07 Mayo 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES.- "Néstor se lo merece". En la semana, antes de la presencia del presidente de la Nación en el palco de Gualeguaychú, tres hombres de diferentes extracciones, un empresario del sector financiero, un intendente del conurbano y un funcionario de Acción Social, todos ellos muy cercanos a los despachos de la Casa Rosada, usaron la misma frase para justificar el porqué del acto del próximo 25 de mayo.
Los tres personajes -dos de ellos le repitieron por separado exactamente esas cuatro palabras a DyN cara a cara- se jugaron por una multitudinaria presencia en la Plaza de Mayo, aunque el fervor del intendente lo llevó a fantasear con "un millón de personas", mientras que también se escuchó de boca de uno de ellos una justificación ("hasta ahora, el Presidente no tuvo suerte con lo que se le intentó organizar", dijo), tras el papelón del acto del 1 de marzo en el Congreso, que Kirchner y señora, Cristina Fernández, obviaron a la salida de la Asamblea Legislativa.
En cuanto al modo de denominar el encuentro todos dijeron que no será de ningún modo la "Plaza del Sí", por sus reminiscencias a Bernardo Neustadt y a aquella convocatoria privatizadora y desreguladora de cuño menemista, y que se llamará, a pedido del propio Presidente, "Plaza de la Esperanza".
Por último, y ya sobre la organización, se pudo saber que probablemente ese día se retire el vallado que está sobre la Pirámide (o se lo reduzca) y también que los organizadores no quieren saber nada con que haya micros estacionados en la avenida 9 de Julio que demuestren que se trajo a la gente, aunque se está gestionando que colectivos y trenes no cobren boleto ese día.
¿Simple coincidencia en la frase o bajada de línea para marketinear la necesidad de un encuentro del presidente de la Nación con la gente, al mejor estilo de Juan Perón? ¿Cómo juega la interna del círculo áulico presidencial para explicar toda esta movida? Ambos interrogantes tienen su explicación.
Frases comunes
En primer término, como en política las coincidencias no existen, la frase en común y los comentarios adicionales que se pudieron reunir tienen una sola lectura: como lo hace habitualmente, el Presidente está siguiendo su propio modo de pensar y, sin que por ahora tenga que definir una estrategia a favor o en contra de continuar en 2007, un campo donde hasta la propia Cristina de Kirchner podría enrolarse, desde su rol de administrador eficiente y conservador ha decidido transitar otro camino, antes que plantear en el acto su reelección.
Aquí se entronca la cuestión de la interna, ya que un primer reparo del grupo que no comulga con la estrategia de la convocatoria es que, si se avanza por allí, Kirchner comenzará a transitar un sendero más que riesgoso, a partir del cual el personalismo podría exacerbarse, comenzar a pesar aún mucho más que las ideas y generar un campo propicio hacia mayor populismo que, naturalmente, haga desembocar todo el proceso en la reelección como necesidad. Observan que, sin ningún desgaste, igualmente se llegará al mismo resultado, dentro de unos meses, aunque el factor inflacionario disloque algo las chances.
"Por qué se le debería negar la posibilidad de un encuentro con la gente a un presidente que hace que el país crezca a un ritmo de 9 por ciento al año y que tiene 70 por ciento de popularidad", justificó ante DyN uno de los interlocutores "proacto". Justamente, en la interna presidencial, este mismo argumento, con el agregado "qué necesidad tiene un Presidente...", fue usado para aconsejarle a Kirchner exactamente lo contrario.
Después del acto del viernes en Gualeguaychú, probablemente los abanderados de esta última postura retomen algo su ofensiva para decirle al Presidente que ya tuvo su bautismo de fuego frente a un público más que fervoroso, aunque no es lo mismo: la Plaza de Mayo y el balcón tienen su influjo, muchos de los asistieron al Corsódromo no fueron por él y, es cierto, poco les dio en la ocasión.
En verdad, en el caso de las pasteras fraybentinas, Kirchner no se movió ni un ápice de su posición original, la misma que expresó en el Congreso en su discurso de inicio del año legislativo. Allí, sacó el tema de las relaciones exteriores y lo colocó en el capítulo ambiental, se pronunció por un informe técnico y por dirimir la cuestión en la Corte de La Haya y esto mismo es lo que ratificó a Gualeguaychú un día después de la presentación, más allá de haber nacionalizado y politizado a gusto la cuestión.
