El Gobierno debe responder con obras y resultados, no con descalificaciones

Por Raúl Natella- Ingeniero Civil

TENDENCIA. El mal estado de las rutas en Tucumán es objeto de debate permanente.
TENDENCIA. El mal estado de las rutas en Tucumán es objeto de debate permanente. ARCHIVO
Hace 6 Hs

Mi artículo publicado en LA GACETA (“Tucumán: entre un Estado ausente y un Estado ineficaz”, 20/06) no estuvo dirigido contra ninguna persona en particular ni tuvo por objeto cuestionar a funcionario alguno. Fue una reflexión tangible sobre una realidad que observo, como tanta gente a diario: la falta de obras estructurales capaces de transformar la provincia, la ausencia de una planificación de largo plazo y la necesidad de contar con equipos de gobierno integrados por profesionales idóneos y específicamente preparados para las responsabilidades que le son confiadas.

No mencioné ni cuestioné nombres propios. Mi planteo fue institucional y se centró en una convicción que considero fundamental: ninguna provincia puede aspirar al desarrollo sostenido si no existen planes directores, continuidad en las políticas públicas y funcionarios seleccionados por su capacidad técnica, experiencia y conocimiento cabal de las áreas que administran.

Por ello, llama la atención que la respuesta oficial (“La eficacia del Estado”, del ministro Marcelo Nazur, 23/06) no se concentrara en debatir estos conceptos ni en rebatirlos desde el punto de vista técnico. Los tucumanos no esperan peleas personales ni cruces de declaraciones sino conocer cuál es la planificación estratégica de la provincia para las próximas décadas; cuáles son las obras que permitirán modificar su estructura productiva y cuáles son las políticas destinadas a generar crecimiento, empleo genuino atraer inversiones y mejorar la calidad de vida de la población.

Si mis afirmaciones fueran incorrectas, bastaría con demostrar, mediante hechos concretos y resultados verificables, que el Gobierno cuenta hoy con un programa integral de desarrollo de largo plazo, acompañado con proyectos de infraestructura capaces de cambiar sustancialmente su realidad económica y social. Ese es el verdadero debate que interesa a la sociedad y no las discusiones personales que nada aportan a la solución de los problemas de fondo.

Las observaciones que hice referencia en mi nota no son una opinión aislada. Forman parte de una realidad visible: obras largamente postergadas, infraestructura insuficiente, dificultades de conectividad y una provincia que continúa enfrentando desafíos estructurales que requieren soluciones de fondo y no únicamente excesivas propagandas y anuncios coyunturales.

Como integrante del gabinete provincial, el ministro no es una voz solitaria ni autónoma sino que expresa una posición institucional de gobierno. Por eso hubiera sido enriquecedor que la respuesta profundizara en los temas planteados y aportara una visión concreta sobre cómo se proyecta el desarrollo provincial para los próximos años.

Hechos verificables

En una democracia madura, las ideas se contestan con ideas, los diagnósticos con datos y los cuestionamientos con hechos verificables. Lo esperable frente a una opinión crítica no es el enojo personal descalificador e injustificado ni la reacción dirigida hacia quien la formula, sino la refutación fundada de los argumentos expuestos, porque cuando el debate se aparta de las cuestiones de fondo, la sociedad pierde una valiosa oportunidad para discutir los problemas que realmente afectan su futuro.

Las observaciones que formule pueden ser compartidas o discutidas, pero merecen ser respondidas con argumentos, información y resultados concretos. Ese es el camino que fortalece las instituciones y enriquece el debate público. Todo lo demás solo contribuye a distraer la atención de los desafíos que se tiene por delante.

Por esa razón, mantengo plenamente los conceptos expresados en mi artículo original. La provincia necesita debatir menos sobre personas y más sobre proyectos. Necesita menos explicaciones y más transformaciones. Necesita menos reacciones y más planificación. Y necesita, sobre todo, una visión estratégica capaz de impulsar las obras y las políticas que permitan superar definitivamente décadas de atraso y postergación.

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