25 Marzo 2007 Seguir en 
La disminución del índice de pobreza durante la segunda mitad de 2006, al 26,9% del total de la población urbana del país (24 millones de habitantes) ha confirmado la paulatina recuperación de la tradicional clase media argentina. Así lo analiza el experto en economía laboral, Ernesto Kritz. En una entrevista telefónica con LA GACETA, el director ejecutivo de SEL Consultores indicó que, por el nivel de ingresos promedio, el 55% de los 7,3 millones de los hogares argentinos no son vulnerables a caer en situación de pobreza. Es lo que todos conocemos como la clase media argentina.
-¿Con los últimos resultados difundidos por el Indec, puede seguir cayendo el indicador de pobreza o estamos frente a un problema estructural?
-Creo que va a seguir reduciéndose, aunque me parece que tendrá sus límites, ya que la gente que queda en situación de pobreza tiene a su vez un tipo de inserción laboral que es extremadamente precario y, entre los pobres, hay una proporción elevada de desocupados y muy fundamentalmente con altos niveles de informalidad laboral, lo que implica salarios muy bajos, alta rotación, elevada precariedad. En el sector informal hay un dato al que le doy mucha importancia: el 75% de los trabajadores en negro no llega a cumplir un año de antigüedad en su trabajo.
-¿Por qué sucede eso?
- Porque están ocupados en empresas sumamente débiles, muy pequeñas, de menos de cinco o de 10 personas. Son empresas que tienen inconvenientes para ocupar personal permanente, cumpliendo con las regulaciones. Además, no es un dato menor que los salarios que ganan los informales sean más o menos la mitad de los que ganan los formales.
-¿Qué debería hacerse para cambiar ese panorama laboral?
-No es algo tan sencillo, ya que los empleadores adolecen de problemas muy serios. Hablo de pequeños talleres y comercios, de muy baja productividad que, en el fondo, cuando están eludiendo el pago de impuestos y de contribuciones, están compensando mecanismos de subsistencia. Creo que hay que adaptar la legislación, de alguna manera, a las posibilidades de las pequeñas empresas, para que estas unidades cumplan.
-¿Hoy, en la Argentina, es caro para un empleador formalizar a un trabajador?
-Lo más difícil para un empleador es poner el nivel de salarios de un trabajador informal al ritmo del sector formal. Prácticamente tendría que duplicarle el ingreso. Después de eso están las cuestiones vinculadas con las contribuciones y con las cargas que, frente a lo anterior, no aparecen como un problema central.
-¿El mercado de trabajo en el país acompaña el ritmo de crecimiento económico, respecto de la calificación de la mano de obra?
-En alguna medida sí, pero hay aún una proporción que no es menor de las demandas de las empresas formales que quedan vacantes porque no hay gente calificada. Cuando se le pregunta a un empresario cuál es su mayor dificultad en materia de recursos humanos, responde que escasea la oferta de competencias adecuadas, para decirlo técnicamente. Algo así como el 15% de la demanda laboral queda insatisfecha. Y esto demuestra que hay desocupados con baja calidad laboral y que no logran acceder a esos puestos por el desajuste importante entre la oferta y la demanda de calificación laboral.
-¿A su criterio, la doble indemnización debe continuar o debe desaparecer, cumpliendo con lo acordado, una vez que la desocupación se reduzca a un dígito en el país?
-Esa es una discusión de abogados. Algunos laboralistas dirán que no hace falta norma alguna para que desaparezca. A mi criterio, no creo que la eliminación de la doble indemnización genere un aumento del desempleo.
-¿El aumento salarial en debate debe tener algún tope?
-No creo. La negociación colectiva es un proceso de concepciones recíprocas y no es fácil conciliar lo que dicen las partes. Varía, según los sectores, las actividades o las empresas. Lo que es claro es que el aumento de salarios debe guardar relación con el crecimiento de la actividad empresarial y con la productividad del trabajo. En estas discusiones, hoy por hoy, los sectores de servicios son los que más dificultades tienen, ya que son los que menos o no se beneficiaron con la devaluación, en el que el costo laboral de hoy es más alto del que había antes de 2001. En el contexto general, creo que se llegarán a acuerdos salariales sin un panorama de gran conflictividad. Lo que está en duda es si esta suba se trasladará a los precios. Dudo de que una empresa baje la rentabilidad para cubrir el aumento.
-¿Cómo está el salario argentino respecto de otros períodos?
-Hubo una recuperación importante en sectores formales de la economía. A tal punto que, en términos de poder adquisitivo, es semejante a los de niveles precrisis. No tiene sentido compararlos en dólares, sino en precios internos por los bienes que se consumen.
-Desde el Gobierno afirman que la pobreza se redujo por los aumentos del salario mínimo y de los que se concedieron en los privados y por la mejora a los jubilados...
-El aumento de las jubilaciones mínimas, de alguna manera, ayudó a mejorar la situación socioeconómica. Me da la impresión de que esas medidas contribuyeron a sacar de la pobreza a sectores medios que habían llegado a esa situación con la crisis.
-¿Se recuperó la clase media?
-Diría que estamos frente a una clase media que ha logrado superar las pérdidas muy severas producidas durante la crisis, por la vía del empleo y del salario, lo cual no significa que el nivel de bienestar sea del todo satisfactorio y para todos. Hay muchos hogares que aún son vulnerables y no están tan lejos de la línea de pobreza. En situación no vulnerable diría que está un 55% del total de hogares (la clase media).
-¿La tasa de pobreza está mejor que en el período precrisis?
