Cruzaron juntos el barro y la emoción los quebró: la historia de un padre y su hijo en el Trasmontañita
Mauro y Santino Sebastiani viajaron desde Buenos Aires para competir por tercera vez juntos en el Trasmontañita. Después de una carrera marcada por el frío y el barro, protagonizaron una llegada cargada de emoción y lágrimas.
Resumen para apurados
- Mauro y Santino Sebastiani, padre e hijo de Buenos Aires, completaron con emoción la carrera Trasmontañita en Tucumán para afianzar su pasión compartida por el ciclismo.
- La dupla superó un circuito exigente marcado por el frío y el barro. Fue su tercera participación consecutiva tras entrenar durante todo el año en Buenos Aires.
- La experiencia consolida una tradición deportiva familiar que trasciende generaciones y motiva a la dupla a continuar compitiendo en futuras ediciones del evento.
Santino Sebastiani cruzó la meta y el cuerpo le dijo basta. Se bajó de la bicicleta y se tiró directamente al piso. Estaba exhausto. El barro acumulado durante el recorrido contaba parte de la historia. A unos metros, detrás de las vallas, su mamá lo esperaba con el celular levantado para registrar la llegada. Cuando Santino consiguió levantarse y finalmente se encontraron, la filmación pasó a segundo plano: se fundieron en un abrazo y las lágrimas empezaron a caer. Habían vuelto a hacerlo. Santino y su papá, Mauro Sebastiani, llegaron desde Buenos Aires para correr juntos el Trasmontañita. No era una aventura improvisada ni tampoco la primera: fue su tercera participación. Pese a conocer el desafío, esta vez encontraron una carrera diferente.
“El frío y el terreno muy húmedo hicieron que fuera una carrera muy, pero muy dura. Más que el año pasado”, explicó Mauro. Santino coincidió. “Estaba muy resbaladizo el piso. Fue muy dura y había muchísimo barro”, agregó.
Pero para entender por qué vuelven cada año a Tucumán hay que alejarse por un momento de los senderos. Mauro comenzó a competir cuando tenía apenas 15 años. Hoy lleva 29 arriba de una bicicleta. En algún momento de ese largo recorrido, casi naturalmente, la pasión pasó de una generación a la siguiente.
“Se lo pude transmitir desde muy chiquito. Él ya lleva cuatro o cinco años andando y hace tres que corremos juntos. Es el mejor regalo del mundo”, aseguró.
Ni siquiera necesitó convencerlo. Según cuenta, ocurrió prácticamente al revés. “Él me motiva más de lo que yo lo motivo a él”, reconoció. Para Santino, la bicicleta también se convirtió en parte de su vida cotidiana. “Me gusta desde chiquito. Me divierte y ando con amigos”, contó.
El Trasmontañita, sin embargo, ocupa un lugar diferente. La aventura empieza mucho antes de llegar a Tucumán. Apenas termina una edición, los Sebastiani comienzan a proyectar la siguiente. Compran los pasajes con anticipación, reservan el mismo alojamiento y entrenan durante todo el año, incluso durante los meses más fríos del invierno bonaerense.
“Terminar es todo un orgullo porque entrenás durante todo el año. Cuando además quedás en un buen puesto, te sentís bien”, explicó Santino.
Mauro pudo hablar del barro, del entrenamiento y de sus casi tres décadas dentro del mountain bike. Pero hubo una pregunta que lo desarmó. ¿Qué significa compartir todo esto con tu hijo? Se quedó unos segundos sin responder. “Me querés hacer llorar. No te voy a responder”, dijo mientras la emoción empezaba a ganarle. Después cedió. “Es una emoción terrible. La verdad que es muy lindo”, indicó con la voz quebrada.
Santino lo escuchaba a su lado. Su respuesta fue mucho más corta. “Es hermoso compartir un momento con mi papá”, señaló. Quizás tampoco hacía falta agregar demasiado. Unos minutos antes, cubiertos de barro, los dos habían cruzado juntos otra meta.












