no comerciable, que se nos entrega en custodia".
Por otra parte, el presidente Néstor Kirchner firmó recientemente el proyecto que reglamenta la Ley Nacional de Sangre (Nº 22.990).
Los donantes voluntarios de sangre desarrollan una labor silenciosa en la sociedad. "Son una verdadera muestra de compromiso con el dolor de los demás", tal como los concibe la coordinadora del Programa Sangre de Fundaleu, Sandra Almeyda.
Víctor Brizuela ha realizado, hasta el momento, 44 donaciones de plaquetas. Como donante voluntario del Hospital de Pediatría Juan P. Garraham, afirma que siente satisfacción cada vez que contribuye de ese modo "para el bienestar de alguien que precisa una mano". Y define a los donantes como "gente extraña, que está ahí porque la necesitan".
Para Roberto Simona, donante voluntario, la sangre es el principio vital. Confesó que es gratificante para él saber que con su aporte está ayudando a otro. "Esta clase de acciones solidarias -señala- le hace bien al alma del que da y al cuerpo del que recibe".
La Argentina cuenta, desde hace tres años, con el Plan Nacional de Sangre, "un esfuerzo mancomunado en todo el país", según manifiesta el doctor Héctor Berzel, director general de Coordinación de Redes de Salud del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. No obstante, si se toma en cuenta que sólo en la Capital Federal se realiza una transfusión cada cuatro minutos, el número de donantes voluntarios que se necesita para cubrir la demanda en todo el país es insuficiente. Según lo expresado por el doctor Berzel, donar sangre "es una forma de demostrar que nuestro pueblo sigue siendo solidario". Asimismo, expresó l necesidad del compromiso de parte de los funcionarios del Plan de "utilizar de la mejor manera posible este bien no comerciable, que se nos entrega en custodia".
Por otra parte, el presidente Néstor Kirchner firmó recientemente el proyecto que reglamenta la Ley Nacional de Sangre (Nº 22.990).
Los donantes voluntarios de sangre desarrollan una labor silenciosa en la sociedad. "Son una verdadera muestra de compromiso con el dolor de los demás", tal como los concibe la coordinadora del Programa Sangre de Fundaleu, Sandra Almeyda.
Víctor Brizuela ha realizado, hasta el momento, 44 donaciones de plaquetas. Como donante voluntario del Hospital de Pediatría Juan P. Garraham, afirma que siente satisfacción cada vez que contribuye de ese modo "para el bienestar de alguien que precisa una mano". Y define a los donantes como "gente extraña, que está ahí porque la necesitan".
Para Roberto Simona, donante voluntario, la sangre es el principio vital. Confesó que es gratificante para él saber que con su aporte está ayudando a otro. "Esta clase de acciones solidarias -señala- le hace bien al alma del que da y al cuerpo del que recibe".
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