16 Mayo 2006 Seguir en 
La asunción de los nuevos decanos de facultades de la UNT, ayer, y la despedida del Consejo Superior saliente, la semana pasada, marcan el fin de la era Marigliano-Fernández en la casa de Juan B. Terán, tras ocho años de gestión. En el último mes, la transición del traspaso de mando de la autoridad saliente a la entrante estuvo signada por celos y tironeos. Es que el virtual rector de la UNT para el período 2006-2010, Juan Cerisola, quiere arrancar con las manos libres, ante la desazón de Mario Marigliano, quien en sus últimas apariciones públicas intentó comprometer a su sucesor en la continuidad de algunas de las obras que ya llevan su sello para la posteridad, como el Museo Juan B. Terán o la Escuela de Cine. El ahora jefe del radicalismo tucumano también quiere que algunos de sus hombres (o mujeres) queden en el gabinete que vendrá. Para Cerisola, que ha venido cargando con el sambenito de “oficialista”, los gestos de independencia en sus primeros pasos como rector son un imperativo.
Mientras tanto, hay quienes ya parecen estar auscultando el 2010. Por lo pronto, como resultado de las últimas elecciones del estamento estudiantil en la UNT, ha crecido la representación del peronismo universitario, fogoneada más por el jurismo de la Legislatura que por el alperovichismo de Casa de Gobierno. Y es pronto aventurar qué pasará en cuatro años. Pero es sintomático el acompañamiento del gabinete del Ministerio de Salud de la provincia, con Juan Manzur a la cabeza, en el acto de asunción del decano de la Facultad de Medicina, Horacio Deza, en su segunda etapa de gestión. También en el nuevo decanato de la Facultad de Derecho corren vientos filo peronistas: eso es, por lo menos, lo que sugieren las adhesiones que cosechó el flamante decano José Luis Vázquez, tales como Adela Seguí o el ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, entre otros.
Una postal provinciana que no es extraña a un contexto nacional con indicios de que el peronismo quiere aterrizar en la Universidad, como lo sugieren: 1) el escándalo institucional de la Universidad de Buenos Aires, donde el Gobierno nacional decidió sugestivamente no participar en el enfrentamiento entre no docentes y dirigentes de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), un par de semanas atrás; 2) un proyecto de modificación del artículo 54 de la Ley de Educación Superior que impulsó en 1994 la entonces diputada Cristina Fernández de Kirchner, por el cual se propiciaba el sistema de elección directa en las Universidades públicas argentinas, y que puede ser exhumado en el momento menos pensado.
Casualidad o causalidad, el mismo Deza - que aparece como una figura próxima al peronismo en una UNT poco permeable a cantar la Marchita- ha estado en la mira en la última sesión del Consejo Superior saliente, que estuvo signada por turbulencias. En esa sesión, los consejeros votaron en dos oportunidades en contra de decisiones de Deza relativas a dos concursos docentes que fueron consideradas arbitrarias por el cuerpo que se va.
No fue Deza el único que salió con magullones de la sesión de despedida del Consejo Superior saliente. También hubo chuzas para algunos dirigentes de la Asociación de Docentes e Investigadores de la UNT porque instaron a la Secretaría de Trabajo a clausurar la Facultad de Odontología por falta de condiciones de seguridad laboral un mes atrás, cuando la pulseada electoral bullía. Lo cierto es que las dependencias de la UNT carecen de las mínimas condiciones de bioseguridad, y que -por presión del Consejo que se va- un tercio de los beneficios por ganancias que entregó Minera Alumbrera ($1 millón) fueron destinados a revertir esa situación. Con el resto de los fondos -dos millones-, Marigliano ejecutó las obras con las que cierra su gestión. El sabe que hoy, para acumular en política, obras son amores.
Mientras tanto, hay quienes ya parecen estar auscultando el 2010. Por lo pronto, como resultado de las últimas elecciones del estamento estudiantil en la UNT, ha crecido la representación del peronismo universitario, fogoneada más por el jurismo de la Legislatura que por el alperovichismo de Casa de Gobierno. Y es pronto aventurar qué pasará en cuatro años. Pero es sintomático el acompañamiento del gabinete del Ministerio de Salud de la provincia, con Juan Manzur a la cabeza, en el acto de asunción del decano de la Facultad de Medicina, Horacio Deza, en su segunda etapa de gestión. También en el nuevo decanato de la Facultad de Derecho corren vientos filo peronistas: eso es, por lo menos, lo que sugieren las adhesiones que cosechó el flamante decano José Luis Vázquez, tales como Adela Seguí o el ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, entre otros.
Una postal provinciana que no es extraña a un contexto nacional con indicios de que el peronismo quiere aterrizar en la Universidad, como lo sugieren: 1) el escándalo institucional de la Universidad de Buenos Aires, donde el Gobierno nacional decidió sugestivamente no participar en el enfrentamiento entre no docentes y dirigentes de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), un par de semanas atrás; 2) un proyecto de modificación del artículo 54 de la Ley de Educación Superior que impulsó en 1994 la entonces diputada Cristina Fernández de Kirchner, por el cual se propiciaba el sistema de elección directa en las Universidades públicas argentinas, y que puede ser exhumado en el momento menos pensado.
Casualidad o causalidad, el mismo Deza - que aparece como una figura próxima al peronismo en una UNT poco permeable a cantar la Marchita- ha estado en la mira en la última sesión del Consejo Superior saliente, que estuvo signada por turbulencias. En esa sesión, los consejeros votaron en dos oportunidades en contra de decisiones de Deza relativas a dos concursos docentes que fueron consideradas arbitrarias por el cuerpo que se va.
No fue Deza el único que salió con magullones de la sesión de despedida del Consejo Superior saliente. También hubo chuzas para algunos dirigentes de la Asociación de Docentes e Investigadores de la UNT porque instaron a la Secretaría de Trabajo a clausurar la Facultad de Odontología por falta de condiciones de seguridad laboral un mes atrás, cuando la pulseada electoral bullía. Lo cierto es que las dependencias de la UNT carecen de las mínimas condiciones de bioseguridad, y que -por presión del Consejo que se va- un tercio de los beneficios por ganancias que entregó Minera Alumbrera ($1 millón) fueron destinados a revertir esa situación. Con el resto de los fondos -dos millones-, Marigliano ejecutó las obras con las que cierra su gestión. El sabe que hoy, para acumular en política, obras son amores.
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