Pobrezas

La contundencia de los informes socioeconómicos son relativos. Por Marcelo Batiz - Agencia DyN.

25 Marzo 2007
BUENOS AIRES.- Los indicadores de pobreza e indigencia en el país correspondientes al segundo semestre del año pasado mostraron una sustancial mejora en las condiciones de vida en los últimos tres años.
Así lo entendió el propio presidente Néstor Kirchner cuando, en una actitud poco habitual, informó con un día de anticipación que el porcentaje de habitantes en condiciones de indigencia podría llegar a ser de un dígito, como finalmente se corroboró el miércoles por medio de un golpeado Indec, al que aparentemente sólo se le mete mano cuando los números no son favorables a la postura oficial.
Claro está que el Presidente no se limitó a destacar las estadísticas. Fiel a su estilo (o mejor dicho, al estilo de todos los presidentes de los que se tenga memoria) atribuyó el logro a las bondades de su gestión, a la que diferenció de las anteriores. Léase, en este caso, a la nefasta década del `90, de la que parece que nadie del elenco gubernamental tuvo la menor participación.
El 8,7% de indigencia y 26,9% de pobreza no tienen precedentes desde que se realiza la medición semestral en todos los aglomerados urbanos que componen la Encuesta Permanente de Hogares. La contundencia del dato es relativa, si se tiene en cuenta que esa forma de medición comenzó a emplearse en 2003; no incluye otros períodos de la historia reciente que hayan precedido a la actual administración. Dicho de otra manera, la pobreza y la indigencia de la gestión de Kirchner sólo pueden ser comparadas con sí mismas. No obstante, el vilipendiado Indec cuenta con informaciones valiosas que sirven para suplir la ausencia de esos datos.
Desde 1988 se mide la pobreza a razón de dos veces por año (abril o mayo y octubre) en el aglomerado del Gran Buenos Aires, el más populoso de la Argentina. En ese caso, los datos desagregados del último informe indican para la región una pobreza que abarca al 25,5% de las personas y al 18,2% de los hogares. Números incluso más alentadores que el 26,9% de los 31 aglomerados en total y ni qué hablar de los que se exhibían en mayo de 2003, en el inicio de la actual gestión presidencial: 39,4% de los hogares y 51,4% de las personas.

Una extraña confusión
Quizás a estos últimos porcentajes quiso referirse Kirchner en su mensaje a la Asamblea Legislativa del 1 de marzo, confundiéndolos (¿involuntariamente?) con los de la década del `90. Una extraña confusión si se tiene en cuenta que para encontrar niveles de pobreza similares o inferiores a los dados a conocer el pasado miércoles hay que remontarse... hasta la década del `90, un período que finalizó con el 18,9% de hogares y el 26,7% de las personas por debajo de la línea de pobreza, en octubre de 1999.
Una dirigencia en la que las palabras no van de la mano de los hechos lleva a esa paradoja: la década nefasta y la meta a alcanzar son la misma cosa. Tal vez un sinceramiento sería el remedio adecuado para solucionar el problema. Un primer paso en ese sentido podría ser recordar qué decían los actuales detractores de la década del `90 por esos tiempos. Por ejemplo, el 4 de agosto de 1994. "Sería injusto hablar únicamente desde la consigna o desde la mera crítica sobre este modelo. Debemos reconocer también sus logros. No podemos obviar que cuando recibimos el gobierno en 1989 éramos un país fragmentado, al borde de la disolución social, sin moneda y con un Estado sobredimensionado que como un Dios griego se comía a sus propios hijos. Entonces hubo que abordar una tarea muy difícil: reformular el Estado, reformarlo; reconstruir la economía; retornar a la credibilidad de los agentes económicos en cuanto a que era posible una Argentina diferente. Se hizo con mucho sacrificio, pero se logró incorporar definitivamente pautas de comportamiento en los argentinos: estabilidad, disciplina fiscal; son logros muy importantes".
Así lo señalaba la convencional constituyente por Santa Cruz, Cristina Fernández de Kirchner. Queda para las diferentes escuelas psicoanalíticas explicar por qué se refirió al menemismo en primera persona. Un abordaje desde la política permitiría comprobar que hay otras pobrezas, además de la económica y social. (DyN)


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