Hay joyas que una conoce antes de saber su historia. Un anillo que estuvo siempre en la mano de mamá o los aros que una abuela guardaba con cuidado y volvía a ponerse una y otra vez. A veces pasan años hasta que esas piezas cambian de lugar, hasta que un día aparecen en otro joyero.
También están las que empiezan su historia con nosotros. Ese anillo que alguien vio y pensó que era para vos. La cadenita que llegó dentro de una caja después de que otra persona se tomara el tiempo de imaginar si te gustaría, si la usaría o si tenía algo de tu estilo. Parte del encanto de recibir una joya está justamente ahí: saber que, antes de convertirse en un objeto propio, alguien la eligió pensando en nosotros.
“Una joya no es solamente lo que compramos, sino la historia que empieza a representar desde el momento en que la elegimos”, dice Beatriz Costilla, de Joyería Zaphiro. Y esa historia puede empezar de muchas maneras. Algunas piezas llegan para marcar una ocasión; otras se incorporan a la vida cotidiana y, casi sin darnos cuenta, terminan asociadas a una persona, una época o un recuerdo.
Para que puedan acompañar ese recorrido, Beatriz señala tres factores: calidad, diseño y significado. Los materiales y una correcta elaboración permiten que una pieza se conserve en buenas condiciones durante años. El diseño plantea otro desafío porque las tendencias cambian y también cambia nuestra forma de vestir, por eso aquellas joyas que no dependen exclusivamente de una moda tienen más posibilidades de encontrar su lugar en épocas diferentes.
Alianzas, cadenas, medallas, aros y dijes de líneas sencillas están entre los diseños que considera especialmente atemporales. Eso no significa que una pieza tenga que ser neutra o pasar inadvertida. Puede tener personalidad y, al mismo tiempo, mantener un equilibrio que permita usarla de distintas maneras a medida que pasan los años.
Cuando llega el momento de elegir para otra persona, conviene prestar atención a quien va a recibirlo. En Joyería Zaphiro, local atendido por su dueño, ese acompañamiento forma parte de la experiencia de compra. “Muchas veces el cliente llega con una idea y, a través de una buena conversación, podemos ayudarlo a encontrar una pieza que realmente represente a esa persona”, cuenta Beatriz. La búsqueda empieza entonces mucho antes de abrir la caja: en observar, recordar y pensar qué podría hacer feliz a quien está del otro lado.
Después viene el uso y, con él, el cuidado. Desde Joyería Zaphiro recomiendan evitar perfumes, cremas y productos químicos, guardar cada pieza por separado y, cuando sea necesario, realizar una limpieza o revisión profesional que ayude a conservarla con el paso del tiempo.
Porque nunca se sabe qué lugar ocupará una joya años después. Tal vez permanezca en el mismo joyero o quizás cambie de mano y empiece a acompañar otra vida. La pieza será la misma, aunque la historia que cuente ya sea otra.






