El pueblo que en el Mundial 78 viajaba en camión para ver a la Selección y hoy tiene una cancha propia

En esta localidad de Burruyacu, los recuerdos de los primeros Mundiales conviven con una cancha creada por vecinos y bautizada "El Morumbí", donde cada tarde la pelota reúne a nuevas generaciones de hinchas.

Chicos y chicas de Pampa Pozo se reúnen en “El Morumbí”, la cancha de fútbol 5 que se convirtió en el nuevo punto de encuentro del pueblo durante el Mundial.
Chicos y chicas de Pampa Pozo se reúnen en “El Morumbí”, la cancha de fútbol 5 que se convirtió en el nuevo punto de encuentro del pueblo durante el Mundial. LA GACETA / MATÍAS QUINTANA

Resumen para apurados

  • Vecinos de Pampa Pozo, Tucumán, pasaron de viajar en tractor para ver el Mundial 78 a construir su propia cancha de fútbol hoy, impulsando el deporte y la unión comunitaria.
  • Ante la falta de televisores en 1978, los vecinos viajaban en tractor a localidades vecinas. Con los años, la familia Guerra lideró la construcción de la cancha "El Morumbí".
  • Este espacio deportivo consolida la identidad local, fomenta el deporte en las nuevas generaciones y mantiene intacta la tradición de vivir el fútbol de manera comunitaria.
Resumen generado con IA

Durante el Mundial de 1978, ver un partido de la Selección en Pampa Pozo era casi una expedición. No había televisores en la mayoría de las casas y la única alternativa era recorrer varios kilómetros hasta una cantina de una localidad vecina. Algunos iban en tractor, otros a caballo o en sulky. El objetivo era el mismo: encontrar un lugar frente a una pantalla para seguir a Argentina.

Cuarenta y ocho años después, la escena cambió. En este pequeño pueblo del departamento Burruyacu ya no hace falta viajar para ver un partido. Sin embargo, el Mundial sigue siendo una excusa para reunirse. Hoy el punto de encuentro es “El Morumbí”, una cancha de fútbol 5 construida con el esfuerzo de una familia. Allí, cada tarde, la pelota vuelve a reunir al pueblo.

1978: un viaje en tractor

“Mi papá siempre nos contaba que para el Mundial del 78 iban en tractor porque una sola familia tenía televisión”, recuerda David Cuello, docente y vecino de Pampa Pozo.

La historia quedó grabada en la memoria del pueblo. Aquella televisión en blanco y negro reunía a familias enteras. Los nervios, los goles y los festejos se compartían sin importar de quién fuera la casa.

1986: punto de encuentro

Con el paso de los años aparecieron más televisores, pero las reuniones no desaparecieron. David todavía guarda otro recuerdo imborrable, esta vez del Mundial de México 1986.

“En esa época ya había televisión en mi casa. Venían los vecinos, los amigos y los familiares. Mirábamos todos juntos los partidos de Maradona”, cuenta.

La Selección seguía siendo el motivo del encuentro. Cambiaba el escenario, pero no la costumbre de vivir el fútbol acompañado.

Daniel Armando Guerra, el vecino que construyó la cancha para sus hijas. Daniel Armando Guerra, el vecino que construyó la cancha para sus hijas. LA GACETA / MATÍAS QUINTANA

2026: “El Morumbí”

Hoy el escenario es otro. A pocos metros de las viviendas del pueblo funciona una cancha de fútbol 5 construida con el esfuerzo de los propios vecinos. La bautizaron “El Morumbí”, en homenaje a uno de los estadios más emblemáticos de Sudamérica.

Todas las tardes se llena de chicos y chicas. “Antes había muy pocas opciones para hacer deporte. Ahora se juntan acá todos los días”, cuenta Daniel Armando Guerra, el vecino que construyó la cancha para sus hijas.

Una de ellas, Claudia, acompaña ese crecimiento desde otro lugar. Organiza actividades, colabora con los entrenamientos y celebra que cada vez más chicos elijan pasar la tarde detrás de una pelota. “Cada tarde vienen unos 15 chicos de distintas edades”, cuenta. Los ejercicios nacen de la creatividad: las botellas de plástico reemplazan a los conos y marcan el recorrido para practicar gambetas y cambios de dirección.

Algunos llegan en bicicleta desde parajes cercanos. Otros aparecen apenas terminan las clases. Las familias se sientan al costado de la cancha mientras esperan que empiece un nuevo partido. El lugar se convirtió en un punto de encuentro para todo el pueblo.

Cuando juega la Selección, las conversaciones vuelven a girar alrededor del Mundial. Se habla de Messi, de los rivales y de las posibilidades de levantar otra Copa. Después del partido, muchos terminan en “El Morumbí”, donde las jugadas que vieron por televisión pasan rápidamente a la cancha.

David sonríe cuando compara aquellas historias que escuchó de su padre con el presente. El pueblo cambió. Llegaron la electricidad, internet y los celulares. Ya nadie necesita subirse a un tractor para encontrar un televisor. Hay algo, sin embargo, que sigue igual: la costumbre de vivir el Mundial en comunidad.

Hace casi medio siglo, el punto de encuentro era una cantina con una sola pantalla. Hoy es una cancha donde la pelota sigue rodando mucho después del pitazo final. Porque cambió la tecnología, cambiaron los escenarios y cambiaron las formas de ver el fútbol. Lo que permanece intacto es la necesidad de compartirlo.   

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