Los últimos minutos, el nuevo desafío de Atlético Tucumán

El “Decano” dejó escapar puntos valiosos sobre la hora ante River, Barracas y Gimnasia. Las desconcentraciones defensivas, una cuestión por resolver para Falcioni.

BRONCA Y FRUSTRACIÓN. Los jugadores de Atlético se retiran cabizbajos tras el empate ante Gimnasia, que llegó con un penal sobre el final.
BRONCA Y FRUSTRACIÓN. Los jugadores de Atlético se retiran cabizbajos tras el empate ante Gimnasia, que llegó con un penal sobre el final.
Por Diego Caminos Hace 1 Hs

Resumen para apurados

  • Atlético Tucumán perdió puntos valiosos sobre el final en sus últimos partidos del Clausura ante River, Barracas y Gimnasia debido a desconcentraciones defensivas.
  • El Decano pasó de registrar diez vallas invictas a recibir goles en seis duelos seguidos, condicionado por el desgaste físico, la falta de variantes y fallas individuales.
  • Julio César Falcioni debe recuperar con urgencia la solidez defensiva que caracterizó al equipo para evitar que estos errores en el cierre sigan costando caro en el certamen.
Resumen generado con IA

Durante los últimos partidos, en Atlético Tucumán comenzó a repetirse un patrón que en 25 de Mayo y Chile esperan que se extienda lo menos posible. En tres encuentros recientes del Clausura, contra River, Barracas Central y Gimnasia, el “Decano” perdió puntos muy valiosos en la última jugada. El déficit puede explicarse por el desgaste propio de los partidos, la falta de variantes o las desconcentraciones defensivas. Lo cierto es que mirar hacia atrás duele. Genera bronca y frustración. Pero es necesario hacerlo si el equipo pretende evitar que los mismos errores vuelvan a repetirse.

La primera vez que ocurrió fue hasta cierto punto lógica, por lo que prácticamente no generó preocupación. Clever Ferreira le empataba el partido al “Millonario” después de más de 70 minutos jugando con uno menos y el grito de gol provocó un desahogo “monumental” en el José Fierro. Sin embargo, instantes después, Thiago Almada volvió a poner las cosas en su lugar y silenció el estadio que segundos antes estaba eufórico, con la excepción de la tribuna destinada a los hinchas de Núñez.

Dolió muchísimo, pero aquel gol tardío respondía a motivos razonables. El equipo había hecho un desgaste notable, se había quedado prácticamente sin variantes en el banco por haber destinado todos sus recursos a buscar el empate y la jerarquía individual de River terminó por inclinar la balanza. Fue Tomás Galván quien desparramó a Leonel Di Plácido y Ferreira por derecha, y luego Almada no perdonó. Podía pasar.

Sin embargo, la preocupación se extendió en el siguiente compromiso como local, contra Barracas. En el medio, paradójicamente, Atlético había conseguido empatarle sobre la hora a Independiente Rivadavia con un gol de Alexis Canelo y también había perdido en su visita a Aldosivi. Aunque aquel tanto del “Tiburón” llegó durante el segundo tiempo, la derrota también resultaba hasta cierto punto entendible: el equipo había disputado su tercer partido en nueve días y que se hubiera quedado sin energías después del éxtasis por la Copa Argentina tenía sentido.

Pero frente al “Guapo” la historia ya era distinta y las exigencias eran mayores. Atlético perdía 2-1 cuando un gol de Maximiliano Villa, otra vez sobre la hora, puso el duelo en tablas. Al “Decano” no le servía demasiado ese punto, pero terminó por perderlo también, con un gol de Nicolás Orsini en la última jugada, después de una desatención defensiva de Gianluca Ferrari en la marca.

Y frente a Gimnasia, el último viernes, terminó por consolidarse esta minirracha indeseada. Atlético había diseñado un plan basado en sostener el orden defensivo y apostar a lastimar de contragolpe. Y le estaba saliendo bien. El “Lobo” tenía la posesión, pero el “Decano” generaba las situaciones más claras. Hasta que Lautaro Godoy, con una gran maniobra individual, convirtió un golazo que parecía asegurarle un triunfo muy valioso en el Bosque. Pero, otra vez, la alegría se desvaneció sobre el final.

Y fue por otra desatención defensiva. Esta vez de Di Plácido, que cometió un penal completamente evitable cuando faltaban apenas 30 segundos para el final. Marcelo Torres lo cambió por gol, el ex Lanús se retiró desconsolado del campo de juego y Atlético volvió a dejar escapar puntos. Esta vez, por tratarse del tercer episodio y por haber resignado un triunfo que parecía asegurado, tal vez terminó siendo la más dolorosa.

Un repaso por los tres casos permite identificar algunas cuestiones. La primera es que, salvo frente a River, no parece que el principal problema sea que el equipo llegue al tramo final sin energías. Julio César Falcioni se refirió a la falta de variantes en más de una oportunidad y es cierto que representa una dificultad. Sin embargo, el “Decano” suele llegar a los últimos minutos con posibilidades de competir y hasta de convertir.

Una muestra de ello es que también consiguió marcar goles decisivos sobre el cierre en varios encuentros. Además de los tantos frente a River, Barracas e Independiente Rivadavia, aparecen el de Ramiro Ruiz Rodríguez para el 2-1 contra Racing y el de Ferreira para el 1-0 ante Estudiantes de Río Cuarto. Es decir, Atlético también ha demostrado que puede encontrar respuestas cuando los partidos se acercan a su desenlace.

Sin desconocer la influencia del desgaste físico y de la falta de recambio, aparece entonces un dato más revelador. Y tiene que ver con una virtud que el equipo parece haber perdido en los últimos encuentros: la solidez defensiva. Pasó de acumular 10 vallas invictas en 11 partidos a recibir goles en sus últimos seis compromisos. Si Atlético dejó escapar tantos puntos recientemente, buena parte de la explicación parece encontrarse en ese déficit más profundo: las desconcentraciones defensivas. Jugadas como las de Ferrari y Di Plácido son errores que este equipo, hasta hace poco, prácticamente no cometía.

Lo positivo es que Falcioni sabe dónde debe intervenir. Y, justamente, se trata de una faceta del juego que conoce muy bien y sobre la que construyó buena parte de la identidad de su equipo. Lo cierto es que necesita encontrar soluciones cuanto antes. Porque en un campeonato tan parejo, las desconcentraciones defensivas se pagan caro. Y cuando aparecen en la última jugada, no solamente cuestan puntos: también duelen durante toda la semana.

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