15 Mayo 2006 Seguir en 
Ala luz de los acontecimientos vividos en Bella Vista el pasado fin de semana, queda claro que el Rally Provincial ha dejado de ser una categoría en crecimiento para convertirse en la división estrella de nuestro automovilismo. La inscripción de más de 60 tripulaciones, el hecho de haber corrido en buen nivel bajo pésimas condiciones climáticas y el apoyo del público le dieron forma a una competencia que será recordada por mucho tiempo. Sin embargo, todo lo bueno se vio empañado por los accidentes de los pilotos de autocross y por la falta de respeto por parte de varios participantes a los reglamentos que rigen a la actividad. Estos salieron a recorrer caminos antes de largarse la segunda etapa y motivaron, además de una ruptura a las normas, un retraso a la programación; una verdadera irrespetuosidad para con la gente.
El interés que tienen los pilotos por participar del rally no nació esta temporada. Tiene que ver con una cadena de hechos que fueron formando un base importante y que se remonta a varios años atrás. Sin dudas, los éxitos nacionales, la permanente participación tucumana en carreras por el Argentino, incluso el hecho que la nuestra sea una plaza de fuerte interés a la hora de organizar carreras, fueron haciendo crecer el entusiasmo. Bueno es también reconocer que fueron los pilotos de la división de los Fiat 128 los que pusieron la piedra fundamental para llegar a este presente, en el que se multiplican los participantes y las clases.
En esta línea de crecimiento, hubo cosas que mejoraron y otras que no. En la primera de las columnas, al ya mencionado rubro de la cantidad se puede sumar la calidad de las máquinas y de los pilotos, detalles que no son menores. También la variedad de los escenarios, que permitieron llevar el espectáculos a sitios casi olvidados de nuestra geografía. Empero, es el segundo aspecto el que preocupa y es bueno detenerse en ellos, en un concreto afán de contribuir al desarrollo de la categoría.
A esta altura de las circunstancias, queda claro que en los niveles organizativos ya no basta con el entusiasmo y las buenas intenciones. Así como es clave el trabajo de cronometraje, también lo es de la seguridad. Y qué decir del conocimiento de las reglas y del modo en que se imparten. En este aspecto, queda claro que la cantidad de dirigentes que trabajan por y para el rally son pocos. Y que no es lo mismo “legislar y gobernar” para veinte tripulaciones que para sesenta o más. Y que por ello comienzan a saltar fusibles que antes soportaban bien las descargas.
Es quizás en ese plano donde deban comprenderse los problemas de índole reglamentario que se notaron en las postrimerías de la competencia en Bella Vista. Los saltos a las normas -verdaderas picardías- que antes quizás pasaban inadvertidos, hoy son vistos con lupa -y está perfecto que así sea- por propios y extraños. Y es allí donde se puede decir que lo vivido en este rally puede resultar un punto de inflexión, de cara al futuro.
Lo que se necesita es una misma vara para impartir justicia; rigor a la hora de cumplir con los horarios de inscripción y competencia; seriedad de los participantes que aún creen estar corriendo entre amigos; medidas extremas para mejorar la seguridad de ciertos autos; capacitación dirigencial para resolver las mil y una contingencias que surgen en una competencia.
El rally es una actividad deportiva de alto riesgo, que gusta a la gente y despierta apasionamientos. Es justamente esto último lo que no debe hacer nublar las mentes de quienes lo conducen y participan de él. Tal como está planteado, el horizonte es amplio. Sólo resta hacer una buena hoja de ruta para llegar intactos a la meta.
El interés que tienen los pilotos por participar del rally no nació esta temporada. Tiene que ver con una cadena de hechos que fueron formando un base importante y que se remonta a varios años atrás. Sin dudas, los éxitos nacionales, la permanente participación tucumana en carreras por el Argentino, incluso el hecho que la nuestra sea una plaza de fuerte interés a la hora de organizar carreras, fueron haciendo crecer el entusiasmo. Bueno es también reconocer que fueron los pilotos de la división de los Fiat 128 los que pusieron la piedra fundamental para llegar a este presente, en el que se multiplican los participantes y las clases.
En esta línea de crecimiento, hubo cosas que mejoraron y otras que no. En la primera de las columnas, al ya mencionado rubro de la cantidad se puede sumar la calidad de las máquinas y de los pilotos, detalles que no son menores. También la variedad de los escenarios, que permitieron llevar el espectáculos a sitios casi olvidados de nuestra geografía. Empero, es el segundo aspecto el que preocupa y es bueno detenerse en ellos, en un concreto afán de contribuir al desarrollo de la categoría.
A esta altura de las circunstancias, queda claro que en los niveles organizativos ya no basta con el entusiasmo y las buenas intenciones. Así como es clave el trabajo de cronometraje, también lo es de la seguridad. Y qué decir del conocimiento de las reglas y del modo en que se imparten. En este aspecto, queda claro que la cantidad de dirigentes que trabajan por y para el rally son pocos. Y que no es lo mismo “legislar y gobernar” para veinte tripulaciones que para sesenta o más. Y que por ello comienzan a saltar fusibles que antes soportaban bien las descargas.
Es quizás en ese plano donde deban comprenderse los problemas de índole reglamentario que se notaron en las postrimerías de la competencia en Bella Vista. Los saltos a las normas -verdaderas picardías- que antes quizás pasaban inadvertidos, hoy son vistos con lupa -y está perfecto que así sea- por propios y extraños. Y es allí donde se puede decir que lo vivido en este rally puede resultar un punto de inflexión, de cara al futuro.
Lo que se necesita es una misma vara para impartir justicia; rigor a la hora de cumplir con los horarios de inscripción y competencia; seriedad de los participantes que aún creen estar corriendo entre amigos; medidas extremas para mejorar la seguridad de ciertos autos; capacitación dirigencial para resolver las mil y una contingencias que surgen en una competencia.
El rally es una actividad deportiva de alto riesgo, que gusta a la gente y despierta apasionamientos. Es justamente esto último lo que no debe hacer nublar las mentes de quienes lo conducen y participan de él. Tal como está planteado, el horizonte es amplio. Sólo resta hacer una buena hoja de ruta para llegar intactos a la meta.
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