Éxito, esfuerzo y frustración: cómo impactan los discursos de productividad en la salud mental
Ante el preocupante aumento de la tasa de suicidios y las demandas de atención psicológica, la presidenta del Colegio de Psicólogos de Tucumán, Sol Forgas, advierte que la crisis de salud mental no es solo un dilema individual. Las exigencias del "máximo rendimiento", la meritocracia y la falta de garantías económicas imponen un peso abrumador sobre los jóvenes.
Resumen para apurados
- La titular de Psicólogos de Tucumán, Sol Forgas, alertó que la crisis de salud mental argentina se agrava por discursos de productividad y frustración económica actual.
- Los suicidios en el país subieron un 57,7% entre 2017 y 2025. El mandato del éxito individual ignora la desigualdad material y afecta con fuerza a jóvenes y adolescentes.
- Especialistas reclaman que el Estado garantice asistencia psicológica pública y gratuita para evitar que las dificultades socioeconómicas profundicen la emergencia sanitaria.
La crisis de salud mental en la Argentina, marcada por el aumento de la tasa de suicidios, el crecimiento de la demanda de atención y las dificultades de acceso a la asistencia, tiene componentes que van más allá de una historia individual. Los problemas de bienestar emocional involucran a la sociedad entera, y los discursos sociales pueden incidir en ese malestar. Sol Forgas, presidenta del Colegio de Psicólogos de Tucumán, señaló los mensajes que promueven el “rendimiento máximo” como uno de los factores que propone analizar para comprender este escenario.
“Cualquier lectura que reduzca la problemática a una problemática individual es sesgada, incompleta e insuficiente”, señaló Forgas sobre los problemas de salud mental que atraviesa el país. Según el informe del Observatorio de Política Criminal, la cantidad de suicidios registrados en la Argentina aumentó un 57,7% entre 2017 y 2025. La especialista también remarcó la importancia de analizar las diferencias según el género. “No es casualidad que nos encontremos con una tasa de suicidios tan alta. Tampoco es casualidad que sean los adolescentes y los jóvenes varones”, advirtió la profesional. Para Forgas, estas cifras deben analizarse también en relación con las expectativas y los discursos que circulan en la sociedad.
La construcción del futuro y la trampa de la frustración
“Hay una pregunta que nos tenemos que hacer todos y todas en general: ¿cómo estamos construyendo una idea de futuro?”, planteó la titular de la entidad. Para la docente de la UNT, la posibilidad de imaginar un futuro influye en cómo se atraviesa el presente: la expectativa de realizar algo más adelante puede ayudar a sostenerse en los momentos difíciles. “Lo que nos hace pasar esos momentos de tristeza es que hay algo que yo voy a motorizar, voy a hacer, me voy a lanzar, que va a relanzar de nuevo alguna apuesta por el porvenir”, explicó. Desde su perspectiva, la falta de recursos y la desigualdad pueden dificultar la concreción de esos proyectos.
En la narrativa del rendimiento y la productividad también resuena la exigencia que se impone a personas que no cuentan con las condiciones necesarias para cumplir esas expectativas. “Antes había una idea de ‘estudiar en la universidad porque después de eso vas a conseguir un trabajo y vas a poder llegar a tal cosa’, como una suerte de etapas que tenías que cumplir para obtener determinada cosa y después otra”, completó Forgas. Por qué ese recorrido resulta hoy inaccesible para muchas personas es una pregunta que, para la especialista, la sociedad debe plantearse.
La condena del fracaso
En los discursos que describe Forgas, la exigencia de eficiencia atraviesa distintos aspectos de la vida y el rendimiento aparece como una medida del valor personal, incluso a costa del bienestar emocional. “Está el llamado, a veces abrumador, de que hay que ponerle muchas ganas, que hay que levantarse a las cinco de la mañana y que a esa hora ya tendrías que haber hecho no sé cuántos movimientos financieros, comprar determinadas cosas en el mercado cambiario y que quien no hace eso es un bobo”, expresó Forgas. Según su análisis, cuando esas metas no se alcanzan por falta de condiciones básicas, esos mensajes pueden convertirse en una condena personal.
“Tiene efectos en la salud mental de los adolescentes, de los jóvenes y de toda la sociedad que entiende, con ese mensaje, que está haciendo todo mal, que es un fracasado, que nunca va a enganchar y que nunca va a poder obtener esa cantidad de objetos de consumo porque no está haciendo bien las cosas”, expresó la psicóloga. Para la profesional, los mensajes que presentan el éxito como resultado exclusivo del esfuerzo individual pueden generar dolor y sentimientos de fracaso.
La crisis económica y las dificultades para pedir ayuda
La exigencia de rendimiento resulta inseparable de una realidad estructural en la que suele ignorarse la desigualdad de oportunidades, la falta de recursos o la precarización laboral al individualizar el éxito o el fracaso. “En el medio de una crisis económica innegable, una crisis que altera todas nuestras realidades y nuestras condiciones más concretas de existencia, eso obstaculiza o impide que podamos pedir ayuda”, señaló la especialista. Si a esto se suma la premisa de que la responsabilidad es únicamente individual, puede aumentar el sentimiento de culpa.
Para Forgas, la exigencia de productividad, las dificultades para construir un proyecto de futuro y la crisis económica son dimensiones que deben considerarse al analizar el malestar psicológico. “El aumento de la tasa de suicidios no puede leerse sin leer los efectos de estos discursos que circulan, como la idea de la meritocracia. Por otro lado, hay una marcada crisis económica y social que nos enfrenta a profundas dificultades materiales que devienen en dificultades simbólicas”, remarcó Forgas.
La salud mental como una responsabilidad del Estado
La demanda de asistencia psicológica no puede desvincularse de la realidad material de las personas. Cuando los ingresos apenas alcanzan para cubrir las necesidades básicas, costear una consulta privada puede resultar difícil o imposible. Ante este panorama, Forgas enfatizó que las instituciones públicas deben garantizar el acceso a la atención. “Que una persona que está atravesando una crisis de salud mental y que encima no puede costearse un tratamiento tenga dónde acudir: eso sí es responsabilidad del Estado”, concluyó Forgas.
Dónde pedir ayuda
Pedir ayuda puede comenzar con una llamada o una consulta cerca de casa. En Tucumán, la línea 135 atiende urgencias y realiza derivaciones, mientras que el 0800-122-1555 brinda orientación con psicólogos las 24 horas. También se puede acudir a los CAPS y policlínicas o al Servicio Ambulatorio de Adicciones del Hospital Avellaneda, que atiende de lunes a viernes, de 7 a 19. La red provincial incluye hospitales de segundo nivel para desintoxicación aguda, los equipos comunitarios “Nuevo Amanecer”, los hospitales Obarrio y del Carmen para cuadros agudos y los centros Las Moritas, en Las Talitas, y Cetria, en Aguilares, para rehabilitación.










