Historias de resiliencia y compromiso: los “Messis silenciosos” de Tucumán

Seis protagonistas compartieron experiencias de esfuerzo, solidaridad y superación, mostrando cómo enfrentan desafíos sociales, ambientales y personales para generar cambios

EN EL PISO. Federico van Mameren entrevista a los seis invitados, tucumanos que se ponen la “10” cuando ven que las cosas no funcionan.
EN EL PISO. Federico van Mameren entrevista a los seis invitados, tucumanos que se ponen la “10” cuando ven que las cosas no funcionan. La Gaceta / Fotos de Diego Aráoz

En Panorama Tucumano, seis historias pusieron rostro a los “Messis silenciosos” de la provincia: tucumanos que, ante el dolor, la desigualdad, la falta de oportunidades o los desafíos ambientales, decidieron pedir la pelota. Fuera del Mundial, si hiciéramos una analogía con la provincia, Tucumán muchas veces da la impresión de ser un equipo en problemas. Y en medio de eso ¿quién nos sostiene? ¿Quién se carga esta sociedad al hombro? Romina Roda habló de las adicciones como una causa nacida del dolor familiar. “El dolor es un gran maestro y muchas veces puede ser lo que nos mueve”, dijo. Santiago Villavicencio Fornaciari destacó el trabajo colectivo detrás de la donación de órganos. “Todos perdemos algún partido. El tema es cómo seguir jugando el próximo”, afirmó. También fueron parte de la entrevista efectuada en el programa de LG Play Javier Fucho, Agustina Cosentini, Benjamín Cortés y Amira Uezen Garzón, quienes contaron sus historias, y pusieron de manifiesto cómo hacen, día a día para seguir adelante con sus tareas.

1- Pedalear oportunidades

Javier Fucho se ocupa de la recuperación de bicicletas en trabajo conjunto con adolescentes. En el marco del proyecto Centro de Actividades Saludables y Significativas (CeDASyS) de Tafí Viejo, nació Bici Box, un taller que funciona como herramienta de inclusión y motivación para jóvenes. Allí, los estudiantes recuperan y acondicionan bicicletas en desuso, con una propuesta que une aprendizaje, cuidado ambiental y acceso a un transporte sustentable.

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“En un principio, fue por una conmoción muy profunda. Me tocó trabajar durante más de 20 años en barrios vulnerables”, expresó Fucho. Durante ese camino, conoció de cerca a niños y jóvenes atravesados por distintas problemáticas sociales. “El hogar alberga a niños en situación de orfandad, niños que han pasado situaciones adversas”, relató. Esa experiencia lo llevó a crear CeDASyS. “Me movilizó tanto que me surgió este proyecto enfocado en generar propuestas atractivas para niños y jóvenes desesperanzados e invisibilizados”, afirmó.

Fucho contó que, a partir de centros deportivos, fundaciones, profesores y colegas, los chicos pudieron acceder a experiencias nuevas. “Logramos que vuelen en parapente”, señaló. Para él, el valor del proyecto aparece en pequeños cambios. “A mí lo que me reconforta es que ese chico puede salir de ese contexto de tristeza y angustia”, expresó. “Creo que hay que abordar las necesidades socioemocionales, porque a través de ellas uno conoce más al niño”, dijo y remarcó el valor de la perseverancia: “A través de una convicción profunda he tenido logros importantes con mis alumnos”, señaló.

Su golazo, dijo, fue concreto: “El logro fue conseguir que chicos que comían de la basura o pasaban situaciones de violencia, pudieran conocer el mar, volar, competir de igual a igual con otros y desarrollar sus capacidades”.

2- Escuchar a los chicos

Agustina Cosentini es magíster en Acoso Escolar y especialista en convivencia escolar. Integra el Equipo Antibullying Argentina, en el que se desempeña como capacitadora y referente en prevención, detección y abordaje del bullying. Su trabajo está atravesado por una preocupación central: que la escuela no sea otro lugar de dolor para los chicos.

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“Creo que es importante reivindicar a los docentes. Cuando nos ponemos la camiseta, nos la ponemos bien”, expresó Cosentini.

La especialista contó que su motivación nace del contacto cotidiano con el dolor de niños y adolescentes. “A mí la pelota me llega al ver el dolor cotidiano de los chicos, los diferentes tipos de violencia, y al preguntarme de qué manera podemos ayudar para que los chicos estén bien adentro de la escuela”, afirmó.

Para Cosentini, el vínculo entre la escuela y las familias debe sanar. “Hay que pensar que los docentes y las familias tenemos el mismo interés: el niño o el adolescente que está en el medio. Todo lo que hacemos es por el bienestar de esos chicos”, sostuvo.

La magister recordó que la pandemia le permitió reconocer el valor del vínculo con sus alumnos. “A mí me pasó que durante la pandemia me tocó estar lejos de mis alumnos y me di cuenta de que lo que a mí me motiva es el vínculo con ellos”, expresó. Ese regreso a las aulas fue un punto de inflexión. “Volver fue un despertar. Fue decir: los chicos necesitan ser escuchados y acompañados”, afirmó.

La mujer advirtió que las problemáticas adolescentes no deben minimizarse. “Hay que darles lugar, voz, escucha y la compañía que necesitan”, señaló.

Su golazo está en la construcción colectiva. “Estoy orgullosa de formar parte de equipos que generan conciencia y brindar herramientas a docentes y a padres para que los chicos estén bien”, concluyó.

3- “El dolor nos mueve”

Romina Roda se dedica a recuperar personas marcadas por las adicciones. Desde que acompañó a un ser querido en su lucha, comprendió que quería dedicar su vida a asistir a quienes atraviesan esa realidad. Su referente en este voluntariado fue el padre José Melitón Chávez.

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“Mi despertar fue una pelota, un pelotazo que atravesó a mi familia desde una situación de dolor. Ese dolor nos motivó a ponernos la camiseta y a jugar el juego que nos tocaba. No era el más lindo, pero era el que había”, expresó Roda. La voluntaria recordó que, hace dos décadas, hablar de adicciones o de salud mental era difícil. “Hace 20 años, hablar de adicciones o de salud mental daba vergüenza. Era doloroso. Pero esa camiseta ya no era solamente mía ni de los míos, sino la de un montón de otros humanos que atravesaban lo mismo en silencio, en soledad y en la oscuridad”, afirmó.

Roda comparó sus momentos más duros con la imagen de Messi derrotado en una cancha. “Lo veo a Messi derrotado y es la sensación que yo tuve muchas veces porque he tenido muchas pérdidas y me motiva la esperanza. En seis meses perdimos ocho chicos por distintos motivos de consumo y nos tuvimos que poner la camiseta todos los días y salir adelante igual”, relató.

Luego resumió el sentido de esa tarea con una frase: “El dolor es un gran maestro y muchas veces puede ser lo que nos mueve”, sostuvo.

“Cumplimos 10 años con el hogar y sostener esto a pulmón para nosotros es lo que nos motiva a seguir andando a los 42 voluntarios. Esto nos impulsó a asociarnos en una red más grande de voluntarios en Yerba Buena con grupos aislados para hacer puentes en esta labor. Eso fue un golazo”, concluyó.

4- Una camiseta ambiental

Amira Uezen Garzón es ingeniera ambiental egresada de la Universidad Santo Tomás de Aquino. Integró la primera camada de profesionales de esta especialidad en Tucumán y del NOA. Forma parte del grupo de las primeras seis ingenieras ambientales graduadas en la región, una disciplina orientada a enfrentar desafíos como las inundaciones, la contaminación y los efectos del cambio climático.

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Desde que era una estudiante de secundaria, su interés por el ambiente se transformó en una vocación. “Me la puse por primera vez en cuarto año del colegio, en una clase de Geografía. Estábamos viendo problemáticas ambientales y conocí lo que era la isla de plástico. No me lo olvidé más. Sentí que se encendió una velita de curiosidad y de ganas de encontrar soluciones a todo lo que el mundo, en ese momento y todavía hoy, muchas veces prefiere no ver”, afirmó.

Cuando le tocó ingresar a la facultad, después de la pandemia, sintió que empezaba un gran partido. “Entramos con incertidumbre, porque no teníamos alumnos de años superiores o referencias. No teníamos nada, fue nuevo”, relató. Con el paso del tiempo, esa incertidumbre se convirtió en compromiso. “Somos seis mujeres las que nos recibimos y, a lo largo de la carrera, cada vez nos pusimos más la camiseta. Dijimos: ‘Estamos acá, queremos apostar por esto’”, señaló.

El enojo ante la falta de información también marcó su camino. “Me enojó y me motivó decir: esto está pasando en el mundo, nadie lo muestra y nadie hace nada”, recordó. En los momentos difíciles, su objetivo fue una guía. “Tengo 23 años, mi vida es corta y admiro a las personas mayores y su experiencia. Mi objetivo era ser ingeniera y esa fue mi luz en el camino”, dijo. “Ser la primera ingeniera ambiental de la provincia fue un gol al ángulo”, concluyó.

5- “Hay que seguir jugando”

Santiago Villavicencio Fornaciari es médico cirujano y jefe del Departamento de Procuración y Trasplante del hospital Padilla. Desde hace más de una década lidera uno de los equipos de donación y trasplante más destacados del país. Su camino comenzó con una decisión: volver a Tucumán para aportar alta complejidad al sistema público de salud.

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El médico se especializó en Buenos Aires en trasplante y decidió regresar a la provincia. “La idea era poder aportar al sistema público de salud porque hay una necesidad muy grande de gente que requiere un trasplante”, afirmó.

Al llegar, el desafío cambió. Ya no se trataba sólo de implantar órganos, sino de coordinar un equipo dedicado a la procuración.

Villavicencio Fornaciari destacó que los avances fueron posibles por el compromiso colectivo. “Tucumán despertó y se convirtió en líder a nivel nacional, hasta el punto de que el año pasado fue el número uno”, sostuvo.

“Todos perdemos algún partido. El tema es cómo seguir jugando el próximo. Hay que saber gestionar esa frustración”, expresó. En ese proceso, recordó un consejo de su mentor, al que acudió cuando pensó en renunciar por no conseguir los cambios que esperaba. “Hay olas que te van a llevar a la orilla, disfrutalas. Y hay olas que te van a alejar, no gastes energía en esas, flotá”, citó.

Su golazo fue formar un equipo con futuro. “Mi logro fue conseguir que un equipo se contamine de mi forma de trabajar y tengan compromiso por una idea. Estoy seguro que cuando yo no esté, ellos van a continuar”, concluyó.

6- “Generar la diferencia”

Benjamín Cortés dejó Canadá para volver a emprender en su provincia. Licenciado en Informática (UNT), en 2023 quedó seleccionado para trabajar en Microsoft en Canadá. Vivió allí durante dos años, en una empresa que él definió como el trabajo de sus sueños. Sin embargo, decidió regresar.

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“Al volver al país encontré que tenemos mucho talento en Tucumán, la tecnología acompaña y permite que la gente se desarrolle y ejecute sus ideas”, expresó Cortés. El joven recordó que trabajar en Microsoft parecía una meta cumplida. “Trabajaba en Microsoft, pero la decisión de dejar esa vida soñada vino porque sentía que mi vida estaba solucionada. La carrera profesional estaba completa, cada año iba a ser igual, con un crecimiento de a poquito”, afirmó. Pero comenzó a preguntarse por qué el impacto debía venir siempre de afuera. “¿Por qué no podemos generar nosotros la diferencia? ¿Por qué no desde Argentina y Tucumán?”, planteó. Esa pregunta lo llevó a tomar una decisión. “Ahí fue cuando dije: esto da para mucho más que simplemente trabajar en una empresa”, expresó.

También recordó una etapa difícil. “Hubo una época en la que ya no quería seguir jugando y esperaba un caso excepcional que no pasaba”, dijo. En ese momento, se aferró a la programación y encontró referentes en chicos que participaron de mundiales de programación. Su golazo está en el legado. “Actualmente, hay muchos estudiantes que continúan con el grupo de estudio que se inició cuando iba a la facultad. Ellos continúan con ese legado. Comparte conocimientos e implantan la semilla de sueños”, concluyó.

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