Resumen para apurados
- Tras la muerte de Piero, se recordaron sus recitales en Tucumán en los años 80, donde congregó a miles en el Palacio de los Deportes por la democracia.
- Tras volver del exilio, actuó junto a la banda Prema y presentó proyectos solidarios como los Centros de Buenas Ondas para construir escuelas y albergues.
- Su obra consolidó el paso de la canción de protesta a la propuesta constructiva, dejando un legado cívico y cultural que trasciende generaciones.
Piero visitó Tucumán en los primeros años de la recuperación democrática y dejó en las páginas de LA GACETA un registro de sus recitales, sus preocupaciones y de una etapa en la que no se alejó de su esencia ya mencionada: transformar la canción de protesta en una canción de propuestas.
La primera visita que conserva el Archivo de LA GACETA es de mayo de 1983. El cantante llegó a la provincia acompañado por el grupo Prema, integrado por Daniel Manzini, Rubén Izarralde, Juan Carlos Torto, Luis Gurevich y Alfredo Toth. El 4 de mayo por la noche, se presentó en el Palacio de los Deportes con el espectáculo “Canto a la ternura”. La expectativa fue enorme: según la crónica publicada por este diario, unas 7.500 personas concurrieron a un recinto que terminó quedando chico.
El recital mezcló generaciones. Hubo canciones como “Mi viejo”, “Pueblo” y “País”, pero también una fuerte presencia de jóvenes y del público vinculado al rock. Las tribunas, incluso, entonaron consignas contra la dictadura. Piero apareció vestido de blanco y, acompañado por Prema, recorrió un repertorio que combinaba nostalgia, folklore y nuevas búsquedas. El cierre fue con “Manso y tranquilo”, coreado por el público mientras se encendían antorchas.
Un día antes, al llegar a Tucumán, Piero había hablado con LA GACETA de su música y de la Argentina que encontraba después del exilio. “Es tiempo de reconstruir, creer y crear”, afirmó. También sostuvo que la violencia no era el camino y que, frente a las agresiones, había que responder “con una propuesta mejor”. Sobre las canciones que podían ser censuradas, cuestionó la falta de claridad de los organismos encargados de autorizar los temas.
El 9 de julio de 1984, Piero volvió a cantar en Tucumán, nuevamente junto a Prema. Aquella visita coincidió con los festejos patrios y estuvo marcada por una búsqueda diferente: acercarse a los jóvenes sin abandonar sus raíces. “El público adolescente está abierto a los cambios”, sostuvo entonces en una entrevista con este diario. Habló del tango, del folklore y de sus planes de grabar un nuevo disco.
Proyecto social
Pero las “buenas ondas” no eran solamente una idea musical. Piero también contó entonces el proyecto social que había comenzado a desarrollar: reunir elementos y recursos para escuelas y promover los Centros de “Buenas Ondas”, iniciativas que buscaban trabajar con comunidades sin distinciones de ideología, religión o partido.
En mayo de 1984 volvió a la provincia junto a Prema pero su estadía duró muy poco. Venía de realizar recitales en Salta y Jujuy y aprovechó el paso por la región para hablar de ese proyecto. Contó que en San Antonio, cerca de Animaná, se había conseguido un terreno para construir una escuela primaria y un albergue.
Así quedó Piero en el archivo tucumano: el cantante de “Mi viejo” que llenó el Palacio de los Deportes, pero también el artista que, recién recuperada la democracia, hablaba de reconstruir, crear y convertir las canciones en una forma de participación.