-Es más o menos semejante. De todos modos, estamos a un nivel precrisis, pero peor que en 1994 cuando había una tasa de pobreza del 17% en la Argentina. En realidad, si se la compara con el mejor momento de los 90, estamos peor. Y con respecto a los inicios de la crisis de 2001, igual, y si se la compara con el momento pleno de la crisis, estemos mejor. El resultado del nivel de pobreza dependerá del tiempo que se tome por referencia.
-¿Con los últimos resultados difundidos por el Indec, puede seguir cayendo el indicador de pobreza o estamos frente a un problema estructural?
-Creo que va a seguir reduciéndose, aunque me parece que tendrá sus límites, ya que la gente que queda en situación de pobreza tiene a su vez un tipo de inserción laboral que es extremadamente precario y, entre los pobres, hay una proporción elevada de desocupados y muy fundamentalmente con altos niveles de informalidad laboral, lo que implica salarios muy bajos, alta rotación, elevada precariedad. En el sector informal hay un dato al que le doy mucha importancia: el 75% de los trabajadores en negro no llega a cumplir un año de antigüedad en su trabajo.
-¿Por qué sucede eso?
- Porque están ocupados en empresas sumamente débiles, muy pequeñas, de menos de cinco o de 10 personas. Son empresas que tienen inconvenientes para ocupar personal permanente, cumpliendo con las regulaciones. Además, no es un dato menor que los salarios que ganan los informales sean más o menos la mitad de los que ganan los formales.
-¿Qué debería hacerse para cambiar ese panorama laboral?
-No es algo tan sencillo, ya que los empleadores adolecen de problemas muy serios. Hablo de pequeños talleres y comercios, de muy baja productividad que, en el fondo, cuando están eludiendo el pago de impuestos y de contribuciones, están compensando mecanismos de subsistencia. Creo que hay que adaptar la legislación, de alguna manera, a las posibilidades de las pequeñas empresas, para que estas unidades cumplan.
-¿Hoy, en la Argentina, es caro para un empleador formalizar a un trabajador?
-Lo más difícil para un empleador es poner el nivel de salarios de un trabajador informal al ritmo del sector formal. Prácticamente tendría que duplicarle el ingreso. Después de eso están las cuestiones vinculadas con las contribuciones y con las cargas que, frente a lo anterior, no aparecen como un problema central.
-¿El mercado de trabajo en el país acompaña el ritmo de crecimiento económico, respecto de la calificación de la mano de obra?
-En alguna medida sí, pero hay aún una proporción que no es menor de las demandas de las empresas formales que quedan vacantes porque no hay gente calificada. Cuando se le pregunta a un empresario cuál es su mayor dificultad en materia de recursos humanos, responde que escasea la oferta de competencias adecuadas, para decirlo técnicamente. Algo así como el 15% de la demanda laboral queda insatisfecha. Y esto demuestra que hay desocupados con baja calidad laboral y que no logran acceder a esos puestos por el desajuste importante entre la oferta y la demanda de calificación laboral.
-¿A su criterio, la doble indemnización debe continuar o debe desaparecer, cumpliendo con lo acordado, una vez que la desocupación se reduzca a un dígito en el país?
-Esa es una discusión de abogados. Algunos laboralistas dirán que no hace falta norma alguna para que desaparezca. A mi criterio, no creo que la eliminación de la doble indemnización genere un aumento del desempleo.
-¿El aumento salarial en debate debe tener algún tope?
-No creo. La negociación colectiva es un proceso de concepciones recíprocas y no es fácil conciliar lo que dicen las partes. Varía, según los sectores, las actividades o las empresas. Lo que es claro es que el aumento de salarios debe guardar relación con el crecimiento de la actividad empresarial y con la productividad del trabajo. En estas discusiones, hoy por hoy, los sectores de servicios son los que más dificultades tienen, ya que son los que menos o no se beneficiaron con la devaluación, en el que el costo laboral de hoy es más alto del que había antes de 2001. En el contexto general, creo que se llegarán a acuerdos salariales sin un panorama de gran conflictividad. Lo que está en duda es si esta suba se trasladará a los precios. Dudo de que una empresa baje la rentabilidad para cubrir el aumento.
-¿Cómo está el salario argentino respecto de otros períodos?
-Hubo una recuperación importante en sectores formales de la economía. A tal punto que, en términos de poder adquisitivo, es semejante a los de niveles precrisis. No tiene sentido compararlos en dólares, sino en precios internos por los bienes que se consumen.
-Desde el Gobierno afirman que la pobreza se redujo por los aumentos del salario mínimo y de los que se concedieron en los privados y por la mejora a los jubilados...
-El aumento de las jubilaciones mínimas, de alguna manera, ayudó a mejorar la situación socioeconómica. Me da la impresión de que esas medidas contribuyeron a sacar de la pobreza a sectores medios que habían llegado a esa situación con la crisis.
-¿Se recuperó la clase media?
-Diría que estamos frente a una clase media que ha logrado superar las pérdidas muy severas producidas durante la crisis, por la vía del empleo y del salario, lo cual no significa que el nivel de bienestar sea del todo satisfactorio y para todos. Hay muchos hogares que aún son vulnerables y no están tan lejos de la línea de pobreza. En situación no vulnerable diría que está un 55% del total de hogares (la clase media).
-¿La tasa de pobreza está mejor que en el período precrisis?
-Es más o menos semejante. De todos modos, estamos a un nivel precrisis, pero peor que en 1994 cuando había una tasa de pobreza del 17% en la Argentina. En realidad, si se la compara con el mejor momento de los 90, estamos peor. Y con respecto a los inicios de la crisis de 2001, igual, y si se la compara con el momento pleno de la crisis, estemos mejor. El resultado del nivel de pobreza dependerá del tiempo que se tome por referencia.
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