08 Mayo 2006 Seguir en 
Tucumán es una zona de mediana sismicidad; esto significa que existe la posibilidad de que en cualquier momento se produzca un movimiento telúrico de cierta importancia, y que permanentemente se generen temblores que, en muchos casos, ni siquiera son percibidos por los habitantes de la provincia. Quizá a esto se deba el hecho de que no se haya creado una verdadera conciencia sísmica entre muchos de quienes tienen la responsabilidad de autorizar las construcciones en las distintas ciudades, y entre los que proyectan y calculan las estructuras que se levantan sobre un suelo cuyo perfil subterráneo depara más de una sorpresa.
En una entrevista publicada en nuestra edición de ayer, el doctor en geología Luis Eduardo Suayter advirtió acerca del peligro latente que implica la falta de respeto a las normas de prevención antisísmica cuando se construye en un suelo de relleno, como el que caracteriza al Barrio Norte de la capital provincial, o al de El Manantial o Yerba Buena, donde el terreno tiene escasa capacidad de carga. El especialista sostiene que hay normas antisísmicas elaboradas para Tucumán, basadas en la geología y en la geotecnia de la provincia. Lamentablemente, esta reglamentación nunca fue tratada institucionalmente para disponer su aplicación, y la construcción en todo el terreno provincial sigue rigiéndose por las normas nacionales Inpres-Cirsoc de reglamentación antisísmica.
También es moneda corriente que se levanten construcciones importantes, cuyo diseño se prepara fuera de la provincia; en muchos casos ocurre que no se dispone en la etapa de proyecto de la información precisa acerca de las características del suelo en el punto exacto de la construcción, lo que puede deparar sorpresas a la hora de llevar adelante la obra. Los memoriosos recordarán, sin dudas, el titánico trabajo que tuvieron que realizar las bombas de achique que trabajaron día y noche durante la realización de las bases del edificio del Banco de la Nación, en la esquina de San Martín y Maipú, en San Miguel de Tucumán. La fluctuación de la napa freática sorprendió a la empresa constructora, que se encontró con un verdadero lago a pocos metros de la superficie cuando se excavaba el terreno para establecer las fundaciones de la edificación.
Otros problemas puntuales, como el que se registró en la llamada “Torre de Pisa”, en el Barrio Norte, además de causar la lógica alarma entre los ocupantes provoca perjuicios económicos y daños en el patrimonio de terceros.
Es de fundamental importancia que los mecanismos de control actúen con firmeza y certifiquen con rigor científico que las nuevas construcciones se ajustan a las normas vigentes, sobre todo ante la realidad de que, en el ámbito de la capital, la cantidad de edificios en altura se duplicó en los últimos 10 años, y en este momento se están levantando 80 nuevas construcciones en propiedad horizontal.
En otro tramo de su charla con nuestro diario, el geólogo Suayter mencionó que la Municipalidad salva su responsabilidad como ente de control mediante el trámite de colocar un sello con la leyenda “aprobado sin estudio” a los pedidos de habilitación para la construcción de una nueva obra. Tal vez de esta manera el municipio quede formalmente eximido de las demandas que podrían corresponderle, pero lo cierto es que no cumple con su obligación de garantizar la seguridad de los habitantes de la ciudad. La peligrosa costumbre adoptada por las autoridades -desde hace ya muchos años- de despreciar la prevención y de actuar precipitadamente después de que se producen los accidentes y las desgracias puede tener en el caso que nos ocupa un nuevo y lamentable episodio.
En una entrevista publicada en nuestra edición de ayer, el doctor en geología Luis Eduardo Suayter advirtió acerca del peligro latente que implica la falta de respeto a las normas de prevención antisísmica cuando se construye en un suelo de relleno, como el que caracteriza al Barrio Norte de la capital provincial, o al de El Manantial o Yerba Buena, donde el terreno tiene escasa capacidad de carga. El especialista sostiene que hay normas antisísmicas elaboradas para Tucumán, basadas en la geología y en la geotecnia de la provincia. Lamentablemente, esta reglamentación nunca fue tratada institucionalmente para disponer su aplicación, y la construcción en todo el terreno provincial sigue rigiéndose por las normas nacionales Inpres-Cirsoc de reglamentación antisísmica.
También es moneda corriente que se levanten construcciones importantes, cuyo diseño se prepara fuera de la provincia; en muchos casos ocurre que no se dispone en la etapa de proyecto de la información precisa acerca de las características del suelo en el punto exacto de la construcción, lo que puede deparar sorpresas a la hora de llevar adelante la obra. Los memoriosos recordarán, sin dudas, el titánico trabajo que tuvieron que realizar las bombas de achique que trabajaron día y noche durante la realización de las bases del edificio del Banco de la Nación, en la esquina de San Martín y Maipú, en San Miguel de Tucumán. La fluctuación de la napa freática sorprendió a la empresa constructora, que se encontró con un verdadero lago a pocos metros de la superficie cuando se excavaba el terreno para establecer las fundaciones de la edificación.
Otros problemas puntuales, como el que se registró en la llamada “Torre de Pisa”, en el Barrio Norte, además de causar la lógica alarma entre los ocupantes provoca perjuicios económicos y daños en el patrimonio de terceros.
Es de fundamental importancia que los mecanismos de control actúen con firmeza y certifiquen con rigor científico que las nuevas construcciones se ajustan a las normas vigentes, sobre todo ante la realidad de que, en el ámbito de la capital, la cantidad de edificios en altura se duplicó en los últimos 10 años, y en este momento se están levantando 80 nuevas construcciones en propiedad horizontal.
En otro tramo de su charla con nuestro diario, el geólogo Suayter mencionó que la Municipalidad salva su responsabilidad como ente de control mediante el trámite de colocar un sello con la leyenda “aprobado sin estudio” a los pedidos de habilitación para la construcción de una nueva obra. Tal vez de esta manera el municipio quede formalmente eximido de las demandas que podrían corresponderle, pero lo cierto es que no cumple con su obligación de garantizar la seguridad de los habitantes de la ciudad. La peligrosa costumbre adoptada por las autoridades -desde hace ya muchos años- de despreciar la prevención y de actuar precipitadamente después de que se producen los accidentes y las desgracias puede tener en el caso que nos ocupa un nuevo y lamentable episodio.
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