Lucía Bellocchio lleva años dedicada a ayudar a responder, sobre todo a aquellos con poder de decisión sobre las políticas públicas, cómo la tecnología puede hacer mejores ciudades. Hace un tiempo, una experiencia personal la impulsó a indagar sobre otra cuestión: cómo vive el espacio urbano una persona neurodivergente. De esa mezcla de indagaciones nació Ciudades azules, el libro que escribió junto al arquitecto Álvaro García Resta.
Abogada, especialista en ciudades inteligentes y en innovación urbana, fundadora y directora de Trend Smart Cities -consultora dedicada al desarrollo de proyectos de transformación urbana-, Bellocchio estuvo en San Miguel de Tucumán invitada por la intendenta, Rossana Chahla. En el marco de la visita, presentó su libro. El evento se llevó a cabo en Plaza Libertad (Alberdi al 300), junto al espacio donde funciona la Casa Azul, el primer centro municipal público y gratuito del país especializado en la atención integral de personas con condición del espectro autista, sus familias y cuidadores.
“Ciudades azules trata sobre qué pueden hacer las ciudades para ser más inclusivas con personas neurodivergentes. Desde hace muchos años me vengo dedicando al concepto de ciudad inteligente. Y en este último tiempo lo mezclé con algo que me atraviesa muy personalmente, porque además de dedicarme a acompañar ciudades en esos procesos de transformación también soy mamá de Tom, que está dentro del espectro autista”, contó. Añadió que eso le hizo ver las ciudades desde esa otra perspectiva; cosas que acaso a una persona neurotípica le pasa inadvertida. “Empecé a ver cómo es la experiencia urbana, transitar la ciudad, con un niño que está dentro de la condición autista”, explicó.
Ciudad que se deja leer
Para quienes no están muy metidos en el tema, la especialista aclaró que las personas dentro del espectro autista tienen dificultades en las cuestiones sociales y de comunicación. De allí, a su criterio, las preguntas que debe hacerse una ciudad: cómo anticipar lo que pasará, cómo comunicarlo mejor y cómo volverse más legible, más navegable.
Entre las iniciativas posibles, Bellocchio mencionó algunas pensadas concretamente para el autismo: una ciudad menos ruidosa -porque eso baja los estímulos-, salas sensoriales, zonas de calma, el transporte público electrificado -que ayuda a bajar los ruidos urbanos-. “En el libro hablamos de un concepto nuevo: el derecho a la pausa. Uno puede estar en un lugar y tener un espacio para hacer una pausa y reintegrarse luego a esa sociabilización; que no sea necesario que se vaya”, señaló.
El diseño urbano, añadió, también importa en los detalles: “No de lo mismo una plaza que tenga colores muy fuertes, muy chillantes, a una con colores más calmos; y se pueden pensar también las texturas. El verde en la ciudad transmite calma”.
Incorporar, no segregar
Sobre el alcance de la propuesta, Bellocchio fue categórica. “El modelo de ir hacia una ‘ciudad azul’ no quiere decir que debemos empezar a adaptar todo; eso va a segregar a las personas. Por el contrario, debemos ver cómo incorporar esa diversidad; entender que hay personas que procesan la información y perciben los estímulos de una forma diferente, y cómo la ciudad inteligente puede leer esas diferentes demandas, y poner esa diversidad como un recurso de diseño: que desde que se piense una plaza o un procedimiento administrativo se contemple esta diversidad”, sostuvo.
Uno de cada 36 niños menores de 8 años recibe hoy un diagnóstico de autismo, según indicó la especialista. A raíz de ello, considera que el tema atravesará todas las ciudades, sin importar su tamaño. Sobre esa base, rechazó que se lo trate como un asunto exclusivamente sanitario. “No hay que pensar en que porque viene desde la salud, desde lo médico se trata solo de una política de salud, sino que debe ser también una política urbana: cómo se llega al diagnóstico, cómo se pueden hacer esas terapias, cómo se puede disfrutar del entretenimiento, de la cultura”, planteó. Según explicó, el libro propone precisamente eso: cómo se incluye este tema en la agenda. “Las ciudades son el lugar por excelencia para la sociabilización, que justamente es una de las dificultades que muchas veces tienen las personas dentro del espectro autista. Pensar mejores ciudades es parte de la solución”, puntualizó.
