17 Mayo 2006 Seguir en 
Comparten los objetivos y las ambiciones políticas. Uno dice que la desocupación bajará a un dígito antes de fines de año y el otro lo repite. Ese otro grita, a los cuatro vientos, que pretende ser reelecto en los comicios de 2007, mientras que el primero aún pretende alargar algo que, en los círculos políticos se considera un hecho: llevar el mismo apellido en la boleta oficialista.
El primero es el presidente, Néstor Kirchner; el otro, el gobernador, José Alperovich. Ambos están atados a la suerte de los indicadores socioeconómicos que, hasta ahora, les resultan favorables en una Argentina, cuya economía sigue creciendo y cuyo sector público recauda impuestos a valores récord. No parece que el objetivo, la reelección, vaya a encontrar piedras en el camino. En el escenario político no apareció hasta ahora oposición alguna que haga peligrar el reinado del primero; el del otro tampoco.
Ellos son los protagonistas excluyentes de sus gestiones; los ministros son, más que siempre, fusibles de la administración y casi ninguno saca la cabeza -por temor a la decapitación- para demostrar que tiene autonomía de vuelo como para aspirar a una carrera política.
De todas formas, Kirchner y Alperovich quieren contar con estructuras partidarias propias, pero no se animan aún a dar el paso. Sus proyectos personales se asientan aún sobre la histórica base del Partido Justicialista. Ni Daniel Scioli ni Fernando Juri, compañeros de fórmula, están en condiciones de hacerles sombra. Incluso, los mandatarios avanzan sobre otros poderes, como el Legislativo, con decretos que, en muchos casos, sólo atienden la necesidad y la urgencia del poder de turno, más que la de la sociedad.
Son estilos de gobernar. Uno apela a la verborragia como principal arma de ofensiva; el otro a impulsos que, en muchos casos, lo llevan a cometer errores que tiempo después debe corregir para no sensibilizar los ánimos del electorado que concurrirá a las urnas el año que viene.
El fiel escudero
Así las cosas, la suerte del otro está atada a la del primero. Kirchner quiere seguir sumando y consolidando su estructura con gobernadores afines. Alperovich integra ese grupo. Por eso, el lunes, cerca del mediodía, no dudó en paralizar sus actividades para atender el llamado telefónico.
- Necesito tu apoyo, dicen que dijo el primero, desde la Casa Rosada.
- Estoy a su disposición, respondió el otro, desde Tucumán.
A ocho días de la Plaza del sí, el Presidente intenta convocar al acto por el 25 de Mayo a la mayor cantidad de argentinos. Argumenta que se trata de una fecha patria, pero todos saben que hay un objetivo político, llamado respaldo a la reelección, como cuestión de fondo.
Bastó el llamado para que Alperovich comenzara a organizar la columna que recorrerá los casi 1.312 kilómetros que separan, geográficamente, a Tucumán del corazón del poder: la Capital Federal. Se comunicó con dirigentes políticos, con legisladores y hasta con intendentes, para establecer quién estaba dispuesto a movilizar gente y de cuántos colectivos dispondrá para el operativo “25 de Mayo”. Cuatro mil personas parece ser el número que se maneja en la Casa de Gobierno. De todas formas, Alperovich no le prometió al presidente de la Nación una cifra concreta; la charla telefónica duró sólo dos minutos. Según los moradores del palacio de 25 de Mayo y San Martín, las muestras de apoyo sirven para consolidar las relaciones políticas; sobre todo cuando la Nación no retacea recursos para que Alperovich pueda seguir haciendo política, más allá de que él diga que sólo gestiona.
El primero lanzó la taba al aire; el otro intentará que esa taba caiga del lado correcto para seguir recibiendo la millonaria ayuda del poder nacional.
El primero es el presidente, Néstor Kirchner; el otro, el gobernador, José Alperovich. Ambos están atados a la suerte de los indicadores socioeconómicos que, hasta ahora, les resultan favorables en una Argentina, cuya economía sigue creciendo y cuyo sector público recauda impuestos a valores récord. No parece que el objetivo, la reelección, vaya a encontrar piedras en el camino. En el escenario político no apareció hasta ahora oposición alguna que haga peligrar el reinado del primero; el del otro tampoco.
Ellos son los protagonistas excluyentes de sus gestiones; los ministros son, más que siempre, fusibles de la administración y casi ninguno saca la cabeza -por temor a la decapitación- para demostrar que tiene autonomía de vuelo como para aspirar a una carrera política.
De todas formas, Kirchner y Alperovich quieren contar con estructuras partidarias propias, pero no se animan aún a dar el paso. Sus proyectos personales se asientan aún sobre la histórica base del Partido Justicialista. Ni Daniel Scioli ni Fernando Juri, compañeros de fórmula, están en condiciones de hacerles sombra. Incluso, los mandatarios avanzan sobre otros poderes, como el Legislativo, con decretos que, en muchos casos, sólo atienden la necesidad y la urgencia del poder de turno, más que la de la sociedad.
Son estilos de gobernar. Uno apela a la verborragia como principal arma de ofensiva; el otro a impulsos que, en muchos casos, lo llevan a cometer errores que tiempo después debe corregir para no sensibilizar los ánimos del electorado que concurrirá a las urnas el año que viene.
El fiel escudero
Así las cosas, la suerte del otro está atada a la del primero. Kirchner quiere seguir sumando y consolidando su estructura con gobernadores afines. Alperovich integra ese grupo. Por eso, el lunes, cerca del mediodía, no dudó en paralizar sus actividades para atender el llamado telefónico.
- Necesito tu apoyo, dicen que dijo el primero, desde la Casa Rosada.
- Estoy a su disposición, respondió el otro, desde Tucumán.
A ocho días de la Plaza del sí, el Presidente intenta convocar al acto por el 25 de Mayo a la mayor cantidad de argentinos. Argumenta que se trata de una fecha patria, pero todos saben que hay un objetivo político, llamado respaldo a la reelección, como cuestión de fondo.
Bastó el llamado para que Alperovich comenzara a organizar la columna que recorrerá los casi 1.312 kilómetros que separan, geográficamente, a Tucumán del corazón del poder: la Capital Federal. Se comunicó con dirigentes políticos, con legisladores y hasta con intendentes, para establecer quién estaba dispuesto a movilizar gente y de cuántos colectivos dispondrá para el operativo “25 de Mayo”. Cuatro mil personas parece ser el número que se maneja en la Casa de Gobierno. De todas formas, Alperovich no le prometió al presidente de la Nación una cifra concreta; la charla telefónica duró sólo dos minutos. Según los moradores del palacio de 25 de Mayo y San Martín, las muestras de apoyo sirven para consolidar las relaciones políticas; sobre todo cuando la Nación no retacea recursos para que Alperovich pueda seguir haciendo política, más allá de que él diga que sólo gestiona.
El primero lanzó la taba al aire; el otro intentará que esa taba caiga del lado correcto para seguir recibiendo la millonaria ayuda del poder nacional.
Lo más popular
Ranking notas premium







