No hubo error alguno cuando en LA GACETA Play se lo presentó como “el primer cordobés nacido en el Caribe”. Es que Jean Carlos (de nombre real Carlos Vidal Sánchez) es de República Dominicana, aunque se reivindique como un argentino más. El cantante, bailarín y compositor se radicó a principios de la década del 90 en el país y debutó como solista en 1996, luego de su paso por Tru-la-lá, ya como referente de un estilo del cuarteto fusionado con elementos del merengue, que bautizó “merenteto”.
“30 aniversario” es el previsible título de la gira celebratoria que realiza por el país, y que esta noche lo traerá a las 21 al teatro Mercedes Sosa (San Martín 479). En la entrevista con Guillermo Monti, hizo un inevitable balance de su carrera. “Cuando miro para atrás veo mucho afecto, apoyo, trabajo, responsabilidad y disciplina. Siempre digo que tuve que ser muy disciplinado para llegar hasta hoy. A muchos artistas se les permiten ciertas cosas; en mi caso, desde el primer momento tuve que cuidarme. Al principio recibí muchas críticas: que no bailaba, que la canción no era así o que no era de acá. Con el tiempo la gente entendió que yo solo quería hacer lo mejor. Si me tengo que definir, soy un trabajador. Todo me costó; nada fue de la noche a la mañana”, resalta.
Su llegada a Córdoba fue el relanzamiento de sus inicios artísticos en suelo natal, donde comenzó a cantar a los 13 años, en 1984, en una banda juvenil inspirada en Menudo. Luego integró La Dominican Band y acompañó a Elvis Montilla en el grupo Leña. Al arribar a la Argentina se suma a la propuesta de El Negro Videla; después conforma el grupo Rataplán y secunda a Sebastián, hasta llegar a Tru-la-lá. Hoy es un recorrido que se cuenta como historia sabida, pero no fue fácil. “Pasaron cinco años hasta conseguir mi primer trabajo para poder pagar un alquiler. Primero estuvo el desarraigo. Soy dominicano y fue muy duro. Mi talón de Aquiles sigue siendo no poder despedir a un familiar cuando fallece. No lo pude hacer con mi padre y eso es algo que vive cualquier extranjero que decide irse a otro país. Yo elegí el amor: me enamoré de la Argentina. Ese sacrificio fue dejar a mi familia y parte de mis raíces”, reconoce.
La relación con el público
“El secreto de estos 30 años es mantener el respeto por el público. Siempre lo cuidamos. Todo lo que estamos viviendo hoy también se debe a ese cuidado y al cariño que la gente nos devuelve, porque el público recibe lo que uno le da. No se puede esperar recibir algo que nunca entregó. Al final, es el tiempo el que demuestra si realmente diste todo”, afrima.
La fusión del cuarteto con ritmos caribeños fue su principal aporte a la renovación del género. “Cuando me lancé como solista, me dije que no podía salir con lo mismo. Tenía que ofrecer algo diferente. Pensé que faltaba un valor agregado: la percusión caribeña, la güira, la tambora, las coreografías. Si gustaba, gustaba; y si no, no”, se arriesgó entonces.
“En ese momento fui muy criticado, sobre todo por el ambiente empresarial. Decían que eso no iba a funcionar. El público, en cambio, me aceptó desde la primera canción. Después muchas bandas comenzaron a incorporar tamboras, güiras y coreografías. Se contagió ese estilo y quedó instalado”, recuerda.
Su trayectoria coincidió con la transición de la industria discográfica desde su trabajo como productor independiente: convivió con el final del casete, el surgimiento y final del CD y ahora el universo digital, “que nos permitió llegar mucho más rápido al público: antes había que recorrer pueblo por pueblo y radio por radio llevando los discos; hoy los artistas emergentes tienen muchas más herramientas para hacerse conocer. El negocio de la música es mucho más amplio de lo que conocíamos cuando dependíamos de los sellos”.
“Mi consejo a los jóvenes es que no entren en la desesperación de sacar una canción cada 15 días. Es un peligro porque el público termina confundido. Trabajen una canción cada 40 días, háganla bien. La gente tiene que cantarla en un café, en un bar, en un hotel o en su casa. Es preferible lanzar menos canciones y que realmente queden en la memoria del público”, recomienda.
Sobre actuar en el Mercedes Sosa, reconoce que “es un nombre tremendo, (La Negra) fue una artista a la que siempre admiré. Se fue físicamente, pero sigue viva en nuestros corazones”. Y promete que esta noche repasará todos sus grandes clásicos, en la misma cantidad de álbumes que años como solista, “así que material no falta, no dependemos de un solo éxito”. “Es una puesta muy linda, con bailarines, varios cambios de vestuario y 17 personas en escena. El show dura dos horas para poder hacerlo como corresponde”, se despide.





