11 Mayo 2006 Seguir en 
Las numerosas obras de pavimentación que ha encarado la Municipalidad de San Miguel de Tucumán han derivado en una curiosa situación, ya que, a la vez que se nota el progreso en la urbe, se suscitan reclamos de vecinos y de comerciantes por las demoras que hay en muchos casos para finalizar las tareas. Esta contradicción se hace muy notoria en algunos sectores, donde la lentitud de las obras es extrema, a tal punto que los vecinos llevan casi ocho meses de espera. Esto es llamativo por la cantidad de obras en ejecución -ya se pavimentaron 286 cuadras, y hay 72 empresas trabajando- y porque es grande también el número de pavimentaciones con demoras, tanto en avenidas muy transitadas como en sectores que involucran sólo el interés de unos pocos habitantes, como pueden ser pasajes o calles alejadas.
Esta circunstancia tiene varias explicaciones. Las autoridades aducen, en primer lugar, que se abrieron muchos frentes de obras por la disponibilidad de dinero para encarar la solución de problemas esperados por el vecindario, y que al lanzarse la convocatoria para estos trabajos es preciso acelerar los tiempos. El argumento es que no hay que desaprovechar la oportunidad de hacer esas obras, lo cual es una razón de peso.
Aparejada con esta gran cantidad de obras surgió la circunstancia de que hubo una crisis en la provisión de material -por la excesiva demanda-, como ocurrió en el caso de los áridos. Esta situación crítica es generalizada en la construcción, que ha tenido un crecimiento geométrico en los últimos tiempos.
Un tercer factor, no menor, ha sido el hecho de que al excavar las calles o al encarar obras en sectores que durante mucho tiempo no recibieron mejoras, se encontraron con cañerías de otros servicios (gas, desagües, agua, teléfonos) que representaron desafíos. En algunos casos, eran instalaciones superficiales, y en otros, directamente, se trató de conexiones clandestinas. Esto implica lógicas demoras, porque se debe esperar que las empresas correspondientes actúen. Además, se encontraron problemas de urbanización, como terrenos, casas o postes en lugares por donde debe trazarse la calle.
El cuarto factor a considerar es la lluvia, que en esta temporada ha complicado muchísimo los trabajos.
Atendidas estas explicaciones, cabe considerar, no obstante, que las demoras excesivas causan enormes perjuicios a los vecinos, cuya vida cotidiana se ve complicada al extremo, tal como dan cuenta los testimonios recogidos por LA GACETA, y también, la de los comerciantes en sectores como la avenida Belgrano, que ven disminuidas considerablemente sus ventas.
Ante tal panorama, justo es decir que las obras siempre son bienvenidas y que son importantes los anuncios de que se harán 200 cuadras más de pavimento. Pero también conviene sacar ejemplos de estos inconvenientes. Uno es que de ahora en más debe pensarse en hacer un plano de obras de la ciudad, de tal forma que cuando se excave una calle, se tenga una idea precisa de la infraestructura subterránea que se encontrará. Esto debería ser una norma y no una excepción.
En segundo lugar, debería existir un aceitado mecanismo de cooperación con las empresas proveedoras de servicios, de tal forma que se aceleren los tiempos para superar los inconvenientes. En tercer lugar, convendría considerar también los intereses de vecinos y de comerciantes, a fin de que, al organizar el cronograma de trabajos, se impongan tiempos razonables tanto en la ejecución como en el control de las obras, a fin de que no ocurra una saturación, como ocurre hoy, cuando hay muchas obras paradas sin que se les vea el fin.
Esta circunstancia tiene varias explicaciones. Las autoridades aducen, en primer lugar, que se abrieron muchos frentes de obras por la disponibilidad de dinero para encarar la solución de problemas esperados por el vecindario, y que al lanzarse la convocatoria para estos trabajos es preciso acelerar los tiempos. El argumento es que no hay que desaprovechar la oportunidad de hacer esas obras, lo cual es una razón de peso.
Aparejada con esta gran cantidad de obras surgió la circunstancia de que hubo una crisis en la provisión de material -por la excesiva demanda-, como ocurrió en el caso de los áridos. Esta situación crítica es generalizada en la construcción, que ha tenido un crecimiento geométrico en los últimos tiempos.
Un tercer factor, no menor, ha sido el hecho de que al excavar las calles o al encarar obras en sectores que durante mucho tiempo no recibieron mejoras, se encontraron con cañerías de otros servicios (gas, desagües, agua, teléfonos) que representaron desafíos. En algunos casos, eran instalaciones superficiales, y en otros, directamente, se trató de conexiones clandestinas. Esto implica lógicas demoras, porque se debe esperar que las empresas correspondientes actúen. Además, se encontraron problemas de urbanización, como terrenos, casas o postes en lugares por donde debe trazarse la calle.
El cuarto factor a considerar es la lluvia, que en esta temporada ha complicado muchísimo los trabajos.
Atendidas estas explicaciones, cabe considerar, no obstante, que las demoras excesivas causan enormes perjuicios a los vecinos, cuya vida cotidiana se ve complicada al extremo, tal como dan cuenta los testimonios recogidos por LA GACETA, y también, la de los comerciantes en sectores como la avenida Belgrano, que ven disminuidas considerablemente sus ventas.
Ante tal panorama, justo es decir que las obras siempre son bienvenidas y que son importantes los anuncios de que se harán 200 cuadras más de pavimento. Pero también conviene sacar ejemplos de estos inconvenientes. Uno es que de ahora en más debe pensarse en hacer un plano de obras de la ciudad, de tal forma que cuando se excave una calle, se tenga una idea precisa de la infraestructura subterránea que se encontrará. Esto debería ser una norma y no una excepción.
En segundo lugar, debería existir un aceitado mecanismo de cooperación con las empresas proveedoras de servicios, de tal forma que se aceleren los tiempos para superar los inconvenientes. En tercer lugar, convendría considerar también los intereses de vecinos y de comerciantes, a fin de que, al organizar el cronograma de trabajos, se impongan tiempos razonables tanto en la ejecución como en el control de las obras, a fin de que no ocurra una saturación, como ocurre hoy, cuando hay muchas obras paradas sin que se les vea el fin.
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