18 Marzo 2007 Seguir en 
BUENOS AIRES.- "En algunos lugares, las etapas preelectorales comenzaron a ser espacios cada vez más peligrosos. Los ?golpes de efecto? que se producen en esos períodos han hecho recordar a algunas jóvenes democracias los tristemente célebres ?golpes de Estado?". Cuando en agosto de 1997 el sociólogo Lelio Mármora escribió las palabras precedentes, no sospechaba que casi 10 años después, en un contexto completamente diferente, él mismo iba a pasar a ser una de las víctimas, como corolario (aunque en estas circunstancias todo final es inevitablemente provisorio) del "golpe" más duro que haya recibido el Indec en casi cuatro décadas de existencia.Con un mes de demora y el piadoso recurso de la licencia médica de por medio, Mármora siguió el camino de Graciela Bevacqua y Clyde Trabuchi en no ceder a las pretensiones oficiales de manejar las estadísticas conforme con las conveniencias políticas del momento. Mientras tanto, el Gobierno muestra su desconcierto ante las derivaciones de una decisión que tomó sin medir sus consecuencias.
Busca enderezar el rumbo que él mismo decidió torcer con la convocatoria de un "consejo de notables", sin advertir que la unanimidad de los profesionales estadísticos manifestó su apoyo incondicional a los técnicos desplazados. A no ser que se busque reclutar a personas "notables" por otras razones... En una confirmación del viejo principio que indica que la política no es más que economía concentrada, el caso Indec fue uno de los tantos que en las últimas semanas estalló en medio de las fintas previas a la campaña electoral que se avecina.
Los problemas exceden a los meramente estadísticos; el caso Indec lo supera, ya que la preocupación oficial radicó más en las consecuencias políticas de exhibirse ante la sociedad como incapaz de dominar una disparada inflacionaria que en los efectos indexatorios de la deuda, por más relevantes que estos sean. Es que la inflación repercute en el cortísimo plazo, y este es un año electoral.
Ligazones
Un corto plazo que es lo único que preocupa al Gobierno, a juzgar por las declaraciones de otra de las víctimas de los "golpes", el ex ministro de Economía bonaerense Gerardo Otero. Las ligazones entre la economía y la política son más que evidentes en este caso, al punto que fue un ministro de una provincia quien debió cargar el peso de una decisión tendiente a fortalecer las posibilidades electorales de un candidato de otro distrito.
Más allá de la justicia implícita en cualquier aumento salarial a los docentes, la medida se inscribe en un eterno cuello de botella, como es la falta de correspondencia entre recaudación y gasto público. Pero al margen de Otero, de Felipe Solá y de Buenos Aires, la Nación y las provincias estuvieron, están y seguirán estando en permanente tensión por el desfase señalado.
Las provincias concentran la mayor parte de los servicios sociales, pero es el Estado nacional el que domina el grifo de los recursos. En ese contexto, los médicos y los enfermeros de los hospitales provinciales y municipales tendrán que esperar la próxima candidatura de algún ministro de Salud...
Una espera que no seduce a los productores, a juzgar por la procedencia del actual gobernador bonaerense. De todos modos, el sector también encontró su víctima en el renunciante director de la Oncca, Marcelo Rossi, en medio de la carrera de Guillermo Moreno por abarcar áreas que exceden la responsabilidad de la Secretaría de Comercio Interior. Bevacqua, Trabuchi, Mármora, Otero y Rossi constituyen por el momento las víctimas políticas del área económica de las últimas semanas, ofrendadas en el altar de la campaña electoral. ¿Quién será la próxima? (DyN)
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