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Los avances sobre el Poder Judicial. Por Juan Manuel Montero

18 Mayo 2006
“Si hay algo con lo que no me voy a meter es con la Justicia. Es el único poder no político, y como tal, que sea independiente, es lo mejor que nos puede pasar”. Las palabras de José Alperovich, a más de 10.000 metros de altura, sonaron firmes. “En la Legislatura yo tengo que tener mi gente, pero el Poder Judicial es el refugio de los ciudadanos. Ahí, no me meto”, declamó con seguridad. Tal vez al bajar del Cessna Citation en el que iba a Buenos Aires con su ministro de Seguridad Mario López Herrera para pedir ayuda en la resolución del crimen de Paulina Lebbos sufrió el síndrome de la clase turista, ya que se olvidó de sus propias palabras. Su Convención Constituyente está haciendo todo lo posible por cercar al Poder Judicial, tanto que el propio presidente del Colegio de Abogados, Antonio Bustamante advirtió que se está ante una crisis institucional gravísima y hay quienes pretenden abrazarlo para defenderlo.
Si hay algo que Alperovich no quería es que el texto de la Carta Magna quedara a merced de los miembros de la Corte Suprema de Justicia, y por eso ordenó revisar cada punto y cada coma, para que nada sea pasible de judicialización. Pero se sabía que, tarde o temprano, los magistrados supremos iban a tener que atender las presentaciones. Primero fue el PO, cuyos integrantes aún no entendieron que en el juego de la política la presencia es fundamental y que sus seguidores los eligieron para que estén; luego el Ave Fénix Esteban Jerez, que de golpe recordó que el próximo año hay elecciones, por lo que debía recobrar algo de protagonismo, y finalmente el del Colegio de Abogados. Y, a pesar de que el barco que comanda el ministro Juan Manzur pretendía llegar a puerto el 9 de julio, los nubarrones que aparecen en el horizonte anuncian un vendaval.
Mucho se comentó el viaje que hicieron a Buenos Aires el primer mandatario y el presidente de la Corte Suprema, Alfredo Dato, para negociar la extensión del régimen jubilatorio del que gozan los jueces federales a los magistrados tucumanos. Se trató sin dudas de un movimiento de ajedrez del gobernador. Más de 50 magistrados se retirarían del Poder Judicial si obtienen el 82% móvil en su jubilación. Alperovich amagó ir para un lado, lo que levantó a la platea judicial, pero salió por el otro, y dejó a todos con la boca abierta. Les dio el gusto de recrear el Consejo Asesor de la Magistratura (derogado por él mismo), que seleccionará a los postulantes a través de un concurso de antecedentes y oposición, y accedió a que las ternas sean vinculantes para el Ejecutivo. Pero otra idea aún no tiene definición. Si se da lo que el Ejecutivo quiere, la composición de un Jury de Enjuiciamiento, con mayoría del poder político no dudará en sacarse de encima a quienes consideren díscolos. Ergo, nada cambiará y, tal como sucedió en los últimos años, quienes ocupen los despachos del Palacio de Tribunales lo harán tras el visto bueno del primer mandatario y de su ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez. Ya hay quienes se están probando la toga y hasta contrataron al fotógrafo que los retratará cuando juren.
Poder, de eso se trata de juego. Cada paso que da el gobernador lo hace pensando en qué más obtendrá. Incluso, advierte que le falta poner un pie dentro de la Corte, y espera que la jubilación también tiente a alguno de los magistrados para poder hacer otro sueño realidad. Temor es la otra palabra que Alperovich infunde, y lo reconoció él mismo. Tal vez por eso nadie le dice no. Dinero es la que completa el trípode sobre el que se asienta la gestión. Las arcas llenas aseguran obras, felicidad y votos. Antes de la que la Constituyente comenzara a sesionar, el gobernador sabía que sería reelecto. Sólo le faltaba plasmarlo en el papel. Y puso a 36 escribas para redactarlo. Habrá que ver si el único poder que él dice querer independiente le permite avanzar sin sobresaltos.






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