17 Marzo 2007 Seguir en 
El ajuste en los mercados continúa y el nerviosismo tiene su costo, porque los inversores colocan en todas las alternativas -monedas, bonos, acciones y commodities- que, por el contagio o en manada, mueven el flujo de los fondos en igual tiempo, coincidiendo para acoplar el valor de las cotizaciones. La corrección de los precios fluctúa porque recibe noticias alentadoras y también bajistas; el interrogante de lo que sucede es si la caída en las Bolsas emergentes afectó a los centros financieros o los problemas de las principales potencias están repercutiendo en los países en crecimiento. El mercado de capitales mundial señala sombras en el futuro, que sólo podrán despejarse a medida que se reduzcan o se corrijan las expectativas: la caída del dólar, la apreciación del yuan, el precio del petróleo y los commodities, el valor de los otros activos y la percepción de la realidad. Los observadores miran mucho a los Estados Unidos con su doble déficit agravado por la crisis de las hipotecas. Pero en el mundo los imponderables también son: las acciones del terrorismo, la proliferación de armas de destrucción, el calentamiento global, el colapso de la información por computación y otros. Todo un cúmulo de factores que interviene diariamente en la formación de los precios.
Aparecieron algunas señales: Europa y EE UU se decidieron por los biocombustibles: porque consideran que el 77% de la reservas petroleras del mundo son de empresas estatales que no responden al mercado y poco invierten en tecnología y mantenimiento, y se prevé una crisis: sólo en la China en 2006 se vendieron 6 millones de autos. Se trata -nada menos- de atenuar el efecto de los imponderables y controlar las variables que se pueda.
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