18 Marzo 2007 Seguir en 
Con una Argentina que crece a "tasas chinas" (una simbología para decir que el crecimiento es equivalente al 9% anual), es poco probable que en el corto plazo se esté al borde de una explosión. Sin embargo, no duda de que el país atraviesa un proceso tardío de "imbalances" (desequilibrios o desvíos) en algunas metas del programa económico. Por esa razón, el economista Carlos Melconian clama a gritos: "el modelo económico necesita un service" para corregir aquellos desbalances. En una entrevista telefónica con LA GACETA, Melconian sigue postulando aquello de que "el Gobierno quiere la chancha y los 20", en lugar de buscar equilibrios para que los ajustes (si hay que aplicarlos luego) no sean tan drásticos.
-¿Cómo observa que el PBI de 2006 haya sido del 8,5% y que ese resultado sólo sea superado por Venezuela y por Cuba en el continente?
-Lo primero que hay que decir es que ver en marzo las cifras del crecimiento argentino de 2006 es casi una cuestión anecdotaria. Sale la riquísima información que nutre al análisis (por eso hay que mantener bien al Indec), pero sólo como simbología del crecimiento económico. Que sólo sea superado por Venezuela y Cuba es una muestra que la Argentina creció fuerte en los últimos cuatro años, que cuando uno mira la serie en un período de 10 o 20 años, da un empate respecto del resto de los países. Lo que sucede es que, cuando en la Argentina estas cuentas se hacen en épocas de diarrea, también es la diarrea mayor porque viene desde un -20% de crecimiento para después tener cuatro años de crecimiento. Un brasileño me decía días pasados de por qué no cotejamos cómo da la serie desde los 80 para ver cómo da. Y la verdad que, en materia de crecimiento, da empate frente al Brasil.
-Hace un tiempo, usted decía que la diferencia entre la Argentina y Brasil es que este último tenía confianza y buen clima de negocios y sólo demanda y rentabilidad en el caso argentino...
-Lo que decía es que Lula Da Silva estaba ocupando un rol de seductor del clima de negocios y esto quedó totalmente ratificado hace poco. Aquello lo dije el año pasado y fíjense que la próxima reunión (entre el presidente de EE UU, George W. Bush y Lula) será en Camp David, pone a Lula como el líder natural de América Latina. Brasil está ocupando un rol de mediano plazo y un ejemplo de ese posicionamiento son las compras de empresas argentinas por parte de grupos de aquel país. Está metido en otra ruta. En términos de política macroeconómica de corto plazo, Brasil es la antítesis argentina y a mi gusto mal. Porque está en un exceso de sobreajuste con una tasa de interés real ampliamente positiva. Está puesto en el sentido contrario de la Argentina tanto en la seducción y la inversión, con la mirada de mediano y de largo plazo, que es lo correcto, pero macroeconómicamente, la Argentina va a 180 km por hora con inflación de dos dígitos, tasas de interés supernegativas, mientras que Brasil va a 2 km por hora con tasas superpositivas y con alguna necesidad de mejorar el consumo y el mercado interno. Sueño con el equilibrio entre Brasil y la Argentina en términos de política macroeconómica.
-¿Qué ruta transita la Argentina?¿Seduce al inversor?
-Está en una ruta donde hay demanda, hay rentabilidad, pero es una cosa muy casera. En términos de PBI, la inversión extranjera cayó; esto no significa que no haya inversión local. Significa que la Argentina es un encadenamiento de aprovechamiento de oportunidades. Lo que se verá a futuro es que si ese encadenamiento es de mediano plazo o si se pincha. Eso está en discusión. Lo que se puede observar es que el país está bien para el corto plazo, pero no se vislumbra que hagan algo por el mediano plazo, si es que están sembrando.
-¿Cómo puede afectar al país los vaivenes de las Bolsas mundiales?
-Lo de las Bolsas y del mercado financiero está encapsulado. Argentina es un país que, hablando en términos de mercado de capitales y de finanzas, está totalmente descolgado del mundo. Argentina, como país soberano, no ha vuelto a los mercados. Y de eso no se generan hecatombes de ningún tipo. Lamentablemente, el país está desenganchado.
-¿Que sucederá con los precios de las commodities?
-En materia de precios internacionales, creo que China tiene que tener un gran conflicto para que a partir de ese proceso se derrumbe el precio de las commodities. Lo del otro día (el martes negro de las Bolsas asiáticas) fue un golpecito, pero el principal factor a mirar es la economía de Estados Unidos. Si entra o no en recesión, porque EE UU está alimentando la venta de bienes del mundo y las reservas mundiales, como las de Argentina o de China y las que ganan la mitad del planeta. Esas reservas se ganan merced al gran déficit comercial norteamericano. Si los americanos ajustan ese déficit, con gradualismo, entonces puede ser que sufran las commodities. Por ahora, todo está tranquilo.
