Los cuentacuentos toman la palabra: “No es moda,
es necesidad”

La mexicana Glenda Jasso reivindica su trabajo, que la trajo a Tucumán hace pocos días, convocada para el encuentro Congresales de la Palabra.

La mexicana Glenda Jasso.
La mexicana Glenda Jasso.
Hace 1 Hs

“La narración oral escénica en Tabasco, mi pueblo, como en todos los pueblos indígenas de mi país, es resistente y viva. Está en los pueblos, en las comunidades, en la periferia, en las escuelas, pero lejos de los grandes teatros. Somos pocos los que nos dedicamos de tiempo completo a ella, pero somos necios y perseverantes. No ha muerto porque no es moda, es necesidad”.

De esa forma, la mexicana Glenda Jasso reivindica su trabajo como cuentacuento, que la trajo a Tucumán hace pocos días, convocada para el encuentro Congresales de la Palabra. “Mi estilo es yokotán, y se vincula con la transmisión de saberes de los pueblos originarios. Yo cuento recuerdos, realidades que no se saben. Antes de que hubiera libros, había palabras. La abuela no decía ‘había una vez’, decía ‘así nos contaron’, ‘así sucedió’, y esto lo tenemos que transmitir de generación en generación”, precisa. “Yo llevo la milpa, el agua, la lengua materna al escenario. Llevo el at, el ja, el náhuatl. No es un folclore, es un sistema de conocimiento ancestral”, insiste.

En Tucumán, el Ente Cultural mantiene el respaldo institucional a esta práctica, pero Jasso aclara que en su Estado “hay aplausos, pero poco presupuesto; nos invitan para la foto del Día de la Lengua Materna o el Día del Libro, pero no hay programas oficiales permanentes, ni un pago digno, ni una formación académica, así que el cuentero de Tabasco sobrevive por amor y por autogestión, no por política”.

Sus relatos circulan por “la palabra de mis abuelas chocot; la poesía de la tierra que yo escribo; y las historias que me prestan los niños adonde voy”. “Cuento el origen del cacao, del maíz, del hombre de barro, de la muñeca de trapo y que el río no está triste ahora. El futuro lo veo en la mirada de los niños, en los rostros de los que me escuchan, en el brillo de sus ojos. El futuro no es digital, es ancestral. Volveremos a contar porque el mundo está harto de tanto ruido y necesita una voz que lo arrulle; eso es la narración ancestral, las lenguas, el origen, la identidad. Urge que unamos fuertemente nuestro corazón con la alegría de la fiesta del encuentro”, sostiene.

En base a esas ideas, define al género como “el arte de volver humano al humano; no es teatro, no es lectura: es curar con la palabra, con lo aprendido en el universo, con observar, con asombrarte cada día, y a la sociedad le aporta memoria para que no olvide su lengua ni su historia, y para que no venda su agua ni su riqueza natural”. Por ello, “contar es un acto político y de amor”.

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