16 Mayo 2006 Seguir en 
En estas últimas semanas, se ha producido un hecho singular. Hablamos de la inauguración de nada menos que de dos museos, en la ciudad de San Miguel de Tucumán. El día 4, abrió sus puertas el Museo “Juan B. Terán” de la UNT. En este espacio, le dedicamos un elogioso comentario. Destacamos todo lo que significaba, para mantener viva la memoria de esa alta empresa de cultura, y para dar realce a la tarea que la UNT sigue cumpliendo en los más diversos terrenos.
El pasado jueves, se produjo otra inauguración: la del Museo “Elmina Paz-Gallo”, de las Hermanas Dominicas. En el mismo edificio desde donde se expandió la obra de la benemérita Madre Elmina, quedó instalado un muestrario de testimonios diversos de su vida y de su obra. Abarca desde mobiliario y efectos personales, hasta cartas y fotografías de singular valor para quien desee revisar o estudiar una acción educativa y solidaria que integra, de pleno derecho, la mejor tradición espiritual de la provincia.
No puede negarse la singularidad de estos dos hechos, que bien pueden calificarse de acontecimientos. Parece innecesario decir que, en las capitales más adelantadas del mundo contemporáneo, las instituciones de esta índole han tomado renovados bríos. A cada momento se abren al público nuevos museos, y es constante la incorporación de técnicas renovadoras para exhibir su contenido, aparte de una intensa tarea paralela de conservación, de restauración y de investigación. Los museos modernos se constituyen, así, en verdaderos centros culturales, que rivalizan en interés, tanto para los estudiosos como para un público que acude masivamente a visitarlos.
Pero estas informaciones deben contraponerse con otra nada positiva. Nos referimos al derrumbe del cielo raso de la sala principal del Museo Casa Padilla, sobre lo cual informó LA GACETA. Felizmente, el hecho ocurrió de noche, con el museo cerrado, por lo que no hubo que lamentar desgracias personales. El derrumbe no puede extrañar a nadie. El enorme deterioro del caserón es conocido: presenta problemas de hundimiento, de humedad, de techos, de revoques y un largo etcétera.
En múltiples ocasiones, nos hemos referido al curioso hecho de que, desde el año 1973 en que se restauraron el frente y las dos primeras habitaciones de la casa, no haya podido el Gobierno provincial efectuar esa reparación integral que sin duda merece el inmueble. Convengamos que es difícil admitir que, a lo largo de más de tres décadas, en ningún momento el Estado haya tenido fondos para un definitivo arreglo de la casa. Se prefirió, en cambio, y a las cansadas, ejecutar solamente tareas de parches que, como se advierte, han sido insuficientes.
Testimonio de nuestra arquitectura en la segunda mitad del siglo XIX, y propiedad de una figura tan destacada como el doctor Angel C. Padilla -intendente fundador del hospital que lleva su nombre-, esta vivienda debería tener un sitio especial entre nuestros edificios históricos. Además, por su ubicación lindera con la Casa de Gobierno, en el centro neurálgico de la ciudad, es una de las más visitadas por el turismo.
De acuerdo con el secretario de Cultura, se efectuó un estudio técnico y se lo remitió a Obras Públicas, para que los trabajos respectivos se llamen a licitación. La suma prevista (150.000 pesos) no parece suficiente para un inmueble que requiere prácticamente una renovación total, que incluya techos, desagües, carpintería, instalación eléctrica y sanitaria. Nos parece que es hora de encarar la obra a fondo, y destinarle los recursos que sean necesarios. No puede proseguir esta actitud de abandono e indiferencia respecto de una casa de tanta significación.
El pasado jueves, se produjo otra inauguración: la del Museo “Elmina Paz-Gallo”, de las Hermanas Dominicas. En el mismo edificio desde donde se expandió la obra de la benemérita Madre Elmina, quedó instalado un muestrario de testimonios diversos de su vida y de su obra. Abarca desde mobiliario y efectos personales, hasta cartas y fotografías de singular valor para quien desee revisar o estudiar una acción educativa y solidaria que integra, de pleno derecho, la mejor tradición espiritual de la provincia.
No puede negarse la singularidad de estos dos hechos, que bien pueden calificarse de acontecimientos. Parece innecesario decir que, en las capitales más adelantadas del mundo contemporáneo, las instituciones de esta índole han tomado renovados bríos. A cada momento se abren al público nuevos museos, y es constante la incorporación de técnicas renovadoras para exhibir su contenido, aparte de una intensa tarea paralela de conservación, de restauración y de investigación. Los museos modernos se constituyen, así, en verdaderos centros culturales, que rivalizan en interés, tanto para los estudiosos como para un público que acude masivamente a visitarlos.
Pero estas informaciones deben contraponerse con otra nada positiva. Nos referimos al derrumbe del cielo raso de la sala principal del Museo Casa Padilla, sobre lo cual informó LA GACETA. Felizmente, el hecho ocurrió de noche, con el museo cerrado, por lo que no hubo que lamentar desgracias personales. El derrumbe no puede extrañar a nadie. El enorme deterioro del caserón es conocido: presenta problemas de hundimiento, de humedad, de techos, de revoques y un largo etcétera.
En múltiples ocasiones, nos hemos referido al curioso hecho de que, desde el año 1973 en que se restauraron el frente y las dos primeras habitaciones de la casa, no haya podido el Gobierno provincial efectuar esa reparación integral que sin duda merece el inmueble. Convengamos que es difícil admitir que, a lo largo de más de tres décadas, en ningún momento el Estado haya tenido fondos para un definitivo arreglo de la casa. Se prefirió, en cambio, y a las cansadas, ejecutar solamente tareas de parches que, como se advierte, han sido insuficientes.
Testimonio de nuestra arquitectura en la segunda mitad del siglo XIX, y propiedad de una figura tan destacada como el doctor Angel C. Padilla -intendente fundador del hospital que lleva su nombre-, esta vivienda debería tener un sitio especial entre nuestros edificios históricos. Además, por su ubicación lindera con la Casa de Gobierno, en el centro neurálgico de la ciudad, es una de las más visitadas por el turismo.
De acuerdo con el secretario de Cultura, se efectuó un estudio técnico y se lo remitió a Obras Públicas, para que los trabajos respectivos se llamen a licitación. La suma prevista (150.000 pesos) no parece suficiente para un inmueble que requiere prácticamente una renovación total, que incluya techos, desagües, carpintería, instalación eléctrica y sanitaria. Nos parece que es hora de encarar la obra a fondo, y destinarle los recursos que sean necesarios. No puede proseguir esta actitud de abandono e indiferencia respecto de una casa de tanta significación.
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