18 Mayo 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES.- La plaza histórica se ha convertido nuevamente y, después de numerosos años, en el eje de la política nacional, como demuestra el hecho de que el presidente Kirchner le ha dedicado la mayor parte de su discurso en un acto ajeno a la concentración del 25.
El escenario fue la Casa Rosada y el tema formal, la concesión de fondos para pavimentos comunales cordobeses. Fue la primera ocasión en que el jefe del Gobierno aludió al festejo, formalizando así una convocatoria explícita puesta en marcha por un gigantesco aparato que, por el número calculado, excede sobradamente la capacidad de la Plaza de Mayo.
El mensaje fue áspero y, naturalmente, tomando por blancos a la oposición y al periodismo, y asegurando que se tratará de una cita patriótica y nada comprometida con candidatura alguna. Kirchner se quejó de la prensa porque, dijo, no lo deja hablar, algo que podría superar si la convocara a alguna reunión, como la sugerida por uno de sus hombres de mayor confianza, pero que descartó de inmediato.
El 25 de Mayo será, pues, el tema esencial de estos días y de sus alcances dependerá una estrategia muy compleja para encarar el proceso electoral del año próximo. Esta consiste en presentar la reelección presidencial encabezando una concertación o alianza donde el Partido Justicialista sería una de las partes, y el radicalismo contribuiría con una costosa cuota. “Eso se verá el 25”, respondió al Panorama uno de los operadores.
La fórmula mágica
Por supuesto que la reunión de Kirchner con Alfonsín, a propósito del financiamiento de una estación en Chascomús, nada tuvo que ver con aquella operación, pero, la oportunidad en que el encuentro se produjo fue calculada por sus estrategas como un gesto de simpatía hacia un radicalismo desconcertado. Lógicamente, el ex presidente no pudo negarse al encuentro, a pesar de sus recientes críticas al anfitrión, pero su lógica actitud es ahora valorada con inquietud en la conducción radical. El aparato movilizador del 25 aún depara nuevas sorpresas hasta entonces y, para después, ya se conoce que a partir de esa jornada se producirán mensajes a Kirchner de numerosas organizaciones ad hoc, que le solicitarán que acepte la reelección, sobre la cual ha dicho que es prematuro hablar, y la convertirán así en tema de cabecera del debate político. Sólo a una grosera especulación podría ocurrírsele que Kirchner se iría a su casa cuando finalice el mandato. El Presidente está ahora en otra cosa muy diferente y le asigna a la repercusión favorable del 25 la posibilidad de elegir como acompañante en la fórmula a una expectante figura radical. “¿Acaso quieren que yo vaya a organizar a la oposición?”, se preguntaba Kirchner paradojalmente, al imputar a sus críticos la notoria incapacidad para lograrlo. (De nuestra Sucursal)
El escenario fue la Casa Rosada y el tema formal, la concesión de fondos para pavimentos comunales cordobeses. Fue la primera ocasión en que el jefe del Gobierno aludió al festejo, formalizando así una convocatoria explícita puesta en marcha por un gigantesco aparato que, por el número calculado, excede sobradamente la capacidad de la Plaza de Mayo.
El mensaje fue áspero y, naturalmente, tomando por blancos a la oposición y al periodismo, y asegurando que se tratará de una cita patriótica y nada comprometida con candidatura alguna. Kirchner se quejó de la prensa porque, dijo, no lo deja hablar, algo que podría superar si la convocara a alguna reunión, como la sugerida por uno de sus hombres de mayor confianza, pero que descartó de inmediato.
El 25 de Mayo será, pues, el tema esencial de estos días y de sus alcances dependerá una estrategia muy compleja para encarar el proceso electoral del año próximo. Esta consiste en presentar la reelección presidencial encabezando una concertación o alianza donde el Partido Justicialista sería una de las partes, y el radicalismo contribuiría con una costosa cuota. “Eso se verá el 25”, respondió al Panorama uno de los operadores.
La fórmula mágica
Por supuesto que la reunión de Kirchner con Alfonsín, a propósito del financiamiento de una estación en Chascomús, nada tuvo que ver con aquella operación, pero, la oportunidad en que el encuentro se produjo fue calculada por sus estrategas como un gesto de simpatía hacia un radicalismo desconcertado. Lógicamente, el ex presidente no pudo negarse al encuentro, a pesar de sus recientes críticas al anfitrión, pero su lógica actitud es ahora valorada con inquietud en la conducción radical. El aparato movilizador del 25 aún depara nuevas sorpresas hasta entonces y, para después, ya se conoce que a partir de esa jornada se producirán mensajes a Kirchner de numerosas organizaciones ad hoc, que le solicitarán que acepte la reelección, sobre la cual ha dicho que es prematuro hablar, y la convertirán así en tema de cabecera del debate político. Sólo a una grosera especulación podría ocurrírsele que Kirchner se iría a su casa cuando finalice el mandato. El Presidente está ahora en otra cosa muy diferente y le asigna a la repercusión favorable del 25 la posibilidad de elegir como acompañante en la fórmula a una expectante figura radical. “¿Acaso quieren que yo vaya a organizar a la oposición?”, se preguntaba Kirchner paradojalmente, al imputar a sus críticos la notoria incapacidad para lograrlo. (De nuestra Sucursal)
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