20 Mayo 2006 Seguir en 
José Alperovich encabeza el huracán que produce cambios en la vida tucumana. Con su estilo dinámico -que reproduce el de Néstor Kirchner a nivel nacional- ya no avanza sólo mostrando obras sino que está construyendo poder y se prepara para quedarse muchos años, sabiendo que su imagen crece, y que mientras haya movimiento y cambios ostensibles en la comunidad, habrá una oposición sin argumentos, sin ideas, aplastada, sin seguidores. El contexto lo favorece y todo parece coincidir con su proyecto. Por eso ahora explicita en voz alta lo que antes pensaba sin gritarlo: quiere permanecer y disfrutar de las mieles del poder. Como Kirchner, como todos los políticos en funciones en el país que, en estos días, cuentan con el aditamento extra del flujo de dinero que acalla las voces críticas.
Los cambios que se están haciendo impactarán necesariamente en la sociedad en el futuro y por mucho tiempo. La Constitución que diseñan los hombres de Alperovich estará hecha según los deseos del gobernador -él mismo enfatiza que puso a los 36 convencionales y que hacen lo que les dice-, y estos se están esforzando por pavimentarle lo mejor posible el camino. Quieren otorgarle reelección desde el próximo período para que esté nueve años más en el poder; procurarán lograr que sea prácticamente imposible someterlo a juicio político y permitirán que los legisladores sean aún más dependientes al permitir que no renuncien a la banca si asumen un cargo en el Ejecutivo. Ya intentaron poner un Consejo de la Magistratura con dictámenes no vinculantes y dieron vuelta su idea sólo cuando el mismo Alperovich les ordenó cambiarla. Igual, el Poder Judicial -al menos un sector- está inquieto por las deliberaciones secretas de la Convención y porque no se sabe si se avanzará sobre la independencia de los jueces .
¿A la sociedad le importa esto? Habría que pensarlo. A la gente le gusta que se hagan obras, que se vea que se hacen cosas. Eso es lo que les pide, básicamente, a los políticos, y por no hacerlo los ha cuestionado siempre.
Dos caras
Y ahora se ven obras. Como el gobernador se mete en todo, la sensación es que las obras de la provincia y las municipales son de Alperovich. Ningún gobernante de los últimos tiempos ha capitalizado tanto como él. Eso es crearse una buena imagen. Por eso, él desconcierta. Parece a la vez progresista y autoritario; no se le cae la democracia de la boca y él se sustenta en los votos, mientras exige que se haga lo que él quiere y domina con mano férrea a sus hombres. En tanto haya dinero y obras, sabe que las críticas en su contra serán sólo fuegos de artificio. "No cederé el poder que me dieron los tucumanos con el voto", dice. "Con el voto, la gente pone en sus representantes el destino de la provincia", agrega, con lo que declara que considera que le dieron un cheque en blanco. Da por sentado que se entiende que él sabe gastar.
Hoy ya no se critica a los políticos; y aunque los que están en segundo plano son los mismos que hace cinco años casi no podían salir a la calle por los escraches, hoy Alperovich puede justificar que sean políticos los que eligen a los jueces. "Ellos tienen la representación de la gente", dice.
Es más, la satisfacción social que genera el movimiento de dinero ha permitido que los gobernantes avancen sobre las instituciones para eludir los controles. Por eso, el intendente Domingo Amaya quiere poder comprar sin licitación. Se da la idea de que hace falta rapidez para hacer cosas y que los mecanismos de control en realidad son una burocracia que paraliza todo.
Estamos en un punto de inflexión y de riesgo. ¿Y si los gobernantes de hoy se equivocan? ¿Quién los controlará mañana, si las instituciones serán mucho más débiles y ellos, cuando sean casi reyes, tendrán mucho más poder?
Los cambios que se están haciendo impactarán necesariamente en la sociedad en el futuro y por mucho tiempo. La Constitución que diseñan los hombres de Alperovich estará hecha según los deseos del gobernador -él mismo enfatiza que puso a los 36 convencionales y que hacen lo que les dice-, y estos se están esforzando por pavimentarle lo mejor posible el camino. Quieren otorgarle reelección desde el próximo período para que esté nueve años más en el poder; procurarán lograr que sea prácticamente imposible someterlo a juicio político y permitirán que los legisladores sean aún más dependientes al permitir que no renuncien a la banca si asumen un cargo en el Ejecutivo. Ya intentaron poner un Consejo de la Magistratura con dictámenes no vinculantes y dieron vuelta su idea sólo cuando el mismo Alperovich les ordenó cambiarla. Igual, el Poder Judicial -al menos un sector- está inquieto por las deliberaciones secretas de la Convención y porque no se sabe si se avanzará sobre la independencia de los jueces .
¿A la sociedad le importa esto? Habría que pensarlo. A la gente le gusta que se hagan obras, que se vea que se hacen cosas. Eso es lo que les pide, básicamente, a los políticos, y por no hacerlo los ha cuestionado siempre.
Dos caras
Y ahora se ven obras. Como el gobernador se mete en todo, la sensación es que las obras de la provincia y las municipales son de Alperovich. Ningún gobernante de los últimos tiempos ha capitalizado tanto como él. Eso es crearse una buena imagen. Por eso, él desconcierta. Parece a la vez progresista y autoritario; no se le cae la democracia de la boca y él se sustenta en los votos, mientras exige que se haga lo que él quiere y domina con mano férrea a sus hombres. En tanto haya dinero y obras, sabe que las críticas en su contra serán sólo fuegos de artificio. "No cederé el poder que me dieron los tucumanos con el voto", dice. "Con el voto, la gente pone en sus representantes el destino de la provincia", agrega, con lo que declara que considera que le dieron un cheque en blanco. Da por sentado que se entiende que él sabe gastar.
Hoy ya no se critica a los políticos; y aunque los que están en segundo plano son los mismos que hace cinco años casi no podían salir a la calle por los escraches, hoy Alperovich puede justificar que sean políticos los que eligen a los jueces. "Ellos tienen la representación de la gente", dice.
Es más, la satisfacción social que genera el movimiento de dinero ha permitido que los gobernantes avancen sobre las instituciones para eludir los controles. Por eso, el intendente Domingo Amaya quiere poder comprar sin licitación. Se da la idea de que hace falta rapidez para hacer cosas y que los mecanismos de control en realidad son una burocracia que paraliza todo.
Estamos en un punto de inflexión y de riesgo. ¿Y si los gobernantes de hoy se equivocan? ¿Quién los controlará mañana, si las instituciones serán mucho más débiles y ellos, cuando sean casi reyes, tendrán mucho más poder?
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