Bellocchio señaló que hoy se advierte una evolución marcada: se habla del autismo mucho más que antes. En ese sentido, consideró que ello puede ayudar a que los cambios lleguen en un plazo relativamente corto. “En todos los ámbitos en los que vengo hablando notamos que a todos, desde algún ángulo, nos atraviesa. El que no tiene un hijo, tiene un primo o conoce a alguien. De alguna forma empezamos a ver que esto es una realidad, ya dejamos de ocultarlo; y eso es un avance”, afirmó. Si esa conciencia crece, añadió, quienes ocupan posiciones de liderazgo pueden tomar decisiones; por ejemplo, quien conduce una empresa y advierte que parte de su personal puede estar dentro del espectro.
En los últimos años, recordó la especialista, la accesibilidad se trató sobre todo como la eliminación de barreras físicas, y surgieron normativas -si se construye, debe haber rampa o ascensor- que casi nadie discute ya. “Hoy debemos ampliar esa mirada de la accesibilidad hacia lo cognitivo, hacia lo sensorial; ir un paso más allá y realmente pensar en esto del diseño universal”, propuso. Y precisó qué significa que la ciudad sea accesible desde lo cognitivo: “Que sea más legible, que tenga más apoyos visuales, una mejor señalética; una ciudad donde uno se oriente. Muchas veces las ciudades abruman”. Y ese beneficio, resaltó, no alcanza solo a personas neurodivergentes: “Hoy la población envejece; la expectativa de vida es cada vez mayor, las personas están en buenas condiciones y quieren vivir la ciudad, tener una vida urbana activa. Una ciudad cognitiva los ayuda a tener autonomía”.
Infraestructura
En opinión de Bellocchio, la autonomía es también el centro de la infraestructura “azul”, otro concepto que el libro introduce. “Hay que ver cómo hacer que la ciudad, su infraestructura, cuide, acompañe, para que la persona neurodivergente pueda tener autonomía y no depender siempre de un cuidador, del padre, de un adulto, de un acompañante terapéutico”, remarcó.
Explicó que se trata de una infraestructura del cuidado y del bienestar; y recordó que en temas urbanos primero se habló de construir autopistas y edificios, y luego vino un auge de la infraestructura verde, debido al cambio climático y a la sostenibilidad. “Centros de salud, espacios públicos de calidad, una movilidad mejor, lugares de atención al público con personas capacitadas para saber qué hacer ante una situación en la cual un niño se desregula o le agarra una crisis sensorial. Todas estas cuestiones tienen que ver con la infraestructura ‘azul’, que no se contrapone a la verde, sino que la complementa. Viene a decir ‘¿qué hacemos además de que la ciudad te brinde buenos espacios verdes?’ Ahí entra la infraestructura del cuidado y del bienestar”, afirmó.
Bellocchio conoció cerca de 400 ciudades de todo el globo, y vivió en siete países. “Soy una apasionada por las ciudades; y siempre, desde muy chica, me gustó viajar, conocer y entender por qué las personas hacemos lo que hacemos. Y tuve la oportunidad de tener mi primera experiencia laboral fuera de la Argentina en Costa Rica, en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Ahí empecé a tratar mucho temas que tenían que ver con lo que hoy incluiríamos en la agenda de smart cities”, dijo.
Destacó que luego llegó Tom a su vida -“lo mejor que me pasó”!- y que, más cerca en el tiempo, atravesó un cáncer. “Hoy me doy cuenta de la importancia de esa infraestructura de cuidado. Terminar una quimio y poder tener un buen espacio público para ir a estar en contacto con el verde cambia la recuperación. Si tenés turno con el médico para hacer un tratamiento, no da lo mismo demorar 10 minutos o tres horas por el tránsito. Hablamos de ciudades que cuidan, de toda esta infraestructura del cuidado. Cuando uno atraviesa esas cosas, les pone el cuerpo, te cambian la perspectiva”, afirmó.
A modo de cierre, remarcó que mucho se habla de cómo hacer ciudades más humanas. “Es muy lindo decirlo, pero después hay que ver efectivamente qué podemos hacer. Una ciudad que cuida es una ciudad más inteligente que está más cerca de las personas. Creo que quienes toman decisiones tienen esa enorme responsabilidad de trabajar en ese escenario donde transcurre la vida de las personas, que son las ciudades”, concluyó.










