13 Abril 2007 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Medido, cauto, inclusive contrastando con cierto tufillo a jubileo ideológico, Néstor Kirchner defendió la posibilidad de los futuros jubilados de elegir por qué puerta de salida quieren irse de la vida laboral, si por el reparto que administra el Estado o por el sistema de capitalización individual de las AFJP. Esta veda, que ahora se levantó, regía inclusive para el mismo Presidente, quien estaba afiliado a una AFJP. En su momento, Kirchner abdicó de la "solidaridad" que ahora pregonan los exégetas del sistema estatal y optó por el privado, probablemente porque no debe haber encontrado por entonces en la bolsa del reparto un medio idóneo para asegurar su futuro.
Como se trata de una cuestión de conveniencia, cada persona deberá, simplemente, asesorarse para saber cuánto puede recoger del período de aportes estatales, ahora con un mejor cálculo del haber, ya que se pasó de 0,8% a 1,5% del sueldo promedio de los últimos años, por año aportado, y cuánto puede representar la cifra ahorrada en la cuenta individual para ser utilizada en los años de sobrevida que excederán al período laboral activo.
También tienen que saber que nada será seguro de aquí en más en ningún sistema, ya que la inflación, sin una movilidad acorde, puede licuar los haberes de los que se jubilen en el Estado y que las malas colocaciones pueden bajar el rendimiento de las cuentas individuales de las administradoras.
En su discurso, ante oídos que escuchaban lo que querían escuchar, el Presidente fustigó también, con algunas imprecisiones, a las administradoras, a las que vinculó con la maldad intrínseca de la década prohibida. La posibilidad de vuelta al Estado servirá de ahora en más para "recuperar la dignidad", tal como se dijo en la Casa Rosada. Sin embargo, en materia de dignidad y, sobre todo, de justicia hacia los futuros jubilados, a Kirchner seguramente no le pareció oportuno recordar que fue el mismo Estado que él hoy administra, el que obligó a las AFJP a llenarse de papeles incobrables (Fernando de la Rúa), los que luego defaulteó (Adolfo Rodríguez Saá), y que fue él mismo, ya Presidente, quien los canjeó con una quita nominal de 65%. (DyN)
Como se trata de una cuestión de conveniencia, cada persona deberá, simplemente, asesorarse para saber cuánto puede recoger del período de aportes estatales, ahora con un mejor cálculo del haber, ya que se pasó de 0,8% a 1,5% del sueldo promedio de los últimos años, por año aportado, y cuánto puede representar la cifra ahorrada en la cuenta individual para ser utilizada en los años de sobrevida que excederán al período laboral activo.
También tienen que saber que nada será seguro de aquí en más en ningún sistema, ya que la inflación, sin una movilidad acorde, puede licuar los haberes de los que se jubilen en el Estado y que las malas colocaciones pueden bajar el rendimiento de las cuentas individuales de las administradoras.
En su discurso, ante oídos que escuchaban lo que querían escuchar, el Presidente fustigó también, con algunas imprecisiones, a las administradoras, a las que vinculó con la maldad intrínseca de la década prohibida. La posibilidad de vuelta al Estado servirá de ahora en más para "recuperar la dignidad", tal como se dijo en la Casa Rosada. Sin embargo, en materia de dignidad y, sobre todo, de justicia hacia los futuros jubilados, a Kirchner seguramente no le pareció oportuno recordar que fue el mismo Estado que él hoy administra, el que obligó a las AFJP a llenarse de papeles incobrables (Fernando de la Rúa), los que luego defaulteó (Adolfo Rodríguez Saá), y que fue él mismo, ya Presidente, quien los canjeó con una quita nominal de 65%. (DyN)










