Contrabando

Efectos de manipular el mercado por decreto. Por Fernando García Soto.

08 Mayo 2006
Guillermo Saccomani, presidente de la Cámara de Pequeños y Medianos Supermercadistas de Tucumán, y Pablo Boquete, gerente comercial de la firma Emilio Luque, alertaron a principios de marzo de este año -y lo reflejó LA GACETA en sus páginas- respecto de que a las empresas de este sector les estaba resultando más difícil que antes conseguir azúcar para la venta. Esta denuncia fue desestimada de plano por los industriales azucareros, para quienes la palabra desabastecimiento por estos días resulta tan dolorosa como el término "retenciones" a los sojeros o como la frase "suspensión de exportaciones" a los empresarios de la industria cárnica, por ejemplo. Sin embargo, los supermercadistas no hablaban en vano, más que nada porque no tenían por qué mentir sobre semejante cosa. El problema existía, pese a que durante la última zafra se produjo más azúcar en Tucumán y en el país que en cualquier campaña en toda la historia de la actividad. Entonces, ¿se estaba restringiendo la oferta de azúcar al mercado interno?, ¿se exportaba de más?, ¿o se vendía por contrabando, como acaba de denunciar el presidente del Centro Azucarero Argentino, Jorge Zorreguieta?
El hecho de que cada mensaje de los popes de la industria azucarera en los últimos meses sostuviera que la prioridad del sector era garantizar el abastecimiento del mercado interno parecía un indicio de que algo no funcionaba muy bien: si se tiene en cuenta que usualmente el problema del sector eran los excedentes de azúcar, jamás cabía pensar en faltantes en la plaza nacional. Claro que en esos repetidos y angustiosos momentos no había un escenario tan propicio para exportar como el que se presentó a partir del último trimestre de 2005. A principios de diciembre, un déficit internacional de la oferta llevó a que los precios del azúcar crudo en posición de marzo de 2006 rozaran los U$S 0,30 el kilo, y el blanco los U$S 0,33, los valores más altos de los últimos 10 años. Sin embargo, las cotizaciones en el mercado interno no superaban los $ 0,80 el kilo vagón ingenio, precio similar al que se vende actualmente. En este contexto, nadie podía desconocer cuál era el verdadero negocio, al menos entre quienes buscan ganar dinero fácil y rápidamente, sin medir las consecuencias de decisiones de este tipo en toda una actividad que durante años se esforzó para ser seria y cumplir con sus compromisos.
Hoy, los precios externos del azúcar continúan siendo más elevados que los del mercado local, en parte porque el sector se vio obligado a suscribir un acuerdo de estabilidad por un año con el Gobierno nacional para colaborar en el combate contra la inflación, bajo pena de duras sanciones presidenciales a los incumplidores. Y, como siempre ocurre cuando se intenta vencer por decreto las fuerzas del mercado, se presentan distorsiones, que en este caso se tradujeron en acciones de contrabando de azúcar a Paraguay -y posiblemente también a Bolivia-, como denunció Zorreguieta ante la Administración Nacional de Aduanas. Ahora, si los actores que materializan el delito provienen o no del propio seno de la actividad puede ser un detalle mayor o menor, según se trate de grandes operadores o de casos aislados motorizados por los "avivados" de siempre.
Con los hechos puestos en evidencia, resta esperar que un accionar conjunto entre el Estado nacional -Aduana, Gendarmería, fiscalías o Policía Federal-, la Provincia -Rentas, Policía o Dirección de Transportes- y los privados desbarate este accionar, que pone en riesgo el normal equilibrio al que siempre apunta la actividad azucarera. Lo destacable es que las denuncias formuladas por la institución que lidera Zorreguieta -realizadas en Buenos Aires- evidenciaron que ante la detección de un proceso delictivo en marcha hay voluntad de combatirlo.



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