-¿Hacia dónde va la inflación de la Argentina?
-A más de lo que hay no creo, pero sí que está en los dos dígitos. Es irreal la actual, pero el Gobierno comete el siguiente error: cuando se obsesiona tanto en ponerlo a un dígito, primero modificando las estadísticas y ahora tocando el índice, la gente cree que hay más inflación de la que hay. Y no hay más de la que hay; existe una inflación del 14% o del 15%, pero no es del 9% ni tampoco del 25% anual.
-Usted señala que, generalmente, los superávit son una moda...
-El fenómeno cíclico internacional ha hecho tener superávit a todos. En los 80 fue una década perdida y de fuerte endeudamiento. En los 90, con el Plan Brady todos arreglaron y volvieron a los mercados de bonos. Luego vino el repudio ruso, el cuasirepudio brasileño (protegieron deuda y luego devaluaron) y llegó el argentino. Todos se reencausaron; todos le pagaron al FMI y acumulan reservas. Nada mas que en otros países se lo anuncia a través del Ministerio de Economía y con tres renglones. En la Argentina se arma un show.
-¿El modelo económico argentino necesita cambios; precisa un reajuste?
- El modelo necesita un service. Lo dije antes que lo postulara Alan Greenspan (ex titular de la Reserva Federal de EE UU) cuando hablaba después de cinco años de crecimiento americano. En la economía argentina hay imbalances (desvíos, desequilibrios). Pero decir que necesita un service no significa tirar todo por el aire y que está todo mal y que el programa dio todo lo que tenía que dar. Necesita integralidad, equipo, diagnóstico y diálogo. Precisa empalmar el corto con el mediano plazo pero no con un plan quinquenal que termina siendo biblioratos de algo que después no es cumple. Hay que buscar los equilibrios.
-¿Con un tipo de cambio alto o con tasas elevadas de crecimiento?
-Hay variables que son claves, pero no se pueden meter todas en una misma bolsa. Entre 2003 y 2005, las políticas expansivas fueron adecuadas en su instrumentación. En 2005, la inflación mostró una manera explícita de desalineamiento. Tuvo una tasa del 12%, cuatro veces superior a la inflación internacional. Cuando aparecen cosas como esas se requiere debate, equipos, hojas de ruta. Eso es lo que no apareció en 2006, en donde volvió a ganar la batalla la idea de ir por todo. Y este año (el Gobierno) quiere la chancha y los 20: un tipo de cambio alto, crecer fuerte, inflación a un dígito, subas salariales, créditos, energía y congelamiento. En lugar de haber buscado el equilibrio para no ser drástico después, va por más y en el país estamos frente a un proceso tardío de imbalances.
-¿Cómo observa que el PBI de 2006 haya sido del 8,5% y que ese resultado sólo sea superado por Venezuela y por Cuba en el continente?
-Lo primero que hay que decir es que ver en marzo las cifras del crecimiento argentino de 2006 es casi una cuestión anecdotaria. Sale la riquísima información que nutre al análisis (por eso hay que mantener bien al Indec), pero sólo como simbología del crecimiento económico. Que sólo sea superado por Venezuela y Cuba es una muestra que la Argentina creció fuerte en los últimos cuatro años, que cuando uno mira la serie en un período de 10 o 20 años, da un empate respecto del resto de los países. Lo que sucede es que, cuando en la Argentina estas cuentas se hacen en épocas de diarrea, también es la diarrea mayor porque viene desde un -20% de crecimiento para después tener cuatro años de crecimiento. Un brasileño me decía días pasados de por qué no cotejamos cómo da la serie desde los 80 para ver cómo da. Y la verdad que, en materia de crecimiento, da empate frente al Brasil.
-Hace un tiempo, usted decía que la diferencia entre la Argentina y Brasil es que este último tenía confianza y buen clima de negocios y sólo demanda y rentabilidad en el caso argentino...
-Lo que decía es que Lula Da Silva estaba ocupando un rol de seductor del clima de negocios y esto quedó totalmente ratificado hace poco. Aquello lo dije el año pasado y fíjense que la próxima reunión (entre el presidente de EE UU, George W. Bush y Lula) será en Camp David, pone a Lula como el líder natural de América Latina. Brasil está ocupando un rol de mediano plazo y un ejemplo de ese posicionamiento son las compras de empresas argentinas por parte de grupos de aquel país. Está metido en otra ruta. En términos de política macroeconómica de corto plazo, Brasil es la antítesis argentina y a mi gusto mal. Porque está en un exceso de sobreajuste con una tasa de interés real ampliamente positiva. Está puesto en el sentido contrario de la Argentina tanto en la seducción y la inversión, con la mirada de mediano y de largo plazo, que es lo correcto, pero macroeconómicamente, la Argentina va a 180 km por hora con inflación de dos dígitos, tasas de interés supernegativas, mientras que Brasil va a 2 km por hora con tasas superpositivas y con alguna necesidad de mejorar el consumo y el mercado interno. Sueño con el equilibrio entre Brasil y la Argentina en términos de política macroeconómica.
-¿Qué ruta transita la Argentina?¿Seduce al inversor?
-Está en una ruta donde hay demanda, hay rentabilidad, pero es una cosa muy casera. En términos de PBI, la inversión extranjera cayó; esto no significa que no haya inversión local. Significa que la Argentina es un encadenamiento de aprovechamiento de oportunidades. Lo que se verá a futuro es que si ese encadenamiento es de mediano plazo o si se pincha. Eso está en discusión. Lo que se puede observar es que el país está bien para el corto plazo, pero no se vislumbra que hagan algo por el mediano plazo, si es que están sembrando.
-¿Cómo puede afectar al país los vaivenes de las Bolsas mundiales?
-Lo de las Bolsas y del mercado financiero está encapsulado. Argentina es un país que, hablando en términos de mercado de capitales y de finanzas, está totalmente descolgado del mundo. Argentina, como país soberano, no ha vuelto a los mercados. Y de eso no se generan hecatombes de ningún tipo. Lamentablemente, el país está desenganchado.
-¿Que sucederá con los precios de las commodities?
-En materia de precios internacionales, creo que China tiene que tener un gran conflicto para que a partir de ese proceso se derrumbe el precio de las commodities. Lo del otro día (el martes negro de las Bolsas asiáticas) fue un golpecito, pero el principal factor a mirar es la economía de Estados Unidos. Si entra o no en recesión, porque EE UU está alimentando la venta de bienes del mundo y las reservas mundiales, como las de Argentina o de China y las que ganan la mitad del planeta. Esas reservas se ganan merced al gran déficit comercial norteamericano. Si los americanos ajustan ese déficit, con gradualismo, entonces puede ser que sufran las commodities. Por ahora, todo está tranquilo.
-¿Hacia dónde va la inflación de la Argentina?
-A más de lo que hay no creo, pero sí que está en los dos dígitos. Es irreal la actual, pero el Gobierno comete el siguiente error: cuando se obsesiona tanto en ponerlo a un dígito, primero modificando las estadísticas y ahora tocando el índice, la gente cree que hay más inflación de la que hay. Y no hay más de la que hay; existe una inflación del 14% o del 15%, pero no es del 9% ni tampoco del 25% anual.
-Usted señala que, generalmente, los superávit son una moda...
-El fenómeno cíclico internacional ha hecho tener superávit a todos. En los 80 fue una década perdida y de fuerte endeudamiento. En los 90, con el Plan Brady todos arreglaron y volvieron a los mercados de bonos. Luego vino el repudio ruso, el cuasirepudio brasileño (protegieron deuda y luego devaluaron) y llegó el argentino. Todos se reencausaron; todos le pagaron al FMI y acumulan reservas. Nada mas que en otros países se lo anuncia a través del Ministerio de Economía y con tres renglones. En la Argentina se arma un show.
-¿El modelo económico argentino necesita cambios; precisa un reajuste?
- El modelo necesita un service. Lo dije antes que lo postulara Alan Greenspan (ex titular de la Reserva Federal de EE UU) cuando hablaba después de cinco años de crecimiento americano. En la economía argentina hay imbalances (desvíos, desequilibrios). Pero decir que necesita un service no significa tirar todo por el aire y que está todo mal y que el programa dio todo lo que tenía que dar. Necesita integralidad, equipo, diagnóstico y diálogo. Precisa empalmar el corto con el mediano plazo pero no con un plan quinquenal que termina siendo biblioratos de algo que después no es cumple. Hay que buscar los equilibrios.
-¿Con un tipo de cambio alto o con tasas elevadas de crecimiento?
-Hay variables que son claves, pero no se pueden meter todas en una misma bolsa. Entre 2003 y 2005, las políticas expansivas fueron adecuadas en su instrumentación. En 2005, la inflación mostró una manera explícita de desalineamiento. Tuvo una tasa del 12%, cuatro veces superior a la inflación internacional. Cuando aparecen cosas como esas se requiere debate, equipos, hojas de ruta. Eso es lo que no apareció en 2006, en donde volvió a ganar la batalla la idea de ir por todo. Y este año (el Gobierno) quiere la chancha y los 20: un tipo de cambio alto, crecer fuerte, inflación a un dígito, subas salariales, créditos, energía y congelamiento. En lugar de haber buscado el equilibrio para no ser drástico después, va por más y en el país estamos frente a un proceso tardío de imbalances.
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