Hipertensión arterial

La alta presión arterial es un enemigo silencioso porque ataca sin dar aviso. El ataque cerebrovascular (ACV) está al acecho.

24 Noviembre 2004
La hipertensión arterial representa la primera causa de discapacidad y la tercera de mortalidad en las personas mayores de 45 años, en los países industrializados. En el ataque cerebral o accidente cerebrovascular (ACV), la hipertensión arterial está presente en el 45% de los casos, por lo tanto es su principal factor de riesgo. Este trastorno, si no es tratado y controlado, puede provocar en cualquier momento y sin previo aviso un episodio cardíaco agudo o un ACV. Al momento de detectar la afección cerebrovascular existen síntomas que dependerán de la arteria afectada. Los más comunes son: adormecimiento de la mitad del cuerpo, imposibilidad de hablar o comprender, alteración en la visión e inestabilidad al caminar, entre otros.

La hipertensión causa discapacidad y mortalidad en los mayores de 45 años
El llamado ataque cerebral ?o accidente cerebrovascular, ACV? es la aparición de un déficit en el organismo de forma repentina, debido a una lesión, ya sea una isquemia o una hemorragia. La hipertensión arterial es su principal factor de riesgo, y está presente en un 40 % de los mayores de 65 años. Puede producir un episodio cardíaco agudo o un ACV sin aviso. El carácter "silencioso" de esta amenaza fatal, o capaz cuanto menos de dejar secuelas irreversibles, hace que muchos pacientes diagnosticados no presten la debida atención a la adherencia a sus tratamientos, sean farmacológicos o no.

Obstrucción arterial
El ACV puede producirse por las dos causas mencionadas. Una es la isquemia o infarto, que se desencadena cuando una arteria se obstruye y una zona del cerebro no recibe el oxígeno ni los nutrientes necesarios, lo que conlleva a que esa zona de tejidos sufra modificaciones que provoquen la muerte celular. Otra es la hemorragias, en la que existe una ruptura arterial que produce el derramamiento de sangre dentro del tejido cerebral generando un hematoma intracerebral. La mayoría de las hemorragias se producen por hipertensión arterial aunque también pueden estar ocasionadas por trastornos en la coagulación, el sangrado dentro de lesiones tumorales o por malformaciones arterio-venosas congénitas. Por su parte, las isquemias pueden ocurrir por trombosis o embolias.

Placas de grasa
Las trombosis ocasionan alrededor del 60 % del total de las isquemias y se producen por el desprendimiento de placas sedimentarias de las paredes arteriales, que terminan obstruyendo el conducto. Estas placas se localizan en grandes arterias del cuello y adentro del cerebro y están constituidas principalmente por colesterol y otras grasas.
Pero el gran riesgo aparece cuando estas placas alcanzan un tamaño considerable y obstruyen las arterias determinando una disminución de la perfusión sanguínea. Las embolias son coágulos provenientes del corazón o fragmento de las placas de ateroma que se desprenden de las arterias mayores y son responsables de alrededor del 20 % de infartos.

Síntomas y riesgos
De acuerdo con un informe de la Fundación Alfredo Thomson, elaborado por la doctora María Martha Estrada y Rojas, encargada de la Unidad de Stroke, y el Servicio de Neurología del Hospital Francés de Buenos Aires, al momento de detectar la enfermedad cerebrovascular existen determinados síntomas que dependen de la arteria cerebral afectada y de la zona por donde ésta se distribuye. Algunos de los síntomas más frecuentes son la pérdida o el adormecimiento de una mitad del cuerpo, la imposibilidad de hablar o comprender, la alteración de la vista, la inestabilidad al caminar o la incoordinación de los miembros.
Sin embargo, puede ocurrir que un déficit neurológico dure sólo algunos minutos y, en ese caso particular, se trata de un "accidente isquémico transitorio" que funciona como señal de alarma para poder actuar y prevenir sobre una discapacidad que puede transformarse en definitiva.
Una vez superados los 55 años las probabilidades de sufrir una enfermedad cerebrovascular es mayor, esencialmente en varones.
Además de la hipertensión arterial, la diabetes, el exceso de colesterol y el alcoholismo son algunos de los principales factores de riesgos junto con la obesidad, el sedentarismo y el tabaquismo. Este último, aumenta seis veces el riego de sufrir un ACV, mientras que se ha demostrado que luego de un año de haber dejado de fumar, el riesgo de enfermedades coronarias disminuye un 50 %.

Mantenerse en peso disminuye los riesgos

La principal medida para prevenir los ataque cerebro vasculares, entonces, es el control de la presión arterial. Cuando los valores de ésta superan los 140 mm Hg de máxima y 85 de mínima se la denomina hipertensión arterial.
Existen, por otro lado, algunos recaudos que se pueden tener en cuenta para disminuir el riesgo de este tipo de enfermedades: mantener el peso adecuado, no consumir sal en exceso, comer abundantes frutas y vegetales, moderar el consumo de alcohol, no fumar y mantener una actividad física regular, ya que el sedentarismo favorece la aparición y mantenimiento de niveles elevados de presión arterial y colesterol LDL.
Para poder diagnosticar la enfermedad es fundamental identificar el tipo de ACV y el mecanismo que la produjo.
Para esto se utilizan estudios de imagenología como tomografías computadas, estudios de resonancia magnética, electrocardiogramas o el estudio transcráneo, el cual permite evaluar en una forma no invasiva el estado de toda la circulación cerebral.

La angiografía digital facilita el diagnóstico

La angiografía digital, facilita el diagnóstico definitivo de estenosis arteriales, presencia de malformaciones arterio-venosas o aneurismas congénitos.
El tratamiento de los pacientes con ACV se consigue en las llamadas "unidades de stroke", en donde se internan solamente pacientes con este tipo de enfermedades. En estas unidades, se reduce significativamente la mortalidad, la discapacidad y la necesidad de internación en centros de rehabilitación.
Una medición correcta de la presión Las posibles consecuencias de la hipertensión arterial requieren atender a su detección mediante el control adecuado y periódico de la presión. Jorge Altamirano, cardiólogo del Consejo de Hipertensión Arterial de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), señala detalles para tener en cuenta y saber cuando y cómo se mide correctamente la presión: El paciente debe estar relajado, sentado y con dos minutos de reposo como mínimo. Se debe medir dos veces, con 2 minutos de intervalo. Si arrojan resultados diferentes, se debe hacer una tercera medición.

Debe medirse en el brazo de más presión

La presión arterial , según indican los médicos especialistas, debe medirse siempre sobre el brazo que registra mayor presión. En pacientes diestros suele ser el derecho, pero al principio para cada paciente habrá que medir en ambos para identificarlo, y ese dato cobra relevancia porque está indicando que habrá que utilizar ese brazo en adelante, para un efectivo control de la presión arterial.
El manguito debe ser de tamaño adecuado al brazo del paciente.
No debe colocarse el estetoscopio por debajo el manguito si se usa tensiómetro de columna de mercurio.
Además, es importante evitar el "redondeo" de las mediciones, en virtud del cual un valor de 146/88 (en mmHg) se transformaría simplemente en "15/9".
Una persona que se haga controlar su presión con algún enfermero o pariente, y observe que sus niveles están por encima de lo normal, inmediatamente debe hacer la consulta médica con un cardiólogo. Este médico le indicará el tratamiento y la medicación que deberá tomar, y qué estilo de vida debe llevar.

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