Hora de aprender

Ya hubo demasiados errores en el caso Lebbos. Por Juan Manuel Montero

11 Mayo 2006
Cuentan en Buenos Aires que Mauricio Macri, el presidente de Boca Juniors, encargó una encuesta para saber a quién podía sumar a las filas del PRO, el partido político con el cual pretende enfrentar a Néstor Kirchner en 2007. El resultado arrojó un nombre: Juan Carlos Blumberg. Así, Macri se reunió con el padre de Axel y le preguntó si aceptaría una postulación para diputado. La respuesta dejó helado al dirigente “xeneize”: “O gobernador de Buenos Aires, o nada”.
Blumberg vivió una de las experiencias más terribles que puede sufrir un ser humano. Su hijo fue secuestrado y asesinado por delincuentes que pretendían cobrar una recompensa. Entonces, el ingeniero se embarcó en una cruzada contra la seguridad, y obligó, con marchas multitudinarias, a modificar el Código Penal. Ahora, va por más. Con visitas como la del martes a Tucumán hace un testeo de su propia figura. A no ser que se trate de verdaderos estadistas, conseguir que los titulares de los tres poderes del Estado, con diferencia de horas, reciban a alguien no es fácil. Blumberg franqueó las entradas del Palacio de Tribunales, de la Casa de Gobierno y de la Legislatura; se sentó y explicó, según él, cómo se debe combatir la inseguridad y la impunidad. En la plaza Independencia, detrás de él, se encolumnó una enorme cantidad de gente, por lo que el reclamo creció en intensidad. Pero cuando desde las huestes del Polo Obrero comenzaron a gritar contra la reelección de José Alperovich, y lo que era una protesta contra la falta de justicia en la provincia amenazaba con convertirse en un mitin político, Blumberg se alejó.
En Tucumán, Alberto Lebbos representa el papel de Blumberg. Con sus constantes críticas provocó un cisma, del cual no se salvó nadie. Los tres poderes recordarán por mucho tiempo el caso Lebbos. Ni él sabe aún si pugnará por un cargo electivo en las próximas elecciones, empujado por quienes comparten sus reclamos, pero lo piensa.
Blumberg le propuso a Dato que varios fiscales trabajen en la misma causa, para acelerar la investigación. Y le dijo que sería importante que se contrate a detectives para que colaboren. Esas medidas ya estaban tomadas, y hasta ahora han sido absolutamente ineficaces. Cuando se decidió separar al fiscal Alejandro Noguera del caso, tras su visita a Alperovich, la causa quedó en manos de Carlos Albaca, quien iba a recibir la colaboración del fiscal de Cámara Daniel Marranzino. Pero hubo diferencias irreconciliables entre ambos y De Mitri se vio obligado a aclarar que Marranzino en realidad controlaría la causa cuando termine la investigación. Y entonces, ¿el juez de Garantías, para qué está? Alperovich, además, debió recontratar a tres ex comisarios que él mismo había pasado a retiro. Alfredo Jiménez, Marcial Escobar y Luis Santana ya mantuvieron enfrentamientos con Albaca, a quien no le gusta para nada la forma en la que están investigando. Pero no fue la única concesión que debió hacer Alperovich. Blumberg llegó de la mano del comisario Héctor González, también pasado a retiro por esta gestión, quien presentó una denuncia penal contra el Gobierno y fue la persona que les dio letra a los legisladores opositores durante la interpelación del ministro de Seguridad, Mario López  Herrera. El Gobierno había acusado a González por el robo de una autobomba que estaba destinada a los Bomberos Voluntarios de Alderetes. Es considerado un enemigo por las autoridades. Y fue ese mismo hombre el que, junto a Blumberg, estuvo en el despacho del gobernador, sonriente para la foto.
Si no se resuelve, el asesinato de Paulina Lebbos será otro de los muchos casos impunes de la provincia. Tribunales está lleno de expedientes archivados o a la espera de la prescripción. Pero hay momentos en los que el cambio es obligado. Ya se cometieron muchos errores. La sociedad ahora está exigiendo respuestas.






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