A todos les ha quedado claro, y más aún a los propios habitantes del lugar, que los únicos que le dicen "no" a la construcción de las plantas son ellos mismos, ya que el discurso oficial se manifestó desde el minuto cero con un rotundo "no" a la contaminación, lo que no es lo mismo. Kirchner dijo comprender en aquel mensaje ante las Cámaras lo que la inversión conjunta de España y Finlandia significaba para el Uruguay.
Después aparece la cuestión diplomática bilateral, probablemente la menos feliz de todas las vertientes del análisis, ya que allí los dos presidentes están jugando al juego de las mutuas demostraciones de fuerza, de las chicanas y de los sobreentendidos, en una escalada que nunca se sabe cómo puede calar en el ánimo de los ciudadanos de los dos países. En ese aspecto, el acto del viernes no ayuda, ni tampoco lo hará la reunión del gabinete uruguayo en Fray Bentos, justamente el 25 de mayo, un día seguramente no elegido al azar, sino con el sentido simbólico de su connotación histórica y hasta de provocación competitiva con el acto kirchnerista.
Tampoco han colaborado los decires sin decir que ambos presidentes ensayaron en menos de 24 horas. Kirchner, sugiriendo desde la tribuna que fue el mandatario uruguayo quien alguna vez le dijo que había recibido de su antecesor la cuestión de las pasteras como "un presente griego" y Tabaré armando, como en un libreto, una frase incompleta y para el suspenso, al decir que "el país que más contamina en la región es..." y asintiendo cuando una periodista, en el cierre de su gira, afirmó sin inocencia "Argentina".
Con los gobernadores
Sobre este punto, en verdad la Argentina le dejó picando la pelota en el área al uruguayo, a partir de la convocatoria ambiental de carácter nacional que realizó Kirchner en el discurso del viernes, una suerte de autocrítica hacia un renglón totalmente abandonado por la dirigencia, y con la firma de un compromiso para empezar a ejecutar alguna vez las tareas pendientes que reclama la salud de la gente. Detrás de él, en el palco, los gobernadores deberían haber hecho notar aún más su rubor, ya que el discurso del Presidente fue para que muchos se miren el ombligo (Buenos Aires, Misiones y Tucumán, en primera línea), aun la Nación.
Es probable que esta semana, en Viena, Kirchner y Vázquez vuelvan a cruzarse y que comprueben cuánto se retrocedió desde aquel desayuno común en Santiago de Chile, hace ya casi dos meses. La circunstancia no deja de ser paradojal, porque este encuentro involucra a los bloques del Mercosur y de la Unión Europea y no solamente por este diferendo bilateral, los países sudamericanos no se presentarán unidos.
La decisión de Evo Morales de nacionalizar sus hidrocarburos cayó muy mal en Brasil y otro tanto en la Argentina, que se sintieron burladas por no haber tenido ni siquiera un aviso previo del boliviano, probablemente asesorado por Hugo Chávez. La sorpresa (y la decepción) dinamitó a Itamaraty, al Palacio San Martín, a Julio de Vido y al rey de España, quienes no se explican aún hasta dónde llegará la jugada de Morales.
El caso boliviano
Ante el antecedente del seguidismo que hizo Kirchner cuando Brasil canceló sus cuentas con el FMI, los directivos de Repsol-YPF viajaron a Buenos Aires para sondear el ánimo del presidente argentino a adoptar una actitud similar a la boliviana. Se quedaron tranquilos, aunque aún hay una promesa de los españoles de sacar a la Bolsa una porción minoritaria de su capital, acciones que podrían direccionarse hacia "empresarios de la burguesía nacional", lo que sería presentado, justamente en el acto del 25, como el retorno hacia la argentinización de YPF.
En relación con Viena, la posterior reunión cuatripartita de los presidentes de la Argentina, Brasil Venezuela y Bolivia demostró que por estas latitudes existen intereses y matices ideológicos muy diferentes, que entorpecerán cualquier avance en cuestiones que a los productores de alimentos les interesa sobremanera, como es la reducción de los subsidios agrícolas. Aunque la Argentina -que le pide a Europa libertad de comercio- deberá escuchar seguramente las quejas por la paralización de los embarques de carnes, de los que ya no cumple, ni siquiera, con los correspondientes a la cuota Hilton. (DyN)
Los tres personajes -dos de ellos le repitieron por separado exactamente esas cuatro palabras a DyN cara a cara- se jugaron por una multitudinaria presencia en la Plaza de Mayo, aunque el fervor del intendente lo llevó a fantasear con "un millón de personas", mientras que también se escuchó de boca de uno de ellos una justificación ("hasta ahora, el Presidente no tuvo suerte con lo que se le intentó organizar", dijo), tras el papelón del acto del 1 de marzo en el Congreso, que Kirchner y señora, Cristina Fernández, obviaron a la salida de la Asamblea Legislativa.
En cuanto al modo de denominar el encuentro todos dijeron que no será de ningún modo la "Plaza del Sí", por sus reminiscencias a Bernardo Neustadt y a aquella convocatoria privatizadora y desreguladora de cuño menemista, y que se llamará, a pedido del propio Presidente, "Plaza de la Esperanza".
Por último, y ya sobre la organización, se pudo saber que probablemente ese día se retire el vallado que está sobre la Pirámide (o se lo reduzca) y también que los organizadores no quieren saber nada con que haya micros estacionados en la avenida 9 de Julio que demuestren que se trajo a la gente, aunque se está gestionando que colectivos y trenes no cobren boleto ese día.
¿Simple coincidencia en la frase o bajada de línea para marketinear la necesidad de un encuentro del presidente de la Nación con la gente, al mejor estilo de Juan Perón? ¿Cómo juega la interna del círculo áulico presidencial para explicar toda esta movida? Ambos interrogantes tienen su explicación.
Frases comunes
En primer término, como en política las coincidencias no existen, la frase en común y los comentarios adicionales que se pudieron reunir tienen una sola lectura: como lo hace habitualmente, el Presidente está siguiendo su propio modo de pensar y, sin que por ahora tenga que definir una estrategia a favor o en contra de continuar en 2007, un campo donde hasta la propia Cristina de Kirchner podría enrolarse, desde su rol de administrador eficiente y conservador ha decidido transitar otro camino, antes que plantear en el acto su reelección.
Aquí se entronca la cuestión de la interna, ya que un primer reparo del grupo que no comulga con la estrategia de la convocatoria es que, si se avanza por allí, Kirchner comenzará a transitar un sendero más que riesgoso, a partir del cual el personalismo podría exacerbarse, comenzar a pesar aún mucho más que las ideas y generar un campo propicio hacia mayor populismo que, naturalmente, haga desembocar todo el proceso en la reelección como necesidad. Observan que, sin ningún desgaste, igualmente se llegará al mismo resultado, dentro de unos meses, aunque el factor inflacionario disloque algo las chances.
"Por qué se le debería negar la posibilidad de un encuentro con la gente a un presidente que hace que el país crezca a un ritmo de 9 por ciento al año y que tiene 70 por ciento de popularidad", justificó ante DyN uno de los interlocutores "proacto". Justamente, en la interna presidencial, este mismo argumento, con el agregado "qué necesidad tiene un Presidente...", fue usado para aconsejarle a Kirchner exactamente lo contrario.
Después del acto del viernes en Gualeguaychú, probablemente los abanderados de esta última postura retomen algo su ofensiva para decirle al Presidente que ya tuvo su bautismo de fuego frente a un público más que fervoroso, aunque no es lo mismo: la Plaza de Mayo y el balcón tienen su influjo, muchos de los asistieron al Corsódromo no fueron por él y, es cierto, poco les dio en la ocasión.
En verdad, en el caso de las pasteras fraybentinas, Kirchner no se movió ni un ápice de su posición original, la misma que expresó en el Congreso en su discurso de inicio del año legislativo. Allí, sacó el tema de las relaciones exteriores y lo colocó en el capítulo ambiental, se pronunció por un informe técnico y por dirimir la cuestión en la Corte de La Haya y esto mismo es lo que ratificó a Gualeguaychú un día después de la presentación, más allá de haber nacionalizado y politizado a gusto la cuestión.
A todos les ha quedado claro, y más aún a los propios habitantes del lugar, que los únicos que le dicen "no" a la construcción de las plantas son ellos mismos, ya que el discurso oficial se manifestó desde el minuto cero con un rotundo "no" a la contaminación, lo que no es lo mismo. Kirchner dijo comprender en aquel mensaje ante las Cámaras lo que la inversión conjunta de España y Finlandia significaba para el Uruguay.
Después aparece la cuestión diplomática bilateral, probablemente la menos feliz de todas las vertientes del análisis, ya que allí los dos presidentes están jugando al juego de las mutuas demostraciones de fuerza, de las chicanas y de los sobreentendidos, en una escalada que nunca se sabe cómo puede calar en el ánimo de los ciudadanos de los dos países. En ese aspecto, el acto del viernes no ayuda, ni tampoco lo hará la reunión del gabinete uruguayo en Fray Bentos, justamente el 25 de mayo, un día seguramente no elegido al azar, sino con el sentido simbólico de su connotación histórica y hasta de provocación competitiva con el acto kirchnerista.
Tampoco han colaborado los decires sin decir que ambos presidentes ensayaron en menos de 24 horas. Kirchner, sugiriendo desde la tribuna que fue el mandatario uruguayo quien alguna vez le dijo que había recibido de su antecesor la cuestión de las pasteras como "un presente griego" y Tabaré armando, como en un libreto, una frase incompleta y para el suspenso, al decir que "el país que más contamina en la región es..." y asintiendo cuando una periodista, en el cierre de su gira, afirmó sin inocencia "Argentina".
Con los gobernadores
Sobre este punto, en verdad la Argentina le dejó picando la pelota en el área al uruguayo, a partir de la convocatoria ambiental de carácter nacional que realizó Kirchner en el discurso del viernes, una suerte de autocrítica hacia un renglón totalmente abandonado por la dirigencia, y con la firma de un compromiso para empezar a ejecutar alguna vez las tareas pendientes que reclama la salud de la gente. Detrás de él, en el palco, los gobernadores deberían haber hecho notar aún más su rubor, ya que el discurso del Presidente fue para que muchos se miren el ombligo (Buenos Aires, Misiones y Tucumán, en primera línea), aun la Nación.
Es probable que esta semana, en Viena, Kirchner y Vázquez vuelvan a cruzarse y que comprueben cuánto se retrocedió desde aquel desayuno común en Santiago de Chile, hace ya casi dos meses. La circunstancia no deja de ser paradojal, porque este encuentro involucra a los bloques del Mercosur y de la Unión Europea y no solamente por este diferendo bilateral, los países sudamericanos no se presentarán unidos.
La decisión de Evo Morales de nacionalizar sus hidrocarburos cayó muy mal en Brasil y otro tanto en la Argentina, que se sintieron burladas por no haber tenido ni siquiera un aviso previo del boliviano, probablemente asesorado por Hugo Chávez. La sorpresa (y la decepción) dinamitó a Itamaraty, al Palacio San Martín, a Julio de Vido y al rey de España, quienes no se explican aún hasta dónde llegará la jugada de Morales.
El caso boliviano
Ante el antecedente del seguidismo que hizo Kirchner cuando Brasil canceló sus cuentas con el FMI, los directivos de Repsol-YPF viajaron a Buenos Aires para sondear el ánimo del presidente argentino a adoptar una actitud similar a la boliviana. Se quedaron tranquilos, aunque aún hay una promesa de los españoles de sacar a la Bolsa una porción minoritaria de su capital, acciones que podrían direccionarse hacia "empresarios de la burguesía nacional", lo que sería presentado, justamente en el acto del 25, como el retorno hacia la argentinización de YPF.
En relación con Viena, la posterior reunión cuatripartita de los presidentes de la Argentina, Brasil Venezuela y Bolivia demostró que por estas latitudes existen intereses y matices ideológicos muy diferentes, que entorpecerán cualquier avance en cuestiones que a los productores de alimentos les interesa sobremanera, como es la reducción de los subsidios agrícolas. Aunque la Argentina -que le pide a Europa libertad de comercio- deberá escuchar seguramente las quejas por la paralización de los embarques de carnes, de los que ya no cumple, ni siquiera, con los correspondientes a la cuota Hilton. (DyN)
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