Del duelo al “showroom vintage”: qué pasa con los objetos cuando una familia vacía una casa

OBJETOS CON HISTORIA. En un departamento céntrico, el equipo de Kairos revisa y clasifica cada pieza. la gaceta / fotos de analía jaramillo
OBJETOS CON HISTORIA. En un departamento céntrico, el equipo de Kairos revisa y clasifica cada pieza. la gaceta / fotos de analía jaramillo

No es fácil decidir qué hacer las pertenencias de un familiar que fallece. Un proyecto en Tucumán recupera esos objetos, los clasifica y busca nuevos destinos para evitar que terminen en la basura.

Lucía Lozano
Por Lucía Lozano 30 Agosto 2026

Resumen para apurados

  • En Tucumán, el proyecto Kairos clasifica y recupera pertenencias de personas fallecidas al vaciar viviendas, evitando que los objetos con historia terminen desechados.
  • La iniciativa surge ante la difícil tarea emocional y logística que enfrentan los deudos al decidir qué hacer con los bienes acumulados tras el fallecimiento de un familiar.
  • El modelo promueve la economía circular y la preservación de la memoria afectiva, transformando el descarte en espacios de venta vintage y reutilización comunitaria.
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Los libros. La ropa. Los muebles. Las herramientas. La cómoda. La vajilla. Un tapiz en la pared. La tabla de planchar. Un viejo proyector de diapositivas. Postales. Una colección de discos. Cajones de aros, collares y pulseras. Y cajas repletas de botones y puntillas que quedaron del negocio familiar que cerró hace años.

Hay casas que guardan mucho más que muebles. Guardan una vida. Pueden parecer objetos comunes para quien los mira desde afuera. Pero para una familia pueden ser fragmentos de una historia. Por eso, el problema aparece cuando esa vivienda debe vaciarse. Puede ser después de la muerte de un familiar, antes de una venta, durante una mudanza, luego de una separación o simplemente cuando alguien decide desprenderse de aquello que acumuló durante décadas. Entonces surge una pregunta tan concreta como difícil: ¿qué hacer con todo lo que queda?

En muchos casos, la respuesta termina siendo la más rápida: regalar, vender a las apuradas o tirar. Y así, objetos que todavía podrían tener una segunda vida terminan en un contenedor.

En Tucumán, un emprendimiento intenta cambiar esa lógica. Se llama Kairos, una palabra de origen griego que refiere al momento oportuno, a la ocasión propicia, al instante adecuado para que algo suceda. El nombre resume buena parte de la filosofía del proyecto: esperar el momento en que un objeto encuentre a la persona capaz de volver a darle sentido.

El emprendimiento está integrado por Javier Kirschbaum, psicólogo y gestor cultural; Natalia Sabalza y Néstor Ramos, quienes comenzaron a darle forma a la propuesta en marzo de este año. La idea nació de una necesidad que habían detectado de manera recurrente: personas que los contactaban porque tenían que ocuparse de las pertenencias que quedaban en una vivienda y no sabían cómo hacerlo. Ellos, que son amantes de las ferias y de las segundas oportunidades, vieron que esa demanda justificaba arrancar con la iniciativa.

Kirschbaum cuenta que muchas veces se trata además de situaciones emocionalmente difíciles. La familia no solamente debe resolver qué hacer con los objetos: debe hacerlo en medio de un duelo, una mudanza o un conflicto familiar. Por eso, no se lo plantean simplemente como un servicio de compraventa de antigüedades. Ellos mismos se definen como un estudio de curaduría de objetos con historia.

Escuchar a la familia

El proceso comienza antes de tocar un solo objeto. La familia es la primera que decide qué quiere conservar. Después interviene el equipo. La tarea consiste en revisar, clasificar y ordenar aquello que queda, pero también en respetar las decisiones de quienes fueron dueños de esos objetos.

“Primero hay que tener muy claro lo que la familia desea”, explica Ramos, más conocido como “Santi”. Para ellos, lo que hay dentro de un hogar constituye un patrimonio familiar que no necesariamente tiene un valor económico inmediato, pero sí puede tener un enorme valor sentimental o afectivo.

Existe una primera instancia de curaduría. Se clasifican los objetos personales, los documentos, los muebles, los libros, las piezas de colección, la ropa y todo aquello que pueda tener algún destino.

Después viene una segunda decisión. Hay objetos que la familia quiere conservar, otros que decide vender y otros que prefiere donar. En este último caso, Kairos intenta conectar las pertenencias con organizaciones de la sociedad civil, fundaciones, bibliotecas populares, instituciones o personas que puedan darles un destino acorde con su valor. Un libro antiguo, por ejemplo, puede ser más útil en una biblioteca o en manos de alguien que investiga la historia local que convertido en papel para reciclar. “La premisa es: no todo lo que una familia ya no quiere conservar es basura”, explican.

Del duelo al “showroom vintage”: qué pasa con los objetos cuando una familia vacía una casa

Economía circular

Una vez terminada la clasificación comienza otra tarea: encontrarle un destino a cada objeto. Y allí aparece uno de los conceptos que atraviesan todo el proyecto: la economía circular. “La idea es recuperar algo que ya fue producido, que ya demandó materiales, energía y recursos, y extender su vida útil”, detallan.

No se trata solamente de vender antigüedades. Entre los compradores hay coleccionistas, personas interesadas en objetos vintage, emprendedores, jóvenes que buscan elementos para sus proyectos, personas que quieren recuperar una pieza de su infancia y consumidores que simplemente encuentran atractivo determinado objeto. El equipo trabaja con distintos canales: ferias, redes sociales, venta online y también encuentros presenciales. En ocasiones organizan lo que denominan un “showroom vintage”, donde abren una vivienda para que el público pueda recorrerla y elegir entre los objetos disponibles. También participan de ferias de coleccionismo y otros espacios donde los piezas pueden encontrar nuevos dueños. “No se trata solamente de decidir qué hacer con las cosas que quedaron. Se trata de preguntarse qué historia todavía pueden contar y quién podría querer continuarla”, plantean.

La propuesta tiene, además, un componente social. Algunos objetos se donan y otros son vendidos a precios accesibles. También hay materiales que terminan en manos de recicladores urbanos. El objetivo es que la cadena sea lo más extensa posible antes de llegar al descarte, aclaran.

“Cada objeto, su novia”

Dentro del universo de las antigüedades, ponerle precio a algo que ya no se fabrica puede ser complicado. Una mesa, una vajilla, una botella, un reloj o una pieza de bijouterie no tienen necesariamente un valor fijo. El precio depende del estado, la época, la rareza, la demanda y, en muchos casos, del interés que despierta entre quienes conocen ese rubro.

Por eso Kairós fue construyendo una red de especialistas y coleccionistas a los que consulta para conocer el valor de determinados objetos. Hay personas especializadas en relojes, cristalería, bronce, vinilos, botellas, porcelanas, monedas, estampillas y otras categorías. “Se sorprenderían de ver la cantidad de coleccionistas que hay en Tucumán”, cuentan, mientras ocupan sus manos clasificando objetos en un departamento céntrico que quedó vacío y en los próximos meses será puesto en venta.

Hay otro elemento que ellos consideran fundamental: que el precio de lo que venden sea accesible. “La intención no es que los objetos queden nuevamente guardados durante años. Si fueron recuperados para volver a circular, tienen que poder encontrar un nuevo dueño”, señalan.

“Cada objeto tiene su novia”, repiten como una frase que sintetiza su filosofía. La idea es que cada pieza necesita tiempo y paciencia hasta encontrar a la persona que realmente la valore. Y a veces esa conexión no tiene ninguna relación con el valor monetario”, explina Natalia. Ella tiene muchas anécdotas para ilustrar: una mujer se detiene frente a unos aros porque le recuerdan a su abuela, un adolescente quiere llevarse un casete aunque no tenga dónde reproducirlo, un niño está encantado con una cadena de plata y lo único que tiene para ofrecer como forma de pago son dos galletas.

“Una persona puede comprar un despertador antiguo que ni siquiera funciona porque le recuerda las mañanas de su infancia. En esas situaciones, el objeto deja de ser una cosa. Se convierte en una puerta hacia un recuerdo”, explica Kirchbaum.

Entre las historias que más los marcaron, aparece la de una pequeña botella de Fanta. Mientras estaban en una feria, un hombre pasó frente al puesto de Kairos, vio la botella, se detuvo y la tomó. No preguntó cuánto costaba. No pidió que se la mostraran. Simplemente dijo que quería llevársela porque le recordaba el negocio que había tenido su padre. La botella no había pertenecido necesariamente a ese comercio. Pero para él representaba aquel lugar, aquella época y aquella figura familiar.

“Todo producto de esa recuperación, puesta en valor, puesta en un lugar donde la persona la puede ver, conecta con la realidad del otro, la historia del otro, la identidad del otro”, analiza Javier.

Cada anécdota es, para todo el equipo, parte del valor del proyecto. “Lo saludable que es que se conserve la historia”, plantea Kirschbaum, que también abrió hace unos años el Museo la Juntada (espacio de rescate, conservación y colección de antigüedades y piezas de la vida cotidiana de décadas pasadas en Tucumán). Los objetos funcionan como disparadores de recuerdos y también como elementos capaces de conectar generaciones.

Una de las herramientas que incorporaron para reforzar esa idea es el pasaporte histórico. Se trata de una pequeña ficha que acompaña al objeto y permite registrar, en la medida en que sea posible, su época o año de origen. Pero también suman la fecha en que una nueva persona lo adquiere. Ese es, quizás, el sentido más profundo de Kairos: entender que el tiempo de un objeto no termina cuando deja de pertenecerle a una persona. A veces, simplemente, está esperando el momento oportuno para volver a empezar.

EN ESTADOS UNIDOS

De qué se tratan los “estate sales”

Vaciar una casa es un problema que puede presentarse en circunstancias muy diversas, especialmente cuando se trata de un familiar recién fallecido. En Estados Unidos hace tiempo que tienen una solución para eso. Se llaman 'estate sales' y consisten en vender todos los objetos de una vivienda. Suelen ocurrir los fines de semana, cuando los propietarios abren las puertas de la casa, ponen todos los objetos a la vista y reciben a las visitas, una mezcla de curiosos y fanáticos de las antigüedades. En un 'estate sale' se vende todo. A diferencia de esta modalidad, en Tucumán, Kairos propone mirar los objetos más allá de su valor económico. La idea es que aquello que deja de ser útil para una persona encuentre un nuevo sentido y otro dueño. Por eso, intentan construir una red que conecte familias, coleccionistas, instituciones, emprendedores y recicladores. La propuesta, además, evidencia la falta de espacios en Tucumán destinados a conservar y poner en circulación objetos vinculados con la historia cotidiana de la provincia